Pepe Mel: Una segunda parte peor que la primera

Pepe Mel salió por primera vez del Betis en diciembre de 2013, después de un ascenso, una permanencia holgada y una clasificación para Europa. Por aquel entonces, el equipo verdiblanco era el colista de la Liga, pero el entrenador contaba con el fiel apoyo de la grada. Su destitución no fue bien recibida y la situación empeoró. Los verdiblancos jamás abandonaron la última plaza y descendieron con sólo 25 puntos.

Un año más tarde y con un consejo distinto, Mel volvió al rescate del Betis en la Liga Adelante. Heredó una nave cuyo rumbo había enderezado Juan Merino -su sustituto en esta ocasión- y la llevó al único puerto posible. El ascenso se logró con 84 puntos. Durante la celebración por el objetivo cumplido, tras ganar en casa al Alcorcón (3 – 0), Pepe Mel dijo la siguiente frase: «poned vosotros (la afición) la exigencia, porque este club no se puede dormir». Un alegato al crecimiento. La próxima meta sería cortar de raíz la inestabilidad. Lo que no se podía imaginar el técnico madrileño es que aquellas palabras rebotarían contra él.

Poco más de un año duró la segunda entrega de Mel en el Betis. Esta secuela ha quedado muy por debajo (en duración y calidad) de la original, al contrario que el volumen 2 de Kill Bill o la segunda parte de El Padrino. Pepe Mel se va por la puerta de atrás y después de haber perdido el aval más difícil de conseguir: el cariño de una hinchada exigente y cansada de fracasos. No ha sido víctima de una clasificación extrema, como la vez anterior, sino de una tendencia negativa y un juego muy pobre.

El Betis acumula ocho partidos oficiales sin ganar y cinco sin marcar, y sus números como local al término de la primera vuelta son muy flojos: una única victoria, tres empates y cinco derrotas. Son los encuentros lejos del Benito Villamarín, donde ha obtenido catorce de sus veinte puntos, los que mantienen a los de Heliópolis fuera de los puestos de descenso, pese a la mala imagen ofrecida en muchos duelos.

 

Guerra abierta con Eduardo Macià

Con el paso de las semanas se hizo evidente la existencia de un conflicto entre el entrenador y el director deportivo. Con cada derrota, Pepe Mel reclamaba refuerzos y se mostraba dolido por la falta de desborde y calidad en su equipo. En esa lucha dantesca, el técnico ha salido derrotado. Con su cese, la directiva se ha posicionado claramente al lado de Macià, un hombre que llegó la temporada pasada con el ascenso cerca y que sería la cara del salto cualitativo.

Avalado por sus buenos trabajos en el Valencia, el Liverpool y la Fiorentina, el nuevo director deportivo tendría la labor de conformar una plantilla competitiva para salvarse sin agobios y subir el nivel de profesionalidad de la secretaría técnica. Hasta ahora, a muchos de sus fichajes les sobra nombre y les falta rendimiento. Es el caso de su primera y mediática incorporación, el internacional holandés Rafael Van der Vaart. Su aterrizaje tuvo un enorme impacto, al contrario que su fútbol, afectado por lesiones y baja forma. Tampoco están saliendo bien Pezzella, Van Wolfswinkel o Tarek.

Van der Vaart en su presentación, flanqueado por Eduardo Macià (izquierda) y Juan Carlos Ollero Foto vía ondabetica.es

Van der Vaart en su presentación, flanqueado por Eduardo Macià (izquierda) y Juan Carlos Ollero
Foto vía ondabetica.es

El caso es que la Liga avanzó y el Betis evidenciaba muchos problemas para generar fútbol. Como visitante ganaba sin gustar, en el Villamarín ni lo uno ni lo otro. Sin una apuesta futbolística visible y viviendo de individualidades (sobre todo los goles de Rubén Castro y las paradas de Adán), las críticas aparecieron y el nerviosismo de Mel se hizo patente en cada rueda de prensa. Daba la impresión de que no estaba cómodo con los efectivos que le habían entregado. El entrenador pasó de decir en agosto «no le pongo ni un pero a la plantilla» a sentenciar en Getafe que «el Betis necesitaba desborde el 6 de julio, no el 9 de febrero» y pedir «tres fichajes». El presidente, Juan Carlos Ollero, fue contundente en la rueda de prensa realizada anoche: «estoy razonablemente satisfecho con las incorporaciones que han llegado».

 

La afición, de uñas, y derrota en el derbi

La figura de Pepe Mel es uno de los mejores ejemplos para afirmar que en el fútbol se pasa de héroe a villano en muy poco tiempo. En una entrevista concedida en Navidad al diario Estadio Deportivo, el ex del Rayo Vallecano o el West Bromwich Albion dijo: «no me veo en el Betis más allá de junio». Malinterpretadas o no, estas declaraciones sentaron fatal en el club y en la grada, que tras caer de manera estrepitosa frente al Eibar en el Villamarín (0 – 4) hizo público su veredicto. «Pepe, vete ya», cantó buena parte del estadio.

El mismo lema se repitió en el compromiso copero contra el Sevilla. Ese día, Mel sorprendió a propios y a extraños con una alineación de rotaciones. Ante el eterno rival, sentó a Adán, Joaquín, Ceballos y a su ojito derecho, el goleador Rubén Castro. El Betis perdió de forma clara (0 – 2), sin que muchos dieran crédito al desafortunado once. Mel lo explicó a los medios diciendo que había futbolistas que necesitaban descanso.

Pepe Mel, durante el duelo de Copa con el Sevilla Foto vía laliga.es

Pepe Mel, durante el duelo de Copa con el Sevilla
Foto vía laliga.es

La última derrota con el Getafe (1 – 0) fue la gota que colmó el vaso. El Betis prescinde de Pepe Mel después de terminar la primera vuelta en decimoquinta posición con veinte puntos, a cinco del descenso. Esta vez no han sido los resultados, sino la aureola de negatividad lo que se ha cargado a Mel. Un desgaste de su imagen agudizado por el mal juego, unas explicaciones poco convincentes y su pérdida de credibilidad entre los hinchas. De nada le ha servido su buen pasado verdiblanco ni el haber logrado el ascenso pocos meses antes.

El Betis quiere aire fresco y ya lo busca. Mientras la planta noble del Benito Villamarín selecciona a un nuevo técnico -en palabras del presidente, alguien «con experiencia, lo más exigente posible y que sea conocedor de todo lo que rodea al Betis»-, Juan Merino vuelve a ponerse al frente. Como ya hiciera antes del segundo desembarco de Mel y al ser despedido Julio Velázquez, el técnico del filial asume la preparación del primer equipo, otra vez como interino y con un calendario terrorífico. El linense debutará en la vuelta del derbi de Copa, en el Sánchez Pizjuán, viajará a El Madrigal para medirse al Villarreal y recibirá al Real Madrid.

Para entonces, la directiva quiere tener firmado al sucesor de Pepe Mel. El baile de nombres ya ha comenzado y el favorito parece ser un viejo conocido: Juande Ramos. Ahora, la pelota queda en el tejado de Eduardo Macià. El director deportivo se convierte en la cara más visible de un proyecto que aún no ha podido acabar con la inestabilidad.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

También te podría gustar...