El empaque de Lucas Alcaraz

El Granada se quedó anoche a las puertas de enlazar su mejor racha en lo que va de campeonato. Después de ganar 2-0 al Villarreal, empatar (3-3) frente al Getafe, y vencer el duelo de alta rivalidad contra el Elche (1-0); a los rojiblancos horizontales les hubiese valido el empate que oteó el marcador del Calderón durante gran parte del partido para sumar cuatro jornadas consecutivas sin perder. Diego Costa rompió esa racha con un poderoso remate que supuso tres puntos para el Atlético de Madrid, pero el Granada mantuvo en casa del líder las interesantes sensaciones de las últimas fechas.

La clave está en la consistencia. Cuando Lucas Alcaraz llegó al banquillo del equipo del que es aficionado desde pequeño, todo el mundo coincidió en lo mismo: «el Granada, de una forma u otra, será competitivo». El míster granadino ha pasado por cuantiosas malas rachas, propias del dramatismo del club, que algunos sectores de la grada han empleado para señalarle. Pero una y otra vez, el técnico ha sobrevivido, gracias en gran parte a la enorme confianza que deposita en él el presidente Quique Pina. A día de hoy su Granada es 11º y con 34 puntos tiene la salvación a tiro de piedra.

En algunas de las peores fases de la temporada, el Granada pareció no tener estilo y vagar sin rumbo, como ocurrió en la goleada que le endosó el Almería. Aunque como cualquier entrenador, Lucas cree en una forma de hacer las cosas. Su equipo no destaca por el deleite con la bola, Alcaraz ha construido un Granada funcionalista e industrial, que deja el verso para quienes saben escribirlo.

Dos tridentes forman su dibujo. Por una parte el de la medular, compuesto habitualmente por Iturra, la refinería del plantel; Recio, el hombre para todo; y Fran Rico, la pieza más noble. El joven canterano Fatau siempre está dispuesto a aportar su fortaleza cuando se le necesita. Arriba, otro grupo de tres que adora el contragolpe y los espacios. En los últimos partidos, y a causa de la lesión de PitiRiki ha conquistado la banda derecha con portentosas actuaciones. El Arabi se ha desbocado y ha dejado de ser el 9 sin pólvora, con una cuenta que ya supera la decena (11 tantos) de goles. La estrella es Brahimi, un argelino que regatea a cualquier defensa. Cuando el Granada juega estático, el 10 rojiblanco siempre aporta electricidad. Si encara, el rival tiembla.

El equilibrio ha llegado al Granada en las últimas jornadas gracias a la estabilidad defensiva. Tras innumerables cambios y extravíos, como el Caso Diakhaté; el francés Coeff, del que se llegó a rumorear su salida, se ha asentado como compañero de la gran revelación en la zaga, el colombiano Murillo, un futbolista de alto nivel que ya está en la agenda de grandes clubes europeos. A las alas, Nyom y Angulo, dos bastiones intocables.

Todos estos factores han dado lugar a un Granada más estable que ha encontrado su mayor periodo de armonía en una fase clave de la temporada. Los rojiblancos tienen por delante ocho partidos para confirmar su permanencia. De ser así, la figura de Alcaraz seguirá ligada al equipo del que es también un hincha más.

Andrés Porcel

Profesional de la comunicación. Es de los optimistas que piensan que otro periodismo deportivo es posible. Su primera camiseta de fútbol fue la del Bayern. Ha visto ascender al Granada desde Tercera a Primera. La Bundesliga es su modelo.

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