Velázquez, a tiempo de cambiar al Betis

Que no corren buenos tiempos en el Betis no es novedad. Demasiadas malas noticias en las últimas dos semanas. El desagradable episodio de Adán con el ya ex entrenador de porteros, Kike Burgos, fue como el bloque que hace derrrumbarse a la torre en el jenga, ese juego de habilidad mental que consiste en ir retirando fichas de una torre y situarlas en la parte superior de la misma hasta que ésta cae. Desde la «rajada» del meta madrileño, el Betis ha perdido con estrépito frente a la Ponferradina y ha caído en casa ante el Albacete, la afición ha vuelto a ponerse de uñas y en la prensa es muy difícil leer una sola línea que sea optimista con respecto al futuro del equipo.

Lo cierto es que aún es demasiado pronto para sacar conclusiones precipitadas. Van sólo cuatro jornadas y se han sumado la mitad de los puntos en disputa, además de haber superado la primera eliminatoria copera contra el Llagostera. Es cierto que la imagen del Betis, incluso cuando ha ganado, no ha sido la mejor, que los viejos errores defensivos siguen apareciendo y que la actitud de determinados jugadores en el último encuentro no fue tampoco la deseada. Pero los verdiblancos tienen aún mucho tiempo para cambiar, y su entrenador, el discutido Julio Velázquez, también. Pedir su cese tan prematuramente, vender que todo es malo y no hay nada positivo no ayudará, en absoluto, a que los béticos cumplan su objetivo.

Las estadísticas en Segunda División hablan por sí solas. La temporada pasada, sin ir más lejos, el Deportivo de Fernando Vázquez sumaba el mismo número de puntos que el Betis a estas alturas y todavía perdería un partido más en la quinta jornada, en Gijón frente al Sporting (2 – 0). Y terminó subiendo a Primera. Sí, señores, se puede empezar mal y ascender. El Granada de «Fabri» otro caso: cero puntos en las tres primeras fechas y ascenso. Son sólo dos ejemplos recientes, podrían encontrarse muchos más. Cuando Velázquez dice en rueda de prensa, lo ha repetido por activa y por pasiva, que se asciende en junio y no en noviembre es porque los datos demuestran que en las últimas campañas, el que llega fuerte a la recta final es el que suele llevarse el premio. Y pide paciencia para lograrlo. Las maratones, curiosamente mismos kilómetros que jornadas la Liga Adelante (42), tampoco se ganan al principo, sino en las últimas distancias.

El Deportivo, con su técnico Fernando Vázquez (en la imagen), ascendió la temporada pasada pese a un mal inicio de la Liga Foto vía: laopinioncoruna.es

El Deportivo, con su técnico Fernando Vázquez (en la imagen), celebró el ascenso la temporada pasada pese a un mal inicio de la Liga
Foto vía: laopinioncoruna.es

Dicho esto, son muchos los defectos que debe corregir el entrenador salmantino. A mi parecer, vistos los cuatro primeros encuentros, el principal problema del Betis no está en defensa, adonde casi todos señalan, sino en la elaboración de fútbol. Si se arregla este aspecto se facilita el resto. Los futbolistas verdiblancos atesoran una gran calidad en sus botas y cuando han obtenido buenos resultados casi siempre ha sido porque sus individualidades han relucido, más que por buen juego colectivo. Ocurrió con Kadir en el partido de Copa o con Cejudo dando un pase formidable entre líneas a Rubén Castro ante el Numancia. Pero el Betis debe crear, necesita fluidez, llegar con más asiduidad y claridad al área rival, no abusar tanto del centro desesperado ni del balón largo desde el centro de la zaga. ¿Cómo puede cambiarse? Seguramente haya que empezar por el esquema táctico.

Rubén Castro, la principal estrella verdiblanca, ha jugado, hasta ahora, muy cercano al costado izquierdo, más como un interior que se mueve hacia dentro que como el delantero dañino y peleón que es. El canario se entiende a las mil maravillas con Jorge Molina, entre los dos han hecho una gran cantidad de goles para el Betis y eso hay que aprovecharlo. El dorsal 24 debe jugar acompañando en el ataque al alcoyano; es decir, dos puntas. Molina peleándose con la defensa rival y haciendo lo que mejor sabe hacer: rematar, ganar balones aéreos y habilitar segunda jugada. El ex del Elche ha sido una isla desierta en medio de un océano de zagueros rivales en los primeros choques. Rubén Castro con más libertad pero jugando más cerca del gol de lo que lo está haciendo ahora: combinando, llegando a área y dando rienda suelta a su creatividad. Ambos acompañados en banda por dos extremos muy abiertos, podrían ser Cejudo y Kadir, preparados para desbordar, poner centros, asociarse con los atacantes e incluso desplazarse hasta la parcela interior para buscar el disparo (en esta última situación, Rubén ocuparía el puesto libre en banda).

Molina y Rubén Castro celebran un gol al Zaragoza hace dos temporadas Foto vía: sports.ru

Molina y Rubén Castro celebran un gol al Zaragoza hace dos temporadas
Foto vía: sports.ru

Si repasamos las últimas temporadas del Betis, observamos que cuando se ha apostado por este esquema ha sido cuando mejor ha jugado y mejores resultados ha obtenido el equipo sevillano. Véase, sobre todo, la tercera campaña de Pepe Mel, la de la clasificación para Europa, con jugadores como Pabón, Campbell o Juan Carlos, que se aclimataban de maravilla a esta manera de jugar. El sistema (eso que algunos técnicos llaman despectivamente números de teléfono y que, al final, no deja de ser una mera formación inicial, una especie de punto de partida) sería el 4-4-2.

Con respecto a la defensa, una de las dificultades mayores para el Betis es recuperar el esférico una vez que lo pierde. Le cuesta un mundo, y el rival llega con peligro a las inmediaciones del área con frecuencia. Si se adelantase la línea de presión se conseguiría disponer de más jugadores cerca de la zona de pérdida de balón, tener la opción de recuperar rápido y la posibilidad de contraatacar de forma veloz. Puede parecer «kamikaze», pero el miedo a ser atacado suele solucionarse atacando, yendo a por el rival y no al revés. Es imprescindible para ello un centro del campo activo, en constante movimiento. Los dos jugadores que ocuparían esta demarcación jugarían un factor fundamental a la hora de elaborar juego y de que el balón llegue con claridad a la zona atacante. Los medios de que dispone el Betis pueden, además, adaptarse perfectamente a esta manera de jugar. Tanto Lolo Reyes, como Matilla, Xavi Torres y N´Diaye (los, hasta ahora, más habituales) tienen las características ideales para cumplir con esta propuesta. Dos jugadores muy fuertes físicamente, rocosos, duros, difíciles de superar; otros dos muy incisivos, rápidos, incómodos para el rival y complicados de defender por su amplio recorrido. La combinación de los cuatro debe ser una virtud a favor de los verdiblancos.

Xavi Torres durante un entrenamiento esta temporada Foto vía: eldesmarque.com

Xavi Torres durante un entrenamiento en la ciudad deportiva del Betis
Foto vía: eldesmarque.com

Finalmente, lo único imprescindible: la actitud. Es imposible ganar a ningún rival sin correr ni sudar en el terreno de juego. La lucha debe ser un requisito fundamental, apueste Velázquez por el tipo de fútbol que apueste. Especialmente, sabiendo la masa social que hay por detrás y la historia que se representa. Eso y una mentalidad fuerte. Cada golpe del rival deja K.O. al Betis, para el que remontar resulta misión imposible. Cada infortunio, cada desgracia (en términos futbolísticos) afecta demasiado a la frágil confianza bética. Aquí el entrenador tiene una influencia clara y directa, debe inyectar esa energía ganadora a los jugadores. No puede ser que siempre que el rival se adelante el Betis termine perdiendo.

En resumidas cuentas, el Betis no está en un pozo sin fondo. Ni mucho menos. No hay que dar un ultimátum a Velázquez en Girona, como han señalado algunos medios, se debe exigir pero con paciencia y tranquilidad. Los entrenadores tienen que saber cambiar a tiempo y mostrar la autoridad suficiente para hacerlo. Aquí mi propuesta, la del salmantino será la que valga. Con cuatro jornadas disputadas, quizás se ha dramatizado demasiado. ¿Dónde quedó el «manquepierda? Es un buen momento para recordarlo. No es conformismo, es fidelidad. En las malas hay que estar, aunque se haga necesario ver cambios.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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