La cláusula del miedo… a denunciar a los equipos ricos

En el último encuentro de Liga que se disputó en La Rosaleda se produjo la circunstancia de que Diego Llorente, que venía siendo titular en el centro de la zaga malaguista, no pudo jugar contra el Real Madrid, debido a una cláusula existente en su contrato que lo impedía.

Perdía así el Málaga a un jugador al que se privaba de su derecho constitucional al trabajo. ¿Realmente es esto legal, por más que lo hayan suscrito ambas partes?

Muchas veces, al analizar situaciones me gusta elevarlas al absurdo (aunque quizás no sea este el término más adecuado). Me pongo a pensar: ¿Y si en vez de un cedido fueran dos, tres, o catorce los jugadores prestados por un equipo a otro? ¿Tendría que jugar este último conjunto con los juveniles?

Lo cierto es que, tras leer y releer el Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores publicado por el Comité ejecutivo de la FIFA, la Circular 1.171/2008 de la FIFA sobre requisitos mínimos para contratos estándar de jugadores en el fútbol profesional y el Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales, no encuentro ningún artículo que indique que exista un límite al número de jugadores que pueden ser cedidos de un equipo a otro.

Por tanto, y ya que el duopolio manda con mano de hierro en la Liga española, les propongo a los dos únicos clubs que merecen reinar en nuestra Liga, que fichen cada uno a unos doscientos jugadores y que los repartan graciosamente entre los otros 18, incluyendo, eso sí, esa cláusula “cagona” que les impedirá medirse a su club de origen. Aunque, a fuerza de ser sinceros, hay que decir que, de  momento, el Barcelona no aplica esa cláusula.

La Liga se decidiría en sus amados “clásicos”, ya que el resto de encuentros los disputarían prácticamente frente a los filiales de nuestros equipos.

Otras veces, los clubes ricos, que tanto presumen de valores, son aún más ruines, la cláusula del miedo no impide que sus jugadores jueguen, se limita a imponer, en el caso de que lo hagan, una “indemnización” que siempre resulta prohibitiva para los equipos humildes. Aunque la FIFA en su Circular 1464, de 22 de Diciembre de 2014 declara ilegales estas indemnizaciones, el club al que ha sido cedido el jugador rara vez va a enemistarse con el rico negándose a pagar, o alineando al jugador, aunque le asista la Ley.

Por otro lado, se me plantea la duda de la constitucionalidad de una cláusula que impide que un profesional desempeñe su trabajo. Supongamos que esa cláusula no solo impidiera jugar al futbolista frente a su equipo de procedencia, sino que le impidiera hacerlo contra todos los equipos menos uno.  ¿No atentaría esto contra el derecho a trabajar de cualquier ciudadano?

La UEFA no permite ese tipo de cláusulas en sus competiciones

La UEFA, por su parte, tampoco es partidaria de estas cláusulas, y por ejemplo, anuló la cláusula estipulada en el contrato de cesión de Courtois del Chelsea al Atlético, que exigía el pago de tres millones de euros para poder jugar contra el equipo inglés, considerándola “nula, inválida e inaplicable”.

Pues bien, ya sabemos que estas cláusulas son ilegales, pero a pesar de ello, y en esta Liga con tantas diferencias económicas, el temor a las posibles represalias provoca que los clubes se queden de brazos cruzados y acepten estas imposiciones como algo normal. Si protestaran, lo más seguro es que dejaran de recibir esos jugadores cedidos tan necesarios para sus plantillas. Los futbolistas tampoco alzan la voz, para evitar conflictos. Lo cierto es que FIFA y UEFA deberían entrar de oficio en esta cuestión, pero sabiendo quién mueve los hilos en las altas esferas directivas del deporte, no vamos a ser tan inocentes para pensar que lo harán.

Las ilegalidades están ahí. FIFA y UEFA las conocen. Benefician a los más ricos. Nadie hace nada. Bienvenidos al fútbol moderno.

 

Carlos Manuel Jiménez

Trabajando en la Universidad de Málaga. Subdirector del desaparecido Diario de Málaga. Socio del Málaga en 3ª y en Champions.

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