El derbi latino de Sevilla

Comenzó la cuenta atrás para el primer derbi sevillano de la temporada. A estas alturas no hace falta hablar de lo que representa el enfrentamiento entre Sevilla y Betis en la capital de Andalucía, una división entre dos sentimientos y colores. Uno de los duelos más igualados históricamente y que en los últimos tiempos se ha desequilibrado a favor de los sevillistas: el Betis lleva seis partidos sin hacerle un gol a su eterno rival.

Ya hay mucho escrito y dicho acerca del clásico hispalense. Uno de los aspectos más interesantes del primer derbi de la temporada 2016/2017 es la lucha de pizarras. Los dos clubes cambiaron de entrenador en pretemporada. Jorge Sampaoli y Gustavo Poyet, argentino y uruguayo, afrontan su primera gran cita en el Sevilla y el Betis. Los dos van camino de un cambio en sus equipos, quieren estampar su sello propio y dejar huella. Ambos tienen todavía trabajo por delante, pues con cuatro jornadas no han podido lograr (como es lógico) el culmen de su fútbol. Sampaoli y Poyet disputan su derbi particular. Un Argentina – Uruguay en la banda del Sánchez Pizjuán.

 

Sampaoli, poliédrico

El aterrizaje de Sampaoli en Sevilla llamó mucho la atención. El argentino era un hombre cotizado en Europa este verano. Su nombre podía leerse en las listas de muchos equipos. Le eligió un conjunto que no necesita saberse vencedor, porque ha ganado mucho en los últimos años. El gran objetivo de Sampaoli en el Sánchez Pizjuán es mantener la senda impecable marcada por Unai Emery (ganador de tres títulos de Europa League consecutivos) con su particular estilo. En su primera rueda de prensa dejó clara su intención: el Sevilla va a atacar. Con esa manera de competir «extremadamente ofensiva» ganó tres ligas chilenas con Universidad de Chile y se coronó con la Copa América de 2015 con la selección del país suramericano.

Sampaoli es un «bielsista» declarado, a pesar de que nunca trabajó con Marcelo Bielsa. Cuando era seleccionador chileno, declaró en una ocasión que estaría encantado de conocer al carismático técnico rosarino, adalid del fútbol ofensivo. Bielsa trabajaba entonces en el Olympique de Marsella y respondió al halago diciendo: «vistos los resultados que él ha conseguido con el mismo equipo que yo dirigí (la selección de Chile), le interrogaría más yo a él que él a mí». Queda claro cuales son las preferencias de Sampaoli. El argentino quiere ataque, presión, velocidad, posesión de balón, ocasiones… En una palabra, espectáculo. Una evolución en el juego de un Sevilla ya campeón que va en busca de la excelencia futbolística.

Sampaoli, contra el Espanyol Foto vía laliga.es

Sampaoli, contra el Espanyol
Foto vía laliga.es

Por el momento, se ha visto un poco de todo en la nueva aventura de Jorge Sampaoli. Su Sevilla es ese personaje de película con el que el espectador quiere identificarse pero al que no sabe donde situar. Su carta de presentación fue la Supercopa de Europa contra el Real Madrid. Defensa de tres y planteamiento valiente. Al Sevilla se le escapó el título por un gol de Sergio Ramos en el descuento y otro de Carvajal en la prórroga. Ante el Barcelona en la Supercopa de España le fue peor. Apostó por un 4-1-4-1 más europeo para la ida y volvió a la zaga de tres hombres en el Camp Nou. No fue capaz de marcar. Contra el Espanyol en la primera jornada se vio su versión más loca: con 6 – 4 para los sevillistas acabó el encuentro. Dependió de la certeza de Sergio Rico para puntuar en Villarreal. Ganó a Las Palmas de forma épica, al más puro estilo luchador que caracteriza al Sevilla. En el estreno en Champions en Turín puso cemento con un centro del campo formado por N’Zonzi, Kranevitter e Iborra y sin un delantero en el once: apenas atacó, pero sumó un punto ante un adversario de primer nivel como la Juventus. Y se declinó por la calidad el pasado sábado en Ipurúa, donde el Eibar le empató con nueve jugadores.

Este último resultado le costó críticas a Sampaoli, que necesita una victoria en el derbi. Si al argentino le gusta atacar, puede que no haya mejor partido para hacerlo que en la visita del Betis. Su Sevilla ha mostrado versiones diferentes en lo que llevamos de temporada. Veremos por cual se decanta en el primer gran clásico hispalense del curso.

 

Poyet, en busca de la felicidad

El aficionado del Betis solo quiere ganar. Es lo único que sirve en unos tiempos complicados en el Benito Villamarín. Exigencia máxima para Gustavo Poyet. El entrenador uruguayo debe ser el encargado de trazar un camino de éxitos. Hasta ahora, Poyet calca los números de Pepe Mel la temporada pasada, con cinco puntos equivalentes a un triunfo, dos empates y una derrota. Lo mejor hasta ahora en su paso por Heliópolis, romper el maleficio de treinta años sin vencer en Mestalla. Lo peor, la incapacidad para ganar en casa a Deportivo y Granada.

El nuevo Betis ya ha ofrecido ideas del sendero que quiere recorrer y de cómo desea jugar. Los de Poyet se han mostrado como un equipo con las ideas claras en ataque, al que le gusta aprovechar los espacios para correr al contragolpe y que utiliza mucho las bandas. Sus dos laterales (Piccini y Durmisi) son ofensivos, su centro del campo es físico (Petros y Brasanac apuntan a indiscutibles) y su delantera, vertical. Rubén Castro no ha perdido su olfato goleador a pesar de caer a un costado, Álex Alegría y Sanabria se disputan el puesto de nueve y Joaquín ha alcanzado su mejor tono físico desde su retorno. El mayor hándicap del Betis: la defensa. Los de Poyet conceden muchas facilidades atrás. Solo así se entiende que un Valencia con diez le empate un encuentro que va perdiendo por 0 – 2 (en el descuento apareció Rubén Castro para poner el 2 – 3) o que el Granada lance un contragolpe que obliga a Adán a parar un penalti cuando los heliopolitanos tienen superioridad numérica.

Poyet dirige a los suyos contra el Deportivo Foto vía laliga.es

Poyet dirige a los suyos contra el Deportivo
Foto vía laliga.es

«Estos partidos locos no son para mí», espetó Poyet tras el 2 – 2 del viernes contra los nazaríes. Al uruguayo le gustó el empuje de su equipo para igualar una desventaja de dos tantos y buscar la victoria, pero criticó la anarquía en la que cayó el encuentro. Y lanzó este aviso: «espero que en el derbi estemos más organizados, porque si no va a estar complicado». En esas anda el nuevo técnico bético. En la búsqueda de un equilibrio que lleve por fin a la felicidad deportiva en un Villamarín cansado de ver (y soportar) las hazañas de su eterno rival mientras los suyos se conforman con ascensos y permanencias.

Atrás queda el experimento de defensa de cinco de la primera jornada en el Camp Nou. El sistema de Poyet es el 4-3-3. Defiende con dos interiores y un mediocentro, dejando las bandas para dos extremos que tienden a moverse hacia dentro y permiten la subida de los laterales. En ese viaje táctico, sorprende el ostracismo de Ceballos. Parecía que este tendría que ser el año de la explosión del utrerano, pero lo cierto es que el joven mediapunta no ha jugado de titular ningún encuentro oficial. Tampoco Musonda, uno de los mejores en la pasada segunda vuelta. Una decisión que deja entrever un descontento de Poyet con dos futbolistas jóvenes llamados a ser importantes en el Betis. Puede que el derbi cambie su situación. Los verbiblancos se han ido a Montecastillo (Jerez) concentrados para prepararlo.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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