Miguel Guillén y su selectividad del 28 de marzo

El pasado 29 de junio de 2011 el Betis elegía en junta de accionistas a Miguel Guillén como presidente. El conjunto verdiblanco acababa de ascender a Primera División de la mano de Pepe Mel y afrontaba los primeros meses de una Ley Concursal que ha estado mostrando los puntos más negros de la gestión de dieciocho años de Manuel Ruiz de Lopera. Además, el Betis acababa de ser intervenido por la Justicia y José Antonio Bosch nombrado administrador del paquete máximo de acciones por la jueza Mercedes Alaya. Con todo, el beticisimo vivía más o menos tranquilo puesto que el club inició una etapa de modernización necesaria tras la arcaica forma de dirigir de los antecesores al actual consejo de administración. En lo institucional había que mejorar las relaciones con el resto de equipos españoles (para ello fue fundamental la figura de prestigio de Rafael Gordillo), en lo social mostrar transparencia y acercar al Betis a su afición, en lo deportivo conseguir estabilidad y en lo económico reducir la deuda con la política de no gastar más de lo que se ingresa.

El binomio Pepe Mel-Vlada Stosic obtuvo muy buenos resultados en las dos primeras temporadas de Guillén al frente del club. Parecía que los objetivos se iban logrando y la grada estaba contenta ya que por fin podía, tras muchos años de agonía, disfrutar de un equipo comprometido que jugaba bien al fútbol y que podía aspirar a un futuro prometedor. En la actual temporada todo se ha estropeado. El Betis presidido por Miguel Guillén es la mejor prueba de que en el fútbol los marcadores finales mandan. En cuanto estos son malos, la cabeza se pierde. No se ha sabido gestionar una crisis deportiva y eso ha derivado en una crisis institucional enorme, la que ahora mismo ahoga a la directiva.

Examen de los accionistas

El próximo 28 de marzo, Miguel Guillén deberá ponerse a pecho descubierto delante de los accionistas del Betis. En una junta solicitada por la asociación PNB (Por Nuestro Betis), la oposición al consejo pedirá explicaciones por la mala temporada del equipo y también solicitará información sobre la Fundación Real Betis, presidida por Rafael Gordillo, y sus funciones. Dicha información ya fue reclamada y denegada el pasado mes de noviembre.

La figura de Gordillo y la Fundación crean un enorme escepticismo entre los accionistas verdiblancos. Pese a que la directiva de Guillén ha presumido siempre de honradez, con los malos resultados han llegado también las primeras sospechas. Supuestamente, Gordillo solo tiene una función relacionada con la mera imagen del Betis, una especie de relaciones públicas. Va al palco y acude a los distintos actos sociales e institucionales pero, según el actual presidente, no forma parte del consejo ni toma partido en las decisiones deportivas y económicas. PNB duda de que sea así y por eso preguntará por las funciones de Gordillo y también por las acciones de la Fundación en la que será la primera junta de accionistas con Francisco Estepa (sucesor del destituído Bosch) como administrador judicial del Betis.

Miguel Guillén se enfrentará a una selectividad particular. Muchas veces ha descartado dimitir en un momento tan dramático, pero en los últimos días parece no tenerlo tan claro. El presidente ha dejado entreabierta la posibilidad de abandonar la institución en el caso de que vea una amplia masa en su contra el próximo 28 de marzo. Demasiado ha cambiado el Betis en apenas un año. Toda la transparencia y estabilidad que se presuponían se han ido al garete. En Heliópolis ha mandado el caos desde el empate en casa con el Rayo Vallecano (2-2).

Protestas de la afición

Mientras tanto, la afición del Betis se harta de la situación deportiva y de los últimos actos realizados por la directiva. Mañana jueves hay partido de Europa League, esa competición que tanta ilusión generaba a principios de campaña y de la que ahora parece haberse olvidado todo el mundo.

El Betis recibe al Rubin Kazan y lo hará, a priori, con una escasa afluencia de público a su estadio. En un acto de protesta, una gran parte de la afición bética ha asegurado que no acudirá al Villamarín mañana. El club ha puesto los precios de las entradas por las nubes, no ha incluído el partido en el abono (por lo que todos los abonados tendrán que pasar por taquilla) y además se ha estipulado que los socios paguen entre 15 y 30 euros por acceder al campo. Estas noticias no han hecho más que irritar a una hinchada muy cabreada ya con la situación deportiva y que ha amenazado con no ir a un estadio que mañana, según indican las últimas noticias, mostrará un aspecto desolador en la grada.

Miguel Guillén era una figura que no había levantado sospechas en su labor como presidente. En los últimos dos meses todo lo montado en dos temporadas se ha caído. Este empresario de la industria del aceite, que tantas veces ha repetido la palabra transparencia y honradez, cae en los errores del pasado bético y ahora podría enfrentarse a una dolorosa salida del club. Cuando los resultados no son buenos todo se pone en entredicho.

 

 

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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