El portero respira, Assunçao se retira

Era un domingo de septiembre. El Betis abría la temporada 2002/2003 en Riazor. Se estrenaba en su banquillo Víctor Fernández, que venía de cuatro campañas practicando un fútbol excelente no recompensado con títulos en el Celta. Nada hacía presagiar que los verdiblancos ganasen en A Coruña aquel día: el Deportivo de Javier Irureta era un equipo brutal, acostumbrado ya a grandes noches europeas en la Champions, y su estadio, donde el Real Madrid caía por tradición, se le daba fatal a los heliopolitanos.

Sin embargo, en aquella grada estaba un servidor junto a su padre y un amigo. Me habían convencido. Yo no quería ir porque sabía de lo mal que le iba al Betis siempre contra el Dépor. No me apetecía verle perder, como me había sucedido la Liga anterior en Balaídos. Llegué a mi casa sonriendo. Los míos, vestidos con una bonita y ceñida camiseta verde, ganaron por 2-4, practicando un juego delicioso e ilusionando a su afición. La estrella bética en aquella sensacional tarde-noche veraniega en A Coruña fue un centrocampista brasileño. Ni Mauro Silva ni Denilson, que jugaron aquel encuentro, sino Marcos Assunçao.

El Betis lo había fichado de la Roma ese verano. Le costó unos diez millones de euros. En Riazor se presentó al fútbol español. Assunçao marcó el primer tanto. Recibió un balón de Denilson y envió con su pierna zurda (a pesar de ser diestro) un fusil a la escuadra de la portería de Molina. Más tarde, el medio mostró su gran especialidad: los lanzamientos de falta. Hasta tres estrelló en el larguero. Hat-trick de tiros al palo. Todos los presentes alucinábamos. Nadie se lo esperaba.

Assunçao dio al Betis el billete a la Champions con este gol de falta en Son Moix ante el Mallorca Foto vía realbetisbalompie.es

Assunçao dio al Betis el billete a la Champions con este gol de falta en Son Moix ante el Mallorca
Foto vía realbetisbalompie.es

Durante cinco temporadas, Assunçao fue el terror de las barreras y los porteros de la Liga. Cada pelota parada cercana al área contraria era sinónimo de ocasión muy peligrosa para el Betis. Tenía su particular rito, un sello propio, para ejecutar. El brasileño tomaba poca carrerilla, un paso y medio, y golpeaba el esférico con el empeine interior de su pie derecho. Era un disparo seco, muy colocado. Cogía altura para superar la barrera e iba bajando hasta acabar golpeando en la madera, o yéndose a escasos centímetros de la misma, o entrando por la escuadra. Era raro que el desenlace fuese distinto a ese. Su porcentaje de acierto era muy elevado.

Assunçao jugó 150 partidos oficiales con la camiseta del Betis. Ganó una Copa del Rey, participó en la Champions y en dos Copas de la UEFA. Marcó más de veinte goles con el conjunto andaluz, la mayoría de ellos por medio de su mejor cualidad. No había nadie en el fútbol español que lanzase las faltas como él. Y muy pocos en el mundo.

Tras marcharse del Betis, Assunçao vivió dos aventuras en los Emiratos Árabes Unidos. Jugó en el Al-Ahli y el Al-Shabab antes de volver a Brasil, donde ha terminado su carrera. Gremio Barueri, Palmeiras, Santos, Figueirense, Portuguesa, Criciuma y Sampaio Correia fueron los que contaron con él. En este último ha colgado las botas a la edad de 39 años, cumplirá los cuarenta en julio. Los porteros y las barreras respirarán tranquilos, aunque los largueros de Riazor aún tiemblan recordando la tarde-noche en la que Assunçao debutó con el Betis.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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