Un sueño llamado Betis

Lo bueno de ser periodista deportivo es que de vez en cuando, sólo debería ser de vez en cuando, uno puede dejar a un lado la información para transmitir los sentimientos que le inspira su equipo. Y lo que rodea en este momento al Betis, club al que un servidor decidió seguir un buen día de su infancia estando rodeado de madridistas (sobre todo) y culés, es de todo menos bueno.

En su último disco, Adiós adiós, el genial y mítico grupo ourensano de rock Los Suaves se pregunta en una de las diez canciones «qué hacer cuando los sueños se van». El bético todavía no se hace esa cuestión, porque si algo le caracteriza es ser un soñador. Aun así, en el campo, en los despachos y en el dichoso entorno cada vez lo ponen más difícil. Después de un encuentro como el disputado el sábado ante el Atlético en el Vicente Calderón (derrota por 5 – 1) sólo queda cerrar los ojos y pensar en un Betis mejor. Y un Betis mejor no tiene que ser necesariamente un Betis que gane, sino que simplemente emocione.

Sueño con eso. Con volver a emocionarme con mi equipo. Con tener ilusión antes de cada encuentro. Preguntarme con qué me voy a sorprender o qué va a ocurrir. Sentirme identificado con los once gladiadores que hay en el terreno de juego, que aun siendo inferiores a su rival luchan, pelean y compiten. Futbolistas que son el orgullo de su hinchada y salen aplaudidos por el digno espectáculo que han ofrecido, sea cual sea el resultado. Manque pierda significa eso, para aquellos que lo ponen en duda.

Dani Ceballos, en el Vicente Calderón el pasado sábado Foto vía laliga.es

Dani Ceballos, en el Vicente Calderón el pasado sábado
Foto vía laliga.es

Sueño con un Betis que no tire los partidos por la borda cuando se siente vencido. Que sea capaz de remontar o de encajar más goles por intentar lo imposible. Con un entrenador valiente que no tenga que reclamar más intensidad en rueda de prensa ni hacer un máster en psicología cada poco tiempo.

También sueño con un Betis bien dirigido por gente que prometa poco y cumpla mucho. Que destaque por su gestión y no por sus excentricidades o sus juicios. Con un Betis libre de tiburones hambrientos que le ven como a una presa fácil desangrándose en el medio del océano. Un Betis pensando única y exclusivamente en fútbol. Parece fácil, pero no lo es ahora mismo.

No sueño con títulos ni grandes hazañas. No pido tanto. Es difícil en España ser un Leicester City, aunque Claudio Ranieri y los suyos se empeñen en hacer real el ‘Impossible is nothing’ de Adidas. Lo único que me gustaría es un Betis transparente que guste a los suyos. Volver a sentirme identificado con aquel equipo que me ganó para siempre siendo un niño. Irregular a la vez que artista. Capaz de matar a Goliat y de ser tumbado por Pulgarcito, pero siempre con arte.

Un Betis que consiga estar un montón de años sin celebrar ascensos. Que cree una ilusión que no sea ficticia. Que fiche lo que necesite y que no busque fuera lo que puede tener en casa. Con una cantera que funcione y un filial al que no haya que sacar de forma constante de Tercera División (vuelve a ir camino de ella) y si hay que hacerlo que sea con los nuestros. Con jugadores procedentes de las categorías inferiores. Ese es el Betis que yo quiero. Un club normal dentro de lo atípico que es el Betis. A la altura de una afición que, a pesar de todo, nunca le ha dejado solo.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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