Villarreal 4 – 1 Celta: El Villarreal se aprovecha del Celta

Había que ser muy forofo de alguno de los dos equipos para disfrutar de la primera de este partido. O eso, o estar muy acostumbrado a ver fútbol, ya que los dos equipos se plantaron sobre el césped como dos rocas inmóviles que se miran frente a frente, se tantean y se dan cabezazos sin el menor resultado. Cabral y Fontás se lucieron y el árbitro, Klos Gómez, no se dejó engañar por las constantes caídas de Campbell, que parecía gustar especialmente de la textura de la hierba. El Villarreal llegaba con más nitidez, pero con un peligro tan escaso como el del Celta. Era pura táctica. El que concediera la primera fisura en esa lucha de murallas lo pagaría y ahí estuvo la la falta de contundencia de Cabral, que dejó vía libre a Gio para que hiciera su primer gol del año con la facilidad de quien se come una galleta. El gol de Musacchio, a la salida de un córner llegó más o menos con la misma facilidad. El Celta tenía quince minutos de descanso para que se le pasara la indigestión.

Luego empezó todo con un ritmo mucho más vertiginoso. Ya había fisuras en las piedras y el contrario quería rematar, lo que derivó en un dominio muy claro para el Celta.

Al acabar la primera parte, e incluso mediada la segunda, se intuía que el Celta iba a perder el partido: al cabo de la primera porque a pesar de la igualdad, el Villarreal había sido capaz de marcar en momentos decisivos. Pero también mediada la segunda porque, aunque Augusto había sido capaz de envalentonar a su equipo con un gol de cabeza, los celestes no aprovecharon su ímpetu ni sus ocasiones y se fueron diluyendo ante un Villarreal serio y bien plantado. En cualquier caso, era una derrota, un 2 – 1 que aún permitía esa excusa de «bueno, nos marcaron en momentos clave» o «no aprovechamos nuestras oportunidades», vagos consuelos, pero consuelos al fin y al cabo.

Sin embargo, un gol de Vietto tras un control bestial volvió a poner distancias cuando más lo necesitaban los amarillos y Berizzo, que por fin arriesgaba con los cambios, no veía recompensada su osadía más que en juego, ya que la defensa no entendió nada y poco después Gerard culminaba su partido con la sentencia. Dos goles tras pérdidas en la salida del Celta de lo más inocentes.

La tensión del principio se resolvió con la eficacia del Villarreal, que aprovechó con contundencia las pocas concesiones que un Celta mucho más cándido cometió en defensa y ataque para asentarse con mucha comodidad en el sexto puesto y dejar al Celta en tierra de nadie, sin grandes preocupaciones ni expectativas.

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