RC Celta 3 – 0 CA Osasuna: Las aguas vuelven a su cauce

No es mucha la travesía que le queda al caminante perdido de Osasuna en Primera División, y es que su errático trasiego por los campos mediáticos nunca ha reportado demasiadas alegrías para los aficionados y aficionadas pamplonicas. Esta tarde, en Vigo, a escasos 150 kilómetros de distancia del viejo fin del viejo mundo, Finisterre, los rojillos han acabado de dilapidar a los animosos y optimistas seguidores que quedaran en cualquier rincón del planeta. Un RC Celta plagado de suplentes, a medio gas, con el sol en la cara, desmotivado ante el enfrentamiento contra el colista y dubitativo tras el correctivo europeo, ha ganado cómodamente a uno de los conjuntos visitantes más amistosos que se recuerdan por estas tierras.

Desde la llegada de la dupla Vasiljevic-Mateo mucho se había venido hablando de la diferencia y el salto de calidad de la plantilla, que ahora era capaz de afrontar los encuentros competitivamente. Sin embargo, las dificultades del calendario propusieron una serie de obstáculos de renombre y los de la vieja Iruña no fueron capaces de aprovechar su buen momento de forma para ampliar su número de victorias. Ahora, el Granada se muestra como el equipo más en forma de los de abajo, y a la par, dibuja el camino de la eficiencia: si no aprovechas tus buenos momentos, te quedas hundido.

20ºC abrían el partido en un Vigo que se debatía entre la película y la manta o bajar al estadio. Finalmente, los seguidores que decidieron la opción futbolística disfrutarían de un cómodo partido para su conjunto y, probablemente, centrarían más sus esfuerzos en discutir sobre cualquier tema con los compañeros y compañeras de butaca, que en intentar mantenerse concentrados en un entrenamiento de su equipo «B». Es fácil imaginar la complicación que fue capaz de generar un Osasuna desalmado, cuando los mayores problemas en el estadio se mostraron por parte de la hinchada local en sus continuos reproches a Theo Bongonda, quien -hiciera lo que hiciera- en pocas ocasiones obtenía mimos por parte de la que debería de ser su afición.

La primera parte para olvidar, con dos equipos que no tenían demasiado claro como jugar, se la llevaría el RC Celta tras una jugada algo aislada al ritmo impuesto por ellos mismos, algo tedioso y persuasivo. Una rápida transición por la banda izquierda, por donde llegó todo el peligro del equipo, dejó, tras una serie de catastróficas desdichas defensivas, al joven sursudanés Pione Sisto a un metro de la portería de Sirigu, que no haría demasiado para evitar el fusilamiento de un delantero local que hasta ese momento se había mostrado muy activo y dinámico en todos los ángulos cercanos al área rival.

La segunda parte se iniciaría con un Osasuna que leía el partido como una final a 45 minutos. Tres defensas eran los únicos por detrás de la pelota y el resto de camisas rojas se volcaban sobre el campo rival. Mientras tanto, Sergio León, el delantero visitante, peleaba con todos sus compañeros y no encontraba ningún feeling con sus principales apoyos. El centro del campo que había planteado el banquillo visitante hacía aguas desde el primer momento, pero no se movía nada de su sitio. Ficha por ficha en cada bancada y a seguir los planes previstos. El Celta se seguía sintiendo cómodo, no tenía tanto la pelota como quería, estaba más presionado, y se veía obligado a jugar directo, pero tampoco esto le suponía un problema, puesto que cada vez que uno de sus jugadores tenía la pelota, se sentía el peligro, a pesar de que estuviera en la otra punta del campo. El fútbol, a veces, es más cuestión de corazón que de estadística.

El encuentro se encaminaría al desenlace pre-escrito cuando tras el enésimo córner encajado por Osasuna en la temporada (sigue siendo el equipo que más goles recibe de saques de esquina de todos los campeonatos profesionales europeos) bajara los brazos hasta recibir dos golpes más del pillo Iago Aspas, quien salía desde el banco para hacer sangrar primero al alma de Osasuna y luego apuñalar su corazón. No dice mucho a favor del ariete su comportamiento en el campo, pero tampoco descubrimos nada nuevo. Su gol, eso sí, una maestría en la finalización, de esas que gustan a los puristas del deporte, a aquellos que no sufren por no celebrar una victoria de su equipo desde hace más de cuatro meses.

El camino se va terminando, y el periplo en Primera para Osasuna comienza a vislumbrar su final ya. En Vigo, a escasa distancia de Finisterre, los antiguos ritos paganos invitan al club pamplonica a recobrar su paz interior en el más allá de Primera. Por su parte, el Celta se resarce de la serie de derrotas que habían acuciado la imagen del club y que venían alargando una sombra de críticas en la figura del entrenador. Parece que como el tiempo, en Vigo las nubes del invierno empiezan a despejarse e incluso se ve con otros ojos los futuros retos que tendrá por delante el conjunto celeste.

LAS CLAVES DEL PARTIDO

  • Desde LO18.com remarcamos la movilidad de Pione Sisto en la primera parte como clave en el ataque celtiña. Demostró ser una joven promesa y poseer una claridad de movimientos siendo capaz de marcar un gol.

  • El recién fichado Hjulsager debutó con la camiseta local, y se sumó a la fiesta del «Celta B» , que fue capaz de vencer a medio gas a un Osasuna que vuelve a recordar por qué es uno de los peores equipos profesionales de toda la historia según los datos.

Ficha técnica:

RC Celta: Rubén, Jonny, S. Gómez, Fontás, Planas, Radoja, M. Díaz, Wass, Sisto, Bongonda, Rossi // Entraron: Jozabed (61′), I. Aspas (73′), A. Hjulsager (85′)

CA Osasuna: Sirigu, Berenguer, Vujadinovic, Oier, D. García, Clerc, Causic, R. Torres, De las Cuevas, S. León, O. Riera // Entraron: Frán Mérida (69′), Rivière (79′) y Kodro (84′)

Goles: P. Sisto (22´) 1-0; Jozabed (87´) 2-0; I. Aspas (89´) 3-0

Árbitro: Vicandi  Garrido (Comité Vasco)

David Vilches

Intento de muchas cosas, aborto de casi todas. Psicosociópata de libro, zigoto de escritor y aprendiz de cortador. Extrovertido de día, culo de sofá de noche. Lo que me ahorro en el plus, me lo gasto en apuestas que nunca gano. Siéntame, dame un pan, ponme fútbol y seré feliz. Orgulloso rojillo.

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