La importancia de llamarse López

Tras el empate a dos del Espanyol en Jaén, David López compareció ayer en rueda de prensa para defender la actuación del equipo en el Nuevo Victoria: “Pienso que la primera parte estuvo muy bien. Tuvimos dos ocasiones muy buenas (…) si hubiésemos metido una de esas dos, quizás se hubiera visto de otra forma (…) Tenemos que continuar trabajando para que las cosas vuelvan a ser como al principio”.

López habla con la tranquilidad del que confía. No necesita levantar la voz. Su mirada, siempre sobria, revela convencimiento. Seguro que no ignora la desconfianza que genera la irregularidad de los resultados del equipo en este principio de temporada. Sin embargo, se mantiene sereno.

No olvidemos que la temporada nació embargada por las dudas que generó la apuesta que hizo la dirección deportiva por jugadores que no tenían ninguna experiencia previa en Primera División: Manu Lanzarote vino desde Sabadell, Juan Rafael Fuentes salió de Córdoba y Abraham González llegó desde Alcorcón. Un año más, el pesimismo estaba servido ante la ausencia de nombres que ilusionaran al aficionado. Sin embargo, tanto Manu Lanza como Fuentes y Abraham se han hecho con un hueco en las convocatorias de Aguirre. Los tres han terminado por vencer la desconfianza de la afición perica.

En una plantilla lastrada por las ventas de jugadores importantes que el club consiente cada principio de temporada, los López (Javi y David), los Sánchez (Víctor), los Rodríguez (Raúl) y los García (Sergio) se han echado el equipo a la espalda. Su liderazgo no se transmite sólo en el campo. Las apariciones públicas de todos y cada uno de ellos se cuentan por alegatos en defensa del proyecto de Javier Aguirre: un buen equipo no lo conforman los nombres, sino los hombres.

Quizá no sean (salvo en el caso de Sergio) jugadores demasiado conocidos pero su entrega es indiscutible. Cada uno de ellos se juega cada balón como si fuera el último de su carrera deportiva, no dudan en ir abajo cuando hace falta y no descansan que el árbitro pita el final del partido. A pesar de que la regularidad en los resultados no es la deseada, ellos siempre dan la cara por el equipo. A veces no hace falta lucir nombre brasileño o una etiqueta que deja constancia que eres el jugador más caro. A veces basta con llamarse López.

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