Valladolid 3 – 0 Celta: Guerra enciende un encuentro entre funcionarios

Los dos equipos salieron a enfriar el partido más incluso que el ambiente. Los primeros minutos fueron como un encuentro entre burócratas: “Qué putada esto de currar a las diez un lunes, eh”. “Dímelo a mí, que luego tengo que pillarme un bus de vuelta a Vigo”. “Pues venga, a ver si acabamos pronto”. “Sí, y sin hacernos mucho daño”. Hasta la niebla y el silencio de la grada daban esa sensación de desamparo y apatía de un despacho de la Perestroika.

Y así fue la cosa. El Celta sodomizaba el balón. En vez de pasárselo para jugar al fútbol, jugaba al fútbol para pasárselo. Entre Fontás y Cabral desquiciaron hasta a los asientos vacíos de Pucela, mientras Aurtenetxe, a quien no se le exigían grandes alardes para ganarse la titularidad, hacía méritos para volver a ocupar una posición de lujo en el banquillo. El Valladolid seguía el pacto de no agresión con calma. Dio de nuevo la titularidad a un Rukavina que entendió mejor la situación que Peña, el único de su equipo que se atrevió a incumplir el acuerdo de paz en un córner, con un puñetazo a Charles que pudo haber supuesto su expulsión pero se quedó en la anulación del primer gol de Javi Guerra. También a Rafinha, que cabalgaba de banda a banda como a espasmos, se le ocurrió hacer un centro espectacular, que Charles remató todavía mejor para que Mariño se luciera por primera vez. El meta gallego volvería a hacerlo poco antes del descanso para detener un remate claro de Nolito.

Mariño dio la primera parte al Valladolid y Guerra, la segunda

Y ahí se jodió todo. El Valladolid dio un puñetazo sobre la mesa del despacho en que se había convertido el José Zorrilla. “¡No habíamos quedado en esto!”, le dijo al camarada vigués. “Bueno, no exageres”. Pero el despacho, por muy frío, indolente y austero que fuera, era su despacho. Se fueron a los vestuarios, donde los esperaba el samovar caliente, tomaron el té de medianoche y volvieron a la reunión. “Seguimos tranquilitos, ¿no?, que estamos aquí por cumplir”, preguntó el visitante. “Sí, ya veremos…”, eludió la pregunta el anfitrión, que se olía la traición en cualquier momento. Y para eso tenía a su cosaco particular: Javi Guerra, que estaba dispuesto a todo.

El Celta, desprevenido y encomendado a sus últimas 6 victorias en Pucela, conbiaba en que se le apareciera la virgen y vio cómo lo visitaba el diablo. Primero, avisó vestido de amarillo. Charles se iba a la calle. Ni el propio árbitro parecía creerse una expulsión por estar sin querer delante del portero. El Celta se quedaba con diez, pero aún le faltaba otra sorpresa peor. Esperaba debajo de la mesa y, cuando más reinaba la modorra previa al sueño, encontró un balón cerca del área, lo controló y lo empalmó para adentro. Cabral y Fontás no podían creérselo. Yoel tampoco. Aurtenetxe ni se enteró. “Eh, ¿qué haces?”, preguntó el visitante. El Valladolid no contestó. Guerra tenía la palabra. Guerra era la palabra. Y siete minutos más tarde volvía a disparar: Peña hizo su única buena acción del partido y Cabral echó por tierra su gran actuación al dejar rematar otra vez a Javi Guerra. Yoel, en la línea del Celta, saltó más por cumplir que por intentar pararla.

El Celta hizo amago de despertarse

El Celta dio otro golpe sobre la mesa y se puso en serio. Empezó a hacer correr más el balón y a acercarse a las intimidades del que ya era su rival. Había tenido el partido de cara pero no se había decidido a ir a por él y ahora sabía que era demasiado tarde. Más que en la remontada, parecía pensar en qué partido podría ganar si no ganaba el de anoche.

Entraron Mina y Orellana para el Celta, todavía con menos fe. Por el contrario, era la ocasión perfecta para la vuelta de un Óscar muy esperado, que a punto estuvo de marcar y dejó el detalle del partido con una asistencia con el exterior a Javi Guerra. Ahí se acabó la reunión. Los dos camaradas de la zona baja se callaron y esperaron a que se abrieran las puertas. Justo antes, en una rabieta, se dieron un par de golpes con el bolso y se tiraron del pelo, con Hugo Mallo y Manucho especialmente eufóricos. Pero poco quedaba por hacer.

El Valladolid supo aprovecharse del gusto del Celta por sufrir y así le empató a puntos en la clasificación. Quince puntos para los dos.

Ficha técnica

Valladolid: Mariño, Rukavina, Valiente, Rueda, Peña, Rubio, Rossi, Ebert, Larsson (Bergdich), Omar (Óscar) y Guerra (Manucho).

Celta: Yoel, Hugo Mallo, Fontás (Costas), Cabral, Aurtenetxe, Oubiña, Álex López (Orellana), Rafinha, Nolito (Mina) y Charles

Goles: Javi Guerra (minutos 60, 67 y 84).

Árbitro: José Antonio Teixeira Vitienes. Amonestó a Manucho, Guerra y Omar para los locales y a Fontás, Mallo y Álex López para el Celta. Expulsó con doble amarilla a Charles. Anuló un gol a Javi Guerra por falta de Peña a Charles.

Incidencias: 5.000 espectadores. Mucho frío y niebla. Pequeña pelea en los minutos finales.

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2 Respuestas

  1. celes dice:

    El arbitro y su equipo se cargan el partido para el Celta, y en copa nos han puesto al hermano de este cancer de arbitro para el partido contra los Athletic de Bilbao, perdon queria decir Athletic de Villar. A ver que se inventan.

    • XPC dice:

      +1 contigo. Teixeira II púxolle a puntilla ao Celta en Valladolid e o seu irmán colaborou en que a vitoria do Athletic na Copa fose aínda máis plácida con outra expulsión. Total, co doado que é pitarlle ao Celta, que nin desde o clube nin desde a bancada se protesta en condicións…

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