Lesiones reveladoras para el Celta

Nolito y Augusto salieron el sábado pasado desde el banquillo con un objetivo incontestable: sodomizar el balón, mantenerlo alejado del área del Celta y dormir un partido a todas luces sentenciado. O lo que es lo mismo, evitar la posibilidad (nada lejana para los espectadores) de que se repitieran las debacles del primer partido ante el Espanyol o del de hace una semana en Anoeta.

En esas estaban los dos extremos cuando, alrededor del minuto 80, en una de las pocas ocasiones en las que el andaluz no pedaleaba sobre el balón, Augusto dejó claro que a él le da lo mismo el resultado. Lo suyo es partirse la cara en el césped. Balón dividido en tres cuartos de campo y no se lo piensa. A por todas. La grada intuyó la fuerza del choque mismo antes de que se produjese y un silencio tenso y un gesto común de dolor temieron lo peor. Pero el argentino, ignorando su cojera, corrió para evitar el saque de banda. Nadie dudó de la seriedad que podía revestir el encontronazo, y menos cuando cayó al suelo.

Quizá en un achaque de lucidez, abandonado por su obstinación, el argentino se dio cuenta de que si estaba allí no era para apurar los minutos (quizá también se deba a la inercia de los partidos previos) sino precisamente para ralentizarlos. Como agitado por el espasmo de un león abatido a tiros, empezó a rodar de nuevo hacia el campo, y el gesto de la grada acentuó las arrugas del ceño para convertirse en una mezcla de ironía y mal gusto. Todavía más cuando el Almería devolvió el balón y Augusto volvió al campo sin mayores dificultades. Obcecado de nuevo y decidido a vivir la primera victoria del Celta en Balaídos esta temporada, pareció olvidar que, en efecto, sí estaba lesionado.

Consecuencias

Al margen de la gravedad de la lesión de Augusto (que probablemente sea menor que toda aquella que lleva las palabras «ligamento y rodilla»), surge la incógnita de a qué dará pie esta baja. Y es que no fueron pocas las sorpresas generadas a raíz de unas u otras bajas. Costas en la defensa. Fontás de medio. Aparición de Mina en la banda. Recuperación de Orellana. David Rodríguez rotando a lo largo del banquillo. Etcétera.

Desde luego, el partido de Copa ante el Athletic, se presenta como una oportunidad perfecta para revolucionar los esquemas futbolísticos de cualquier celtista. Al menos, y aun sin llegar a especular en cuanto a rotaciones, Augusto tuvo la delicadeza de lesionarse cuando Rafinha se ocupa de la banda derecha, Álex se come lo que le pongan por delante y Orellana parece dispuesto a dejar que tanto el argentino como Nolito descansen un par de partidos más.

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