El Betis y Brasil, una conexión que suele funcionar

Leandro Damiao se entrena a la espera de que Juan Merino decida contar con él. Llevaba muy pocos días cuando el Betis recibió al Valencia, pero a la jornada siguiente tampoco pudo estrenarse en una convocatoria en Riazor. El nuevo delantero heliopolitano es, como recordó hace unas semanas @BetisStats, el brasileño número 24 en formar parte de la primera plantilla bética.

Un punta fuerte, alto (1,87 m) y rematador que debe mejorar las cifras goleadoras del equipo que menos remata y que menos tantos celebra de la Liga BBVA. Su incorporación estuvo marcada por la incertidumbre: aspiraba a convertirse en la primera alta invernal del Betis y fue la tercera, debido a problemas judiciales, ya resueltos, en Brasil y a un primer rechazo del consejo de administración verdiblanco. Este campeón de la Copa Libertadores con el Internacional de Porto Alegre en 2010, jugó también en el Santos y el Cruzeiro, da el salto a Europa para portar el dorsal 12, el mismo que su paisano Ricardo Oliveira, en un club que siempre se ha caracterizado por su gusto por la samba.

El Betis y Brasil forman un cóctel que suele traer buenos resultados y dejar gratos recuerdos. Desde la magia de Denílson a la sangre de Iriney, pasando por los “cañonazos” de Assunçao o los cabezazos milagrosos de Edu. En el Benito Villamarín gustan los brasileños y a los brasileños les gusta Heliópolis.

 

Denílson

Merece mención, a pesar de que no pudo cumplir las expectativas creadas. Jugaba en el Sao Paulo y sus regates, bicicletas y desbordes habían asombrado al mundo en el Mundial de Francia, en 1998. Le querían los equipos más grandes de Europa, y se lo llevó el Betis. Costó 5.300 millones de pesetas, unos 32 millones de euros, y se convirtió de aquellas en el fichaje más caro de la historia del fútbol. Un bombazo que acaparó portadas y protagonizó informativos en todo el planeta.

Denilson y Lopera, en la presentación del extremo brasileño como jugador del Betis Foto vía oclise.com

Denílson y Lopera, en la presentación del extremo brasileño como jugador del Betis
Foto vía oclise.com

 

Según contó el propio Denílson en una entrevista al programa Fiebre Maldini, de Canal Plus, su traspaso al Barcelona estaba hecho. A última hora, la chequera de Lopera lo cambió todo. Vuelo desde la ciudad condal, donde se encontraba a la espera de hacerse oficial su llegada al Barça, a la capital de Andalucía para firmar un contrato por diez temporadas (de las cuales cumplió ocho) y presentación a lo grande en el Benito Villamarín.

Denílson debía ser el golpe definitivo del faraónico proyecto de Lopera para tatuar la palabra Real Betis Balompié en el olimpo futbolístico. Sin embargo, la adaptación del jugador fue lenta y su rendimiento irregular. El brasileño tanto levantaba de su asiento al público como se perdía en un exceso de filigranas. Sobre él recaía toda la presión. Cuando el Betis perdía, Denílson recibía casi todos los palos. Cuando ganaba, siempre se esperaba más de él. Su excesivo precio acabó siendo un arma de doble filo. El extremo zurdo se marchó en el verano de 2005, tras ganar una Copa del Rey sin apenas participar en el torneo y afectado por continuas lesiones.

Pasó por el Girondins de Burdeos, probó fortuna en el fútbol árabe con la camiseta del Al Nassr, saltó a la MLS de la mano del Dallas FC, regresó a Brasil para defender los colores del Palmeiras y el Itumbiara, vivió una exótica aventura en Vietnam con el Hai Phong y se retiró después de una muy breve estancia en el Kavala griego. Una carrera que podría resumirse por lo que pudo ser y no fue. Siempre le quedará el Mundial de 2002 conquistado con Brasil y el ser el fichaje más caro, y más ilusionante, de la historia del Betis.

 

Assunçao, el señor de las faltas

Manuel Melado fue durante muchos años la voz del Benito Villamarín, el encargado de anunciar las alineaciones. Un arte desconocido y no demasiado valorado, pero en el que el ser original te asegura cierto éxito. Melado acompañaba el nombre de los jugadores del Betis con una rima. La de Assunçao era de las más conocidas: “el portero está ‘asustao’, tira la falta Assunçao”. El mítico “speaker” definía así al que durante años fue el terror de las barreras en la Liga.

También brasileño, Marcos Assunçao fichó por el Betis en el verano de 2002. Llegó procedente de la Roma a cambio de unos diez millones de euros. Centrocampista elegante y fino que destacaba en una faceta del juego muy por encima de las demás: los lanzamientos de falta. Pocos en el mundo había como él en esta especialidad. En su debut en Riazor contra el Deportivo (2 – 4) se presentó. La primera diana del Betis aquel curso la marcó él, con un cohete (sin ser a balón parado) a la escuadra de la portería de Molina. Aquella tarde se coronó con tres libres directos que golpearon en el larguero.

Esta ejecución de Assunçao ante el Mallorca le dio al Betis el billete a la Champions Foto vía realbetisbalompie.es

Esta ejecución de Assunçao ante el Mallorca le dio al Betis el billete a la Champions
Foto vía realbetisbalompie.es

Assunçao tenía su propio rito, un sello personal que le hacía único. Tomaba poca carrerilla, sólo un paso y medio, y golpeaba el balón con el empeine interior de su pie derecho. Un disparo seco, muy colocado y que cogía altura al superar la barrera para ir cayendo después. Su porcentaje de acierto era muy elevado. Cada falta en las inmediaciones del área rival era peligro asegurado para el Betis.

Cinco temporadas de verdiblanco, en las que disputó más de 150 partidos repartidos entre Liga, Copa, Champions y Copa de la UEFA y marcó cerca de treinta tantos. Su culmen es la campaña 2004/2005. Once dianas que contribuyeron a la clasificación bética para la Champions y la consecución de la Copa del Rey. Su gol de falta superando a Moyá en Mallorca terminó siendo decisivo para que Serra Ferrer y los suyos fuesen cuartos en la clasificación final.

 

Edu y Oliveira, miembros de un tridente de oro

El tercero en discordia era Joaquín. Cualquier bético que se precie recitará de memoria la alineación del equipo que en 2005 logró el segundo título copero y que asomó la cabeza entre los mejores del continente. Los dos últimos nombres de ese once eran los de Edu y Oliveira, otros dos brasileños ídolos del Benito Villamarín.

Edu celebrando un gol al Barcelona Foto vía number1sport.es

Edu celebrando un gol al Barcelona
Foto vía number1sport.es

El primero aterrizó en Heliópolis procedente del Celta. En Vigo había completado buenas temporadas, pero el descenso celeste propició su llegada al Betis. De verdiblanco jugó cinco campañas en las que se ganó a pulso ser una de las grandes referencias de una afición que le admiraba por su fútbol, pero también por su entrega. Edu lo dejaba todo en el campo, peleaba cada pelota como si fuese la última, poseía un remate de cabeza muy poderoso y, para colmo, firmó goles decisivos, como el que endosó al Mónaco en la ida de la fase previa de la Champions o los dos que significaron una permanencia agónica en Santander en el sufrido curso 2006/2007.

No menos importantes fueron las contribuciones de Ricardo Oliveira. Después de no triunfar en el Valencia, el delantero brasileño se salió en el Betis. Vivía con la portería entre ceja y ceja. Goleador voraz, muy rápido en los últimos metros y letal en la definición. 22 tantos logró en Liga en su primer año, marcó en la final de Copa y decidió la previa con el Mónaco con un doblete en el Principado. Al siguiente, se lesionó de gravedad durante un duelo de Champions contra el Chelsea y su equipo lo notó sobremanera.

Oliveira, durante su segunda etapa en el Betis Foto vía pasionfutbol.com

Oliveira, durante su segunda etapa en el Betis
Foto vía pasionfutbol.com

El verano siguiente, Lopera lo vendió al Milan por unos quince millones de euros y en el ejercicio 2008/2009 lo volvería a llamar a filas en invierno para intentar salvar una nave camino del descenso. Los seis goles marcados por Oliveira en aquella segunda vuelta no ayudaron a mantener al Betis en Primera. Pese a este mal trago, su huella en la mitad bética de Sevilla es imborrable.

 

Robert, solución de urgencia en invierno

Cuando Oliveira se lesionó, el Betis acudió al mercado invernal para buscar un sustituto de garantías. Encontró a Robert de Pinho, futbolista del PSV Eindhoven. Delantero fuerte y con un disparo muy potente. Nunca hizo olvidar al ex del Valencia, pero cumplió. En la segunda vuelta de la temporada 2005/2006 jugó 17 encuentros en los que marcó siete goles. Nueve en 29 hizo en la 2006/2007.

Damiao: El Betis siempre recibió muy bien a los brasileños

Aunque terminó siendo suplente, su aportación fue importante (sobre todo si la comparamos con la de su compatriota Tardelli, llegado en el mismo periodo y con un rendimiento bastante pobre) para que un Betis que ya vagaba por la Liga en los peores años de la “era Lopera” se salvase durante dos campañas seguidas. Robert se marchó en el verano de 2007 al fútbol árabe. Jugó en el Al-Ittihad y siguió dando pasos para ser un trotamundos del fútbol: Brasil, Holanda, España, México, Arabia Saudí o Corea del Sur le han visto jugar. Hoy tiene 34 años y juega en la Segunda División brasileña, en el Boa Esporte Clube.

 

Sobis, mucha calidad con poco gol

Fue uno de los nombres propios del Internacional de Porto Alegre campeón de la Copa Libertadores en 2006. Jugador muy técnico y habilidoso, al más puro estilo brasileño. Lo fichó el Betis y en Sevilla completó dos temporadas en las que dio claras muestras de su calidad, pero aportó poco gol. Aunque sus técnicos (Javier Irureta, Luis Fernández, Héctor Cúper y Paco Chaparro) solían colocarle en punta, sólo pudo marcar unos diez tantos en casi sesenta partidos.

Sin embargo, Rafael Sobis dejó un grato recuerdo por sus buenos gestos con el balón, su movilidad y su desborde. Quizá su estilo invitaba a verle jugar en una posición más retrasada, pues era un futbolista creativo y con visión. Una de sus acciones de mayor impacto en la Liga fue su gol en el Camp Nou cercano el desenlace del choque en la recta final del campeonato 2006/2007. Aquel tanto salvó un punto de forma agónica para un Betis que acabó salvándose y le quitó el liderato al Barça de Rijkaard y Ronaldinho. Cuando anotaba solía ser decisivo. También sabe lo que es marcar al eterno rival, con un doblete en el Sánchez Pizjuán.

Sobis con su actual equipo, Tigres de la UANL Foto vía 100x100fan.com

Sobis con su actual equipo, Tigres de la UANL
Foto vía 100x100fan.com

Después de abandonar Heliópolis, Sobis vivió una experiencia en el Al-Jazira, de los Emiratos Árabes Unidos, antes de volver a Brasil. Retornó al Internacional y jugó en el Fluminense, dos de los históricos de su país. En la actualidad, se encuentra en México, defendiendo los colores de Tigres de la UANL.

 

Iriney, representante del cambio de tendencia en Brasil

Es sabido por todos los aficionados que la idiosincrasia del fútbol brasileño ha cambiado. Antes, en el país de la samba mandaban los jugadores artistas, de calle, magos de la pelota, anárquicos y románticos. Podría hacerse una lista interminable con nombres que poseían estas condiciones. Desde hace algún tiempo, en la Canarinha se ve menos improvisación y más táctica y físico. Los últimos brasileños fichados por el Betis en la presente década corroboran este hecho.

Mehmet Aurelio vino procedente del Fenerbahce. No jugaba con Brasil sino con Turquía, y con esta selección alcanzó las semifinales de la Eurocopa de 2008. No tuvo fortuna de verdiblanco: descenso en su primera temporada y a las puertas del ascenso en la segunda. Asentado el Betis en la Liga Adelante, llegó Roversio, un central cedido por Osasuna. En el mercado invernal de la temporada 2011/2012 lo hizo Paulao, otro zaguero muy fuerte y alto cuyo rendimiento fue de más a menos. Comenzó muy bien y terminó sufriendo un descenso traumático con un episodio para el olvido en Vallecas, donde su mala actuación le hizo pedir el cambio.

Leo Baptistao, delantero a préstamo por el Atlético, y Petros, son los dos jugadores brasileños más recientes fichados por el Betis, antes de Damiao. Desde 2010, el brasilero que más éxito tuvo y mejor recuerdo dejó en el Benito Villamarín fue, sin duda, Iriney Santos. Un todoterreno nacido en Humaitá, en el Estado del Amazonas, que llegó a ser capitán y que fue ovacionado en múltiples ocasiones por la grada.

Iriney, un referente para la afición del Betis Foto vía realbetisbalompie.es

Iriney, un referente para la afición del Betis
Foto vía realbetisbalompie.es

Centrocampista defensivo, muy físico y trabajador. Un destructor de juego que lideró al Betis en una época delicada. Pepe Mel le dio galones en la Liga Adelante y le otorgó la capitanía en el regreso a la élite. Iriney nunca se empequeñecía. Se vaciaba en el terreno de juego y recuperaba balones de una manera incansable. Hizo una buena carrera en España con las zamarras de Rayo Vallecano, Celta de Vigo, Almería y Granada, además de la del Betis, antes de irse a Inglaterra para competir con el Watford. A sus 34 años, un pulmón con mucho corazón se encuentra sin equipo. Un brasileño que emocionó a su hinchada desde el corte y no desde la creación.

 

En esta lista también habría jugadores que no pudieron triunfar en su etapa en el Betis. Es el caso de Lima, un central que llegó en verano de 2007 que nunca se adaptó y al que atacaron las lesiones, el mencionado Tardelli, Jorge Wagner o Fabao. Aunque lo normal es que el acento brasileño triunfe en la parte verdiblanca de la capital de Andalucía. En la actual plantilla ya son dos: Damiao, con contrato hasta el próximo 30 de junio, se une a Petros, quien ya es alguien importante en el vestuario y para la grada.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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