El desgaste de Pepe Mel

‘Con Pepe, a Tercera’, era una frase que decíamos muchos béticos hasta hace poco. Pepe Mel llegó en una época complicada, con el Betis en Segunda y sufriendo una inestabilidad tremenda: cuatro presidentes tuvo en su primer año en Heliópolis. Sin embargo, ascendió al equipo, le hizo jugar muy bien al fútbol y potenció su cantera. Daba igual lo que ocurriera alrededor. Mel era el líder deportivo, el padre protector del Betis.

Al madrileño se le atribuían todos los éxitos y se le perdonaban todos los batacazos, incluidas las dos goleadas que encajó en el Sánchez Pizjuán ante el Sevilla, pero esos tiempos parecen haberse terminado. Pepe ya no es ‘Melguson’, ni tiene crédito para irse a Tercera. Su figura ha sufrido un desgaste importante, más por la imagen que ofrece el Betis que por los marcadores. Antes de que se me tache de resultadista, diré que los números verdiblancos no son malos para un recién ascendido: en duodécima posición con quince puntos, disputadas doce jornadas.

El gran problema del actual Betis es que deja la impresión de tener muchos más puntos que fútbol. Pepe Mel navega por la Liga sin encontrar un equipo estable, sin saber cómo tomarle el pulso a su plantilla y sacando los partidos adelante más por oficio o individualidades que por buen juego. En casa, las sensaciones son muy preocupantes tras cuatro derrotas consecutivas.

El Betis 2015/2016 ha encajado antes del minuto 10 en seis ocasiones, la última ante el Atlético de Madrid el pasado domingo, y muestra una enorme dificultad para crear y rematar. No enamora, no emociona, no convence. Lejos del Benito Villamarín obtiene resultados, pero sin gustar. Vive en exceso de los goles de Rubén Castro y se encomienda demasiadas veces a Adán (menos mal que su lesión no parece grave). Es un conjunto luchador, eso sí, pero sin cabeza ni orden. Contra el Atlético peleó, aunque sólo gozó de una oportunidad realmente clara en noventa minutos. Se mantuvo vivo por la falta de puntería colchonera.

Pepe Mel, durante el Betis - Atlético del domingo Foto vía laliga.es

Pepe Mel, durante el Betis – Atlético del domingo
Foto vía laliga.es

En rueda de prensa, Pepe Mel se mostró satisfecho con la entrega de los suyos. Para la grada fue insuficiente. Mel no está ya por encima del bien y del mal. Es cierto que a la plantilla le faltan retoques -la banda izquierda está totalmente coja- y se asume que rivales como Atlético o Athletic son superiores. Pero no menos cierto es que jugados doce encuentros, el entrenador no ha pegado más que bandazos.

Portillo (en la grada el domingo) ha desaparecido del once titular, Ceballos -por fin renovado- no goza de continuidad en un equipo que pide a gritos un futbolista creativo para mover la pelota en el centro del campo, Van der Vaart va camino de ser un estrepitoso fracaso, a Joaquín se le exprime hasta un punto que puede resultar incluso insano y las lesiones (cinco en este momento) no cesan. Lo mejor que le está pasando al Betis son, precisamente, los resultados. El bético que no sea resultadista seguramente se mostrará tan preocupado como yo.

Pepe aún tiene crédito. Nadie en la planta noble se plantea su cese, sobre todo teniendo en cuenta la pésima experiencia de 2013 (no hace falta recordar cómo terminó aquello), pero ya no es el técnico incuestionable de antaño. No debe serlo tampoco. La afición del Betis, en general, no cree en él a ciegas, como creía, ni atribuye los errores sólo a malos fichajes o baja calidad de los jugadores. Ahora, el míster también es responsable.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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