Europa, un premio a siete años de transformación del Celta

En Vigo ya vislumbran Europa al final del camino. La temporada del Real Club Celta de Vigo ha sido para enmarcar. Semifinalistas de Copa del Rey y quintos en la tabla clasificatoria, rompiendo los objetivos de principio de campaña y peleando por volver a la élite del fútbol europeo, a la que ya maravillaron hace más de una década.

Todo camino tiene sus baches y en tierras olívicas tuvieron que superar muchas trabas, tanto económicas como deportivas, reinventarse, apoyarse en los de casa y apostar por inversión en cantera. Una apuesta que a la larga ha dado frutos más que considerables a un club que ha ido sacando futbolistas para el primer equipo desde Segunda División y dándoles confianza en los momentos más duros, como el partido decisivo frente al Alavés, que evitó el descenso, el ascenso del club a Primera o la consolidación en la élite.

Si hacemos memoria y nos remontamos a la temporada 2008-2009, encontraremos la primera semilla que germinó la revolución en todos los estamentos del Celta. Tras varios años de bonanzas, compitiendo por Europa adelante y codeándose entre los gallitos de la Liga, llegó el descenso a Segunda. Esto supuso un importante varapalo para las arcas de un club acostumbrado a mayores derroches y que había despilfarrado una gran suma de dinero, contrayendo importantes deudas. Desde luego, esto fue una de las constantes en el fútbol español de finales de los 90 y principio de siglo. Las famosas conversiones a Sociedad Anónima Deportiva acabarían con la vida de muchos históricos y lastraría a otros tantos.

Pero centrándonos nuevamente en la campaña del origen de la esperanza, todo arrancó de una forma poco esperada. El club estaba en Segunda tras un paso fugaz por la Primera División. El club confió en Pepe Murcia, pero a pesar de rozar la zona noble de la tabla, pronto llegaron varias jornadas nefastas y los vigueses coqueteaban con el descenso a Segunda. Carlos Mouriño y su directiva decidieron apostar por el exfutbolista Eusebio Sacristán. A la postre, acabaría siendo una decisión salvadora.

Aspas toma relevancia

A falta de dos jornadas para el final de la competición, los olívicos se jugaban su futuro. Bajar a Segunda “B” sería la muerte económica para un conjunto que por aquel entonces superaba los 60 millones de euros de deuda. La plantilla se encontraba exhausta por la plaga de lesiones y el desgaste de la temporada y Eusebio decidió apostar para aquel partido por un joven delantero de Moaña, al que había estado siguiendo en las categorías inferiores y que destacaba por su desparpajo, sacrificio y olfato sobre el terreno de juego. Hablamos por supuesto de Iago Aspas.

Iago Aspas celebra el tanto de la permanencia frente al Alavés. Foto vía Celta de Vigo.

Iago Aspas celebra el tanto de la permanencia frente al Alavés. Foto vía Celta de Vigo.

El delantero debutaría en la fatídica “final” en Balaídos frente al Alavés. Los olívicos empataban sin goles y estaban prácticamente desahuciados. Eusebio apostó entonces por dar entrada a Aspas y el de Moaña cambió el sino del encuentro y probablemente algún día se afirme con rotundidad que el futuro de la entidad. Iago escribiría desde entonces su nombre en letras de oro en la historia del celtismo.

Transcurría el minuto 80 cuando un centro por banda de Dani Abalo era rematado por el de Moaña al fondo de la red. Balaídos estallaba, el Celta se adelantaba y la salvación estaba certificada. Sin embargo, el Alavés volvió a igualar la contienda. Todo parecía condenado a decidirse en la última jornada lejos de Vigo, pero el de Moaña apareció para cazar un rechace en el área tras remate de Jonathan Vila y salvar a los suyos. Ahí nacería una leyenda del celtismo, criado en A Madroa y uno de los precusores de varias generaciones de futbolistas de gran nivel.

Paco Herrera recupera el espíritu del celtismo

A pesar de salvar al equipo en una temporada clave, la siguiente no fue todo lo bien que se esperaba y Eusebio dejó su sitio a Pacho Herrera al finalizar la misma. Eso sí, no sin antes dar minutos con asiduidad a futbolistas como Roberto Lago, Dani Abalo, Toni, Túñez o Hugo Mallo, que se sumaban a Jonathan Vila o Michu, que ya eran habituales y también habían llegado desde la cantera. El equipo acabó en mitad de tabla y la directiva apostó por el Herrera de cara a la 2010-2011.

El técnico catalán, que llegaba tras su paso por el Villarreal B, decidió seguir confiando en la cantera y apostar por jugadores que llegaran libres, no tuvieran contratos millonarios y se amoldaran al fútbol que buscaba el Celta y la economía de apretarse el bolsillo. De Lucas o David Rodríguez fueron algunos de los que acudieron a la llamada, junto a otros hombres de la casa como Yoel Rodríguez, Álex López o Sergio Álvarez, aunque este último con pocas apariciones.

A Madroa, la casa de la cantera olívica, donde crecen los jóvenes valores. Foto vía Faro de Vigo.

A Madroa, la casa de la cantera olívica, donde crecen los jóvenes valores. Foto vía Faro de Vigo.

El equipo acabaría esa temporada en puestos de playoff, pero sería eliminado por el Granada en una tanda fatídica en Los Cármenes y tras una encerrona futbolística y un ambiente muy caldeado por la afición granadina, que llegó a apedrear al autobús vigués. La temporada había servido para ver como 4 futbolistas de la cantera se asentaban como titulares. Era el caso de Jonathan Vila, Álex López, Roberto Lago y Hugo Mallo. También irrumpieron con fuerza Iago Aspas, Michu (llegó del Celta “B”, aunque se crió en la cantera del Real Oviedo), Dani Abalo, Túñez o Yoel, que se hicieron con mucho protagonismo. Víctor Vázquez, Jota Peleteiro, Sergio Álvarez, Toni,  Mateo, David Soto e Ikechi Anya, fueron el resto de canteranos empleados. En total 17 futbolistas de A Madroa participaron en esa campaña, sumando también a Borja Oubiña.

Un ascenso con cimientos en la cantera

La temporada siguiente, el Celta abandonaría los infiernos de la Segunda División, después de una gran campaña, que se culminaría con el ascenso directo en la última jornada y tras empatar 0-0 con el Córdoba. Una batalla frente a Deportivo y Valladolid en la que los jóvenes futbolistas vigueses no se amilanaron y en la que la presencia de varios veteranos sería clave para ilustrar, formar, tutelar y ayudar a los canteranos y, finalmente, lograr el ascenso.

La plantilla del Celta, repleta de canteranos, festeja el ascenso vigués. Foto vía Celta de Vigo.

La plantilla del Celta, repleta de canteranos, festeja el ascenso vigués. Foto vía Celta de Vigo.

7 canteranos formaban parte del  11 titular de Paco Herrera en esa campaña. Además, desde el banquillo, se sumaban otros 5, que también gozaron de minutos e incluso de titularidades. De una plantilla de 22 futbolistas, 12 habían pasado por la cantera olívica, todo un premio para un equipo que por aquel entonces había reducido su deuda por debajo de los 30 millones, gracias a la permanencia, a la ley concursal, a apretarse el cinturón y a invertir en la gente de casa y en la preparación desde la base.

El ascenso supuso un soplo de aire fresco para un Celta en proceso de revolución. Se convirtió en la culminación a varios años de lucha, en los que hubo momentos agónicos y que estuvieron a punto de traer la disolución, pero que acabaron siendo oportunidades para una filosofía y para unos futbolistas que mamaban una sola esencia, la del celtismo puro y duro.

El camino a Europa

La historia en Primera ya la conocéis. Un gol de Natxo Insa frente al Espanyol salvaba a los olívicos del descenso. Tal y como dice una canción muy extendida entre el celtismo, Iago Aspas, una vez más el de Moaña, rompía la cadera de Colotto y servía para que Insa anotase a placer. Bajo palos, un jovencísimo Rubén Blanco, con apenas 16 años, echaba el cierre a las redes, impidiendo cualquier reacción. Los resultados acompañaron y la derrota del Deportivo frente a la Real Sociedad obraba el milagro. Abel Resino dirigió al equipo en la recta final de la temporada tras la decisión de la directiva de prescindir de Herrera.

Luego llegaría Luis Enrique y su apuesta por un estilo al que el Toto Berizzo ha dado un nuevo giro, pero manteniendo la esencia de apostar por el trabajo de nuevos canteranos. Así han ido saliendo año tras año nuevos valores como Santi Mina, Jonny, Rubén Blanco, David Costas o Madinda que se han sumado a los todos ya anteriormente citados.

Mención aparte merece también la dirección deportiva. Krohn Delhi, Orellana, Nolito, Cabral, Fontás, Sergi Gómez, Pablo Hernández, Augusto Fernández, Wass o Guidetti son algunos de los fichajes que se han sumado a la plantilla olívica en este tiempo. Todos a coste muy rentable y que han ofrecido un rendimiento espectacular, empapándose también de celtismo y convirtiéndose en defensores de su escudo y colores.

A día de hoy, el Celta ha saneado sus deudas, cuenta con cifras positivas en sus balances y hace caja cada año con algunas ventas, mientras invierte en jugadores rentables y apuesta por la cantera. Esa ha sido sin duda la gran inversión de un equipo que ya tiene Europa al alcance de la mano. Una inversión en futuro, en los más pequeños, en instalaciones deportivas, plantilla técnica y desarrollo. El Celta ha sembrado un camino que varios clubes ya siguen en estos tiempos de grave crisis económica en el fútbol. Si tienes que apretarte el cinturón, tu apuesta está en casa y se llama cantera.

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