Rubén Castro: el regreso del hijo pródigo

Foto vía losotros18.com

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La vuelta del futbolista a la disciplina bética tras su periplo en la Super Liga China supone uno de los mejores fichajes invernales posibles para el club. La falta de delanteros da aún más posibilidades al «24» de disputar minutos y convertirse así en el máximo goleador histórico del Betis.

Es el verano de 2010. El otrora exjugador del Betis Pepe Mel vuelve a la que fuese su casa, esta vez como entrenador. La situación es cuanto menos complicada. El equipo ha bajado a Segunda División ocho años después. Una temporada para olvidar y una afición muy caliente con el equipo y, sobre todo, con el que fuese todopoderoso mandatario del Betis, Manuel Ruíz de Lopera. Felizmente, esos tiempos de gobierno personalista y autoritario son ahora parte del pasado.

En aquel verano, el objetivo del club está claro: volver a Primera en la siguiente campaña. La Segunda está llena de equipos históricos, es una competición dura, apasionante, llena de pasión. Pero no es el lugar para los verdiblancos, acostumbrados a las mieles de la división de oro.

Una de las principales tareas era recomponer un equipo donde se habían tenido varias bajas tras el descenso. Se debía conformar una plantilla competitiva y con el menor coste posible. Los resultados fueron cumplidos con holgura y el equipo ascendió de nuevo. Varios factores ayudaron a ello, como la filosofía del nuevo entrenador, que seguirá con una proyección ascendente en las siguientes temporadas; la irrupción de jugadores de la cantera entre los ue destacarán Cañas o Beñat; y los nuevos fichajes. Dos goleadores destacarán por encima del resto del conjunto.

Uno de los primeros fichajes fue el del delantero Jorge Molina, máximo goleador de la Segunda en la campaña anterior con el Elche. Futbolista que sin duda también merecería que se escribiese un artículo sobre su trayectoria en el club verdiblanco.

Pero Mel quería a otro delantero más y el equipo empezó a sondear el mercado. La opción que más se ajustaba a lo que buscaba el entrenador se encontró en un descarte del Deportivo de A Coruña. No pocos aficionados se mostraron disgustados por el fichaje de un futbolista que ni siquiera contaba para su equipo y que ya tenía 29 años. El tiempo, sin embargo, acabaría dando la razón sobre lo acertado de su fichaje.

Rubén Castro había llegado al Betis.

La trayectoria del futbolista canario no había sido la mejor hasta esos momentos. Tras su paso por la cantera de Las Palmas llegó al Deportivo, donde nunca acabó de contar con la confianza de los distintos entrenadores. A partir de ahí inició un periplo por diversos clubs españoles en Primera y Segunda, siempre en calidad de cedido. Albacete, Racing, Gimnástic, Huesca y Rayo Vallecano fueron sus equipos durante los cinco años que estuvo en el conjunto blanquiazul.

Sus cualidades como futbolista estaban fuera de toda duda, debutando en su día con la selección sub 21. Pero su proyección parecía haberse quedado estancada hacía bastante tiempo. Además lastraba fama de jugador de carácter difícil, demasiado temperamental y al que le gustaba más salir que entrenar. Aunque Lotina no contaba con él, la operación no le salió gratis al Betis, que pagó en torno al millón y medio de euros por hacerse con el futbolista.

A pesar de todos los inconvenientes, el entrenador tenía plena confianza en el futbolista y confiaba en sacar lo mejor de él. La lesión del a priori delantero titular Jonathan Pereira dio la oportunidad a Rubén de formar pareja junto a Jorge Molina; ambos mostraron compenetrarse a la perfección.

Foto vía estadiodeportivo.com

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El ascenso no se hubiese conseguido sin el aporte goleador de estos dos futbolistas. Molina metió aquella temporada la nada despreciable cifra de 18 goles, aunque quedó eclipsado por las 27 dianas de su compañero.

Rubén ya tenía las aptitudes de un gran delantero. La edad lejos de influir negativamente en su rendimiento le dio esa inteligencia necesaria para moverse en el área, para buscar el error del defensa en el control, el fallo del portero en el despeje. Se convirtió en un futbolista que se mueve en el área con naturalidad, colándose entre líneas, siempre atento y con una especie de capacidad adivinatoria para saber dónde iba a caer el balón.

En un solo un año acabó convirtiéndose en uno de los pilares indiscutibles del equipo. Sus goles ganaban partidos. Incluso cuando el equipo no jugaba a nada (algo que lamentablemente acabó siendo una costumbre), él siempre aparecía dar al Betis la tranquilidad necesaria. Si no había una idea de juego, al menos había un depredador en el área.

El equipo llegó a depender tanto de su delantero que en la temporada 2013-2014, una lesión que arrastró durante todo el año unida al pobre bagaje deportivo acabaron con el conjunto de nuevo en Segunda. Estaba claro que si Rubén estornudaba, el Betis cogía un catarro.

Año a año iba aumentando sus cifras goleadoras a pesar de que la edad corriese en su contra. Incluso los problemas de actitud que siempre se habían relacionado con el jugador canario parecían cosa del pasado.

Sin embargo, todo pareció venirse abajo en la temporada pasada.

Rubén se vio envuelto en un caso de violencia de género contra la que había sido su expareja. Empezó a ser noticia en muchos medios de comunicación, que se preguntaban como un futbolista acusado de algo tan grave podía seguir formando parte de la plantilla verdiblanca. Incluso se acusó a la afición de prestarle apoyo incondicional y del cántico de consignas machistas desde la grada.

Que se metiese en el mismo saco a todo el equipo y a la afición fue sin duda una injusticia por parte de los medios. Aunque también el silencio institución al respecto ayudó bastante a ello.

La seriedad del asunto está fuera de toda duda. Admirar a un futbolista por sus cualidades sobre el terreno no debe ser incompatible con condenar cuando éste no actúe con integridad en su vida personal. Por ello muchos aficionados entre los que me incluyo solo pedíamos que la situación se resolviera lo antes posible,  que fuese la justicia quien dirimiese lo ocurrido y actuara en consecuencia. Quiero creer que éramos mayoría los que compartíamos este pensamiento.

Lo dilatado del proceso judicial hizo que al inicio de esta temporada el futbolista pidiese salir fuera. El juicio estaba cercano y parecía la opción más sensata. Él mismo tenía la cabeza puesta en lo que ocurriría en su futuro y al equipo tampoco le venía bien avivar la polémica teniéndolo entre sus filas mientras el caso continuase abierto. Se acordó que marchase cedido sin opción de compra al Guizhou de la liga China hasta final de año, donde coincidiría con el entrenador español Gregorio Manzano. En aquella exótica liga podría continuar jugando alejado de los focos mediáticos mientras se solucionaba su situación judicial; también podría servirle como prueba por si decidía seguir el camino de otros futbolistas y terminar allí su carrera deportiva.

En ese tiempo demostró que no había ido a China a pasearse, metiendo 11 goles en los siete partidos disputados y siendo elegido en varias ocasiones como el hombre del partido. Las alegrías no solo fueron futbolísticas, ya que también vio con alivio como era declarado inocente de los hechos de los que había sido acusado.

Foto vía es.superligachina.com

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Libre de cuestiones extradeportivas y una vez finalizada la liga China, Rubén ha regresado a Sevilla.

El equipo ha cambiado bastante desde que Rubén se fue. Los refuerzos y la idea de juego parecen haber dado un impulso al Betis del que carecía en años anteriores.

Algunos dudan que a su edad vaya a dar todavía rendimiento e incluso se planteaban si no es contraproducente su incorporación dado que el entrenador acostumbra a jugar con un solo delantero centro. Pero la lesión de Sanabria ha hecho necesaria la incorporación de otro atacante que pueda suplir a Sergio León y nadie parece estar mejor capacitado para ello que él.

De lo que tampoco nadie duda es que Rubén Castro es historia viva del Real Betis. Sus cifras anotadoras lo han acercado a la categoría de leyenda. Con 76 goles se encuentra tan solo dos por debajo de la cifra del histórico Poli Rincón, que hasta ahora ostenta el récord de máximo goleador verdiblanco. ¿Que sería justicia que Rubén pudiese batir esta cifra? Sin duda.

Pero dos goles arriba o abajo no van a borrar todo lo que ha supuesto este futbolista para el equipo. Solo hace falta darle las oportunidades, él ya se encargará de marcar los goles. Será la despedida que se merece alguien que se ha convertido en una leyenda viva del club verdiblanco.

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