Una obra de autor

El Celta de Berizzo fue mucho más que la afouteza. Fue un equipo bravo y valiente, sí, pero con mucho fútbol detrás. Cada vez que jugó sus cartas, no le temió a nadie. 11 contra 11. Sin achicarse, sin complejos. Atrevido como el que más, compitió hasta la última milésima en el escenario ideal para hacerlo: el Teatro de los Sueños. Y por encima de todo, construyó un sello propio hasta convertirlo en legado. Fue, sin duda, su mayor éxito.

Durante el camino, el Toto arengó a los suyos con frases que invitaban a soñar. Claro que «para que sucedan las cosas, primero hay que soñarlas». En tiempos difíciles para la lírica, Berizzo creó un ejército de poetas. Pero lo hizo con argumentos. Les dio las bases y los mimbres. Quien soñaba, por muy atrevido e ingenuo que aparentase, tenía argumentos. No fue una cuestión de creencias ni profecías, fue un éxito con base futbolística.

No hay mayor riqueza para el futuro, en cualquier campo que se precie, que que prevalezca la idea. Por encima de victorias y títulos. Los títulos se levantan, son motivo de orgullo y van al museo; las ideas no, las ideas son las que nos mantienen vivos. Todos queremos ganar, no hay absolutamente nadie que en su sano juicio desee perder, pero cuando no se puede, no hay mayor orgullo que elegir cómo caer. Y hacerlo con unos principios inamovibles implica empezar a ganar el siguiente partido.

Preservar una filosofía es también mejorarla. Mantener sus conceptos básicos, su esencia, y potenciarla. Corregir sus carencias y equilibrar los puntos débiles sin perder de vista la línea a seguir.

A quien fracasa siendo fiel a sí mismo no hay nada que reprocharle. Nada. E incluso cuando pierda tendrá con qué sostenerse. Un estilo definido genera un colchón sobre el que aposentarse y dibujar las bases del porvenir. «¿Qué nos queda cuándo está todo perdido?», es la pregunta que nos asalta cuando vemos un túnel sin salida, a modo de metáfora. Quizás el saber cómo afrontar esos sinsabores sean las primeras luces, la base y piedra angular de lo que viene después.

Ahora que el Toto lo deja en clave Celta, quizá no esté de más reconecerle la obra. Su palmarés, injusto baremo para quien mida la magnitud de una figura en base a sus títulos, seguirá igual que estaba, su credibilidad no. Quizás, siendo exigentes, y por ponerle un lunar a este último año, mencionaría la eliminatoria contra el Alavés. No por quedar fuera de la final, sino por el modo de hacerlo. A diferencia de Old Trafford, ahí sí fue más difícil identificar al equipo. Matices aparte, da pena ser testigo de la ruptura de un matrimonio así. Por si acaso, guardemos el legado.

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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