Balaídos está enfermo

Definitivamente, lo de Balaídos es afán de protagonismo, porque es que hasta cuando no hay partido, el abuelo de todas las construcciones de la zona es el protagonista. El pasado domingo se vivió un nuevo episodio en la triste historia de sus ya famosos achaques, esta vez debido al mal estado de sus exteriores, cuando un cascote se desprendió de la fachada y cayó en la cabeza de un transeúnte. Si fue para que se fuera con él al hospital o simplemente por llamar la atención, eso solo lo sabe la grada de Gol, pero consiguió ambas cosas.

Si antes de este incidente las voces de la afición reclamaban un nuevo estadio, después de este suceso, estas exigencias han aumentado. Goteras o problemas de accesos a los aficionados son otras de las quejas que se han escuchado en los últimos años. Desde hace un tiempo la parroquia viguesa convive a disgusto con un estadio anciano (su última reforma data de 1982, con motivo del Mundial de España). Casualmente, días antes del incidente se había presentado un proyecto de reforma integral de la grada de Río, pero parece más un lavado de cara que una inversión que a medio plazo vaya a dejar satisfechos a todos. Lo de la distancia entre los fondos y el terreno de juego y la poca visibilidad es ya una cuestión más subjetiva, pero a buen seguro, desde su construcción, Balaídos podría haberse hecho ya capitán de un buen corsario pirata, entre tanto parche, tanta pata de palo y tanto remiendo.

Todas las miradas apuntan al alcalde de Vigo, Abel Caballero. El Celta y el ayuntamiento han intentado siempre mantener un clima cordial, pero mostrando siempre tiranteces cuando se ponía este asunto encima de la mesa. Caballero, ya acostumbrado a las incómodas preguntas sobre la cuestión, eludió reconocer el mal estado de Balaídos y se limitó a afirmar que el deterioro viene de antes de su entrada en la alcaldía y a defender la seguridad el estadio. Quizá sea la visión que se obtiene desde el palco; no estaría mal saber la opinión de quienes sufren otras zonas, como la del joven que ‘amortiguó’ la caída del cascote o todos los aficionados que pudieron disfrutar de la fresca lluvia de invierno que se colaba hasta sus asientos por los desperfectos en las cubiertas.

Cierto es que la situación económica no es la ideal. Cualquier inversión pública desmesurada en un recinto deportivo no sería bien recibida. Sin embargo, las comparaciones con otros estadios de la zona confirman la evidencia: el coliseo celeste es el que más tiempo lleva sin una gran obra. Los siguientes son el ferrolano y compostelano A Malata y San Lázaro respectivamente.

En Noviembre se celebra un atractivo amistoso entre España y Alemania. Quizás ese día el problema existente sea visible a los ojos de más gente, y con ello Celta y ayuntamiento se sienten a pensar en una solución seria.

David Rodríguez

Celtista exiliado en cuerpo, pero no en espíritu. Vivir el partido con el corazón y analizarlo con la cabeza es compatible.

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