Herrerismo como forma de vida

El destino, a veces caprichoso, ha querido que la semana en la que se cumple el aniversario de la salida de Paco Herrera, el Celta juegue contra el equipo que le sentenció, el Getafe. Fue después de que los celestes encadenaran una racha estrepitosa de derrotas (tan sólo dos de los últimos veintiún puntos conseguidos), acompañada de mal juego y la sensación de que el Celta no conseguiría revertir la situación.

Las destituciones de entrenadores son el pan de cada día en el fútbol moderno y en general son consecuencia de situaciones irremediables en las que es el propio aficionado el que pide la cabeza del entrenador. Sin embargo, con Paco Herrera esto fue muy diferente. El ahora entrenador del Zaragoza sigue siendo recordado por muchos celtistas, con muestras visibles estos últimos días.

Paco Herrera llegó en 2010, procedente del Villarreal B. Se le firmó con la difícil meta de meter al equipo al menos en promoción de ascenso, después de unas temporadas en las que el Celta  navegaba a la deriva en la división de plata. Después de armar una escuadra alrededor de las contras de De Lucas y David Rodríguez, el Celta se quedó a las puertas del ascenso, tras los fatídicos penaltis de Granada. Ese día empezó esa complicidad entre los de Herrera y afición, que aún ahora sigue creciendo con Luis Enrique. Cualquier celtista se acordará del recibimiento en Peinador, del míster pidiendo perdón por no haber conseguido ascender, de las lágrimas de muchos jugadores, y del consuelo que recibían de los que se acercaron para ovacionarles.

La temporada siguiente, el equipo se volvió a levantar aún más fuerte, y a pesar de las bajas significativas en pretemporada  y del inicio dubitativo, el Celta consiguió, después de cinco años de larga travesía, el ansiado ascenso. Parte de culpa la tiene Herrera, que cedió los galones de delantero a Iago Aspas, un experimento que resultó brillante, y volvió a confiar en un ya completamente recuperado Borja Oubiña. Pero sobre todo, fue la temporada en la que la afición, dormida durante muchos años, volvió a emocionarse, a gritar, a cantar la ‘Rianxeira’, a apretar en los momentos difíciles, como en el épico partido contra el Xerez en Balaídos. Eran tiempos en los que se coreaba el nombre de todos los jugadores, y sorprendentemente para los tiempos que corren, al entrenador Paco Herrera.

Cierto es que el extremeño  fracasó estrepitosamente en Primera División. El reto era difícil: una plantilla con nula experiencia en la máxima categoría, y en la que algunos llamados a tener un papel determinante no cumplieron las expectativas, como Park. Sin embargo, el mayor problema que tenía el Celta de Herrera era el pánico con el que jugaba los partidos lejos de Balaídos. Era un equipo falto de carácter, incapaz de reaccionar en situaciones adversas y de tener controlado el partido cuando la situación lo requería. Para más inri, la falta de concentración a balón parado (un error recurrente durante toda la trayectoria de Paco Herrera en Vigo) lo lastraba aún más.

A pesar de todo ello, Carlos Mouriño siempre tuvo buenas palabras para referirse al entrenador, llegando incluso a decir que aunque se volviera a Segunda División esa temporada, Herrera seguiría siendo el entrenador del Celta, por su modelo de cantera y gusto por el buen juego. Esas palabras se las llevó el viento y después de unas durísimas críticas después de partido contra el Getafe (llegando a enfocarlas sobre todo sobre el estandarte del equipo Iago Aspas), el entrenador fue cesado.

Para muchos aficionados fue una decisión difícil de encajar por todo lo que se le quería y transmitía, tanto humana como futbolísticamente. Algunos de ellos se acercaron a la rueda de prensa de su despedida para darle un abrazo, sacarse una foto u obsequiarle con algún recuerdo.

Herrera quizás no será el mejor entrenador del  mundo, pero consiguió después de muchos años una comunión con la afición que no se recordaba desde las épocas de Víctor Fernández. Un modelo en el que el despliegue de fútbol ofensivo y la consolidación de muchos canteranos fueron sus avales principales.

David Rodríguez

Celtista exiliado en cuerpo, pero no en espíritu. Vivir el partido con el corazón y analizarlo con la cabeza es compatible.

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