Larga travesía por el desierto

No se puede juzgar un libro por su portada. Tampoco al Celta del último partido copero, pero sí al conjunto de los últimos encuentros. Atrás queda en el tiempo aquel tacón de Nolito, que asistía a Larrivey para batir al Barça y profanar el mismísimo Camp Nou. Aún más difuminado en el recuerdo, logramos observar a un equipo aguerrido, que se atrevió a puntuar en estadios de la talla de San Mamés o el Calderón. Ahora solo conseguimos atisbar un fantasma, una sombra de lo que fue, un zombie que deambula exprimiendo las últimas rentas de meses pasados. Rentas que le valen a los celestes para seguir siendo novenos, a pesar de llevar 7 jornadas sin conocer la victoria.

Porque el fútbol no tiene memoria, solo a muy corto plazo e incluso menos el aficionado de a pie o de la calle. Lo que hace dos meses funcionaba, ahora ya no. Las pelotas que antes acariciaban las mallas visitantes, ahora estremecen las propias. Como si de un terremoto se tratara, en dos meses se puede pasar de la admiración al odio, de la veneración a la más profunda crisis de identidad. Siete jornadas han transcurrido desde la victoria en el feudo culé. Siete jornadas que han hecho tambalearse los cimientos que Paco, Luis Enrique y otros muchos edificaron en Casa Celta.

Los más realistas pronosticaron que el sendero no sería fácil, ni mucho menos, aunque ni en un mal sueño se podría dar cabida a esta espiral de nefastos resultados. El último, el revés de la copa ante el Athletic. Una copa cargada de ilusión tras la victoria contra Las Palmas y que poco después se tornó en amargura y pesadumbre. Un gol de Orellana en el descuento ante los canarios descubría un oasis entre la vasta sequía del desierto liguero y hacía presagiar un futuro esperanzador en el torneo del KO. Pero el oasis duró más bien nada y los bilbaínos le propinaron el último mazazo al conjunto olívico. Este último partido no ha sido más que otro experimento de Berizzo. Planas de interior y David Costas de lateral derecho, además de expulsado, fueron los principales damnificados del esquema con el que el «Toto» regaló la Copa.

Tocados y hundidos. El fondo es el límite y ya lo han palpado con sus propias manos. Ahora solo queda levantarse más fuerte, seguir peleando y creyendo en una filosofía que tan buenos resultados ha dado. Porque en la oscuridad más profunda siempre hay una luz que brilla, por muy tenue que sea. Luces que el equipo está demostrando en los peores momentos como el compromiso, el compañerismo, la unión del vestuario y sobre todo, la perfecta comunión con la grada. Estas son las claves para que el Celta remonte el vuelo en esta segunda vuelta.

Para comenzar poniendo su granito de arena, desde varios sectores del celtismo se está promoviendo una quedada para recibir y alentar a los jugadores antes del encuentro. El primer gol del encuentro ante el Valencia lo meterá la grada de Balaídos. Este sábado no juegan once sino veinticinco mil.

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