El legado de Michael Robinson

Es un domingo cualquiera de los años noventa en algún lugar de España. La jornada de fútbol ha avanzado y solo queda un partido por disputarse. Lo emite, como cada fin de semana, Canal Plus. En la televisión suena la música de la película Total Recall y el narrador, Carlos Martínez, saluda desde la cabina de retransmisión de un estadio. A su lado, inseparable, nunca falla ese comentarista que siempre provoca la misma pregunta de los niños: “Papá, ¿por qué habla tan raro ese señor?».

El señor que hablaba raro contó la evolución del fútbol en España desde hace dos décadas hasta el actual 2020, un año que parece haber sido diseñado por el mismísimo Stephen King. Lo hizo de forma desenfadada, sencilla, alegre y hasta humana. Sus comentarios ingeniosos, su particular acento y sus frases que mezclaban castellano e inglés eran, simple y llanamente, puro fútbol. Escucharle nos hacía subir a una máquina del tiempo y viajar a una época donde no había tantos problemas y todo era nuevo.

Los lunes eran menos lunes con El Día Después. Aquel programa estaba a medio camino entre la guinda a la jornada anterior y el aperitivo de la que estaba por llegar. Él lo conducía con su inconfundible estilo, mostrándonos aquellos detalles que se nos habían escapado durante el fin de semana. La pareja que acudió al estadio a dar rienda suelta a su amor, el abuelo pendiente de que a su nieto no le coja el frío en la grada, el entrenador desesperado en la banda porque las cosas no salen, el pique entre futbolistas que ni el árbitro es capaz de contener, el reportero que se lleva un susto en pleno directo por culpa de los aspersores, el hincha apasionado que anima pese a que todo pinta mal. Otra vez, puro fútbol.

Pasaron los años y el señor que hablaba raro se convirtió en el comentarista de múltiples generaciones de futboleros. Divertido en la crítica (en Madrid le acusaban de culé y en Barcelona de merengue, algo hizo bien) y serio en sus opiniones. Combinaba como nadie el análisis y la diversión, demostrando que se puede entretener sin ser chabacano.

Informe Robinson se convirtió en una obra maestra del deporte en España. Historias bien contadas, humanas, profundas, trabajadas… Comunicación hecha por un exfutbolista inglés que aterrizó en España sin saber castellano y buscando en el mapa una inexistente ciudad llamada Osasuna. Así empezó un idilio irrompible que se hizo todavía más férreo en 2018, cuando un día de diciembre a primera hora de la tarde dio en los micrófonos de la cadena Ser la tremenda noticia de que padecía un melanoma.

A pesar de su enfermedad siguió hasta el final. El destino quiso que el último partido con sus comentarios fuese de su Liverpool en Anfield, donde escuchó por última vez el You’ll never walk alone. Semanas más tarde se marchó, a los 61 años. Ahora sí podemos decir que nada volverá a ser igual cuando la normalidad regrese. Faltará su sonrisa, su forma de ver el fútbol y de transmitirlo, pero nunca perderemos su legado. Michael Robinson ha dejado una huella muy profunda que nadie podrá borrar.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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