Hinchas: llama, pasión, sentimiento y amos del fútbol

Foto vía Deportes StarMedia

«No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie». Con esta frase del gran Eduardo Galeano, puedo dar comienzo a un artículo que como ya habréis dilucidado, hablará de hinchadas, de hinchas y que sin ellos el fútbol carece de sentido. No hay fútbol sin hinchas porque son el latido del equipo, el rugido de apoyo, llevan al equipo en volandas, apoyan hasta el final y en los momentos más bajos aparecen para rescatar al equipo, recuperarlo, darle un último aliento e incluso como tendencia en los últimos años, hacerlo resurgir de sus cenizas.

En los últimos tiempos asistimos atónitos a un degradamiento de la calidad del trato a las hinchadas. La Liga Española, con Tebas a la cabeza tiene mucho que dejarse enseñar por otros modelos, pero el presidente está empeñado en imponer sus propios criterios y controlar todos los aspectos relacionados con el fútbol español, incluyendo a las aficiones, que sin embargo, ya han demostrado que están por encima del resto porque son la llama viva de cada equipo de fútbol.

El modelo español, además de estar obsoleto, ha dejado claro que no es efectivo. Es surrealista que en pleno año 2016, sigamos sin conocer a principio de temporada los horarios de cada una de las jornadas que componen la competición . Aquí, prefieren informar con un par de semanas de antelación y se les da fantásticamente bien cambiar horarios y fechas de partidos posteriormente.

No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie

Esto supone un perjuicio para los aficionados. No pueden planear sus desplazamientos con anterioridad, privándoles de buenas ofertas hoteleras y de transporte, gran ahorro para el bolsillo en los tiempos que corren. Además, si planean sus desplazamientos al conocer los horarios de la jornada, corren el riesgo de verse agraviados por los cambios que llegan desde la LFP, pagando un cargo por cambios de fechas o teniendo que anularlo por motivos de trabajo. En resumidas cuentas, la liga no permite a los hinchas planear su temporada, teniendo que dejar todo para el último momento, lo que incrementa notoriamente los gastos.

No ayudan para nada los horarios. Jugar un lunes por la noche provoca estadios vacíos. Para jugar entre semana, ya hay otras competiciones, la doméstica debe ser exclusiva para encuentros en fin de semana. Los lunes son días laborables, de colegio y al día siguiente toca madrugar, lo que ha dejado pobres entradas en los campos españoles, otra asignatura pendiente para Tebas. Y no solo los lunes, partidos a altas horas de la noche los domingos, encuentros adelantados al viernes, horarios matinales adaptados al mercado chino, pero que a los españoles no nos interesan por ser horarios familiares.

Luego llega el precio de las entradas, desorbitado en la gran mayoría de casos y en comparación con otras ligas. Mientras se piensa en otros mercados, se descuida el nuestro, importa más vender derechos al extranjero que mejorar el aforo a los terrenos de juego y hacer rentables los precios a los aficionados. Ya sabemos que el fútbol es un negocio, monopolizado por las dos empresas duopolistas en el caso de nuestro modelo.

No ayuda tampoco la criminalización de las aficiones. Hay grupos radicales y violentos, facciones que deben desaparecer del fútbol. No seré yo el que no ataque los actos violentos que deben desaparecer del fútbol español, pero es algo que viene de lejos y que arranca en las etapas de iniciación y en los primeros pasos en el fútbol. Solo hay que pasarse por un campo de alevines y escuchar a los padres. Ahí con la violencia verbal, se incita todo lo demás. Y no solo ahí, posteriormente también tenemos un proceso social, con muchos engranajes que tocar.

Esta persecución a aficionados, prohibiciones de cánticos, de bufandas o banderas con nombres de peñas, no es más que otro método de control que Tebas desea imponer en el fútbol español. La pregunta surge en esto momento y es ¿hasta dónde vamos a llegar?

La respuesta es clara, esto se prolongará hasta el día que los aficionados nos plantemos, provocando que muchos clubes hagan lo propio. Y deben hacerlo, el reparto televisivo es una milonga con la que juega la Liga. La crisis ha hecho grave mella en las arcas y las deudas han crecido. La Liga obliga a cumplir unos requisitos económicos a los equipos y ahí es donde entra en juego el reparto. Las arcas necesitan las inyecciones que hace la Liga. A determinados equipos 15, 20 o 30 millones de euros les hacen cuadrar números, quitarse deudas, pero no ven el engaño. Migajas cuando podrían ser sumas más importantes, justas y equitativas.

Los hinchas son la voz, la llama, la pasión, el sentimiento y los auténticos amos del fútbol

Aprovechan esta debilidad económica para tenerlos silenciados con sumas pequeñas en contraposición con las millonarias cifras que dan a los clubes duopolistas. Clama al cielo que el modelo inglés, con un reparto justo, es mucho mejor y aviva el espectáculo. Este es otro de los factores que favorecería la presencia de más hinchas en las ciudades. Hay que fidelizar a los niños locales, que apoyen al equipo de su ciudad y que nazca en ellos un sentimiento de apego a unos colores, así también aumentaremos la presencia en los estadios y con un reparto justo crecerá el espectáculo y no tendremos a dos equipos goleando y abusando continuamente del resto.

Las aficiones merecen un respeto, merecen un buen trato y merecen poder tener facilidades para seguir a los suyos. Lo que no es de recibo es que suceda justo lo contrario, en unos tiempos en los que deberíamos luchar por cambiar eso, de forma pacífica y a modo protesta. La violencia, desde luego, no lleva a ninguna parte. Hay que pararle los pies a Tebas y su método de control total del fútbol.

El fútbol no es de Tebas, tampoco es como leía hace unos días en una portada de un medio deportivo de los showmans que se hacen llamar periodistas. Los amos del fútbol señores míos, son los aficionados, los que pagan cada año su abono, los que no se rinden en las malas y celebran en las buenas, los que nunca fallan. Son la voz, la llama, la pasión y el sentimiento. Son el fútbol.

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