Cuando el Chelsea cayó en el Villamarín

Foto vía oclise.com

Frase atribuida a Pelé: «cuanto más difícil es la victoria, mayor es la felicidad por ganar». Si enfrente hay un rival superior y encima todas las circunstancias, los hechos que ocurren durante un partido, van en contra, la única posibilidad de vencer se encuentra en el esfuerzo: correr el doble, ser inteligente, saber sufrir, vaciarse… Máxima para cualquier David que se mida a un Goliat.

Un 1 de noviembre de 2005, hace una década, el Betis tuvo que escalar a un Everest deportivo muy justo de efectivos. Aquella noche, se presentaba en el Benito Villamarín el equipo más en forma de Europa. Hacía dos años que el multimillonario ruso Roman Abramovich había comprado el Chelsea, y su aparición en el mundo del fútbol fue muy ruidosa: fichajes caros, entrenadores de primer nivel… Casi todo lo que destacaba en el viejo continente era contratado por el club londinense, el más poderoso del planeta cuando aterrizó en Sevilla para jugar contra el Betis.

En Heliópolis se vivía de aquellas un sueño. La campaña 2004/2005 terminó de manera extraordinaria para los verdiblancos: campeones de Copa y cuartos en Liga. Disputar la Champions se convirtió en realidad en agosto de 2005, tras superar una dura fase previa contra el Mónaco. Si el primer escollo había sido complicado, el sorteo de la primera fase deparó una suerte aún peor para el Betis.

El grupo más difícil posible

Aquella temporada, la UEFA permitía que dos equipos ingleses compartiesen un grupo. El Liverpool de Rafa Benítez era el vigente campeón de Europa (por quinta vez en su historia) después de la famosa y heroica final de Estambul contra el Milan, pero en la Liga inglesa había quedado quinto, por detrás del Everton (al que eliminó el Villarreal en la previa) y fuera de las cuatro plazas que dan acceso a la Champions en la Premier League. En un principio, y según una nueva normativa que obligaba a clasificarse para la máxima competición continental a través del campeonato liguero de cada país, los reds se iban a quedar sin la posibilidad de defender su título. Esa regla se rompió a raíz del gran éxito del conocido como Spanish Liverpool, por la gran cantidad de españoles en sus filas.

Era una posibilidad y se dio. Dos ingleses juntos, y uno de sus rivales el Betis. Los heliopolitanos ocupaban una bola en el bombo 4, y el sorteo les colocó en el terrible grupo G, con el Liverpool, cabeza de serie, el Chelsea y el Anderlecht. Si había ganas de Champions, los aficionados béticos iban a quedar saciados.

El Liverpool de Benítez fue el primer rival del Betis en la Champions Foto vía eldesmarque.com

El Liverpool de Benítez fue el primer rival del Betis en la Champions
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El estreno fue en casa, ante el Liverpool. Un Betis nervioso y demasiado precipitado tuvo una puesta en escena muy mala, con dos goles encajados en los primeros catorce minutos. Marcaron Sinama-Pongolle y el español Luis García. Se recompusieron de forma milagrosa los de Lorenzo Serra Ferrer y Arzu logró reducir diferencias, definiendo en el mano a mano con Reina al poco de empezar una segunda parte que fue un asedio verdiblanco. Mereció la igualada el Betis, que acabó pagando el pésimo comienzo de encuentro ante un Liverpool más experimentado.

Los puntos perdidos en la primera jornada pudo recuperarlos el conjunto andaluz en su primer desplazamiento, en el Constant Vanden Stockstadion de Bruselas, frente al histórico Anderlecht. El Betis jugó un magnífico partido en el feudo del campeón belga, que se encomendó a su portero, Proto, y a los postes: cinco balones estrellaron en el palo los jugadores béticos. Aun así, la fecha del 28 de septiembre de 2005 pasó a la historia como la de la primera victoria en Champions de los verdiblancos. Marcó Oliveira, bien entrada la segunda mitad. Finalizado el choque, el Betis era tercero de grupo, por detrás de Liverpool y Chelsea, que empataban a cuatro puntos tras el 0 – 0 firmado por ambos en Anfield Road. Tocaba el momento culmen: los dos partidos contra el todopoderoso equipo de Londres.

Oliveira celebra su gol al Anderlecht, con el portero Proto en segundo plano Foto vía abc.es

Oliveira celebra su gol al Anderlecht, con el portero Proto en segundo plano
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Las diferencias, tanto en el presupuesto como en el nivel de las plantillas, eran abismales. El Chelsea tenía en el banquillo al que por entonces era el entrenador de moda en Europa. La figura de José Mourinho tuvo un gran impacto en el fútbol por su carácter. A la gente le sorprendía alguien que era capaz de autodenominarse The Special One y al que no le iba (ni le va hoy en día) lo políticamente correcto, ni en el campo ni en las ruedas de prensa.

Con su particular y único estilo, Mourinho había hecho campeón de Europa al Porto (así se llama, y no Oporto) y creado un Chelsea arrollador en Inglaterra: ganador de la Premier en su primera temporada con 95 puntos y perdiendo un único duelo en toda la competición. Drogba, Lampard, Terry, Cech, Carvalho, Robben, Joe Cole, Makelele, Essien o Gudjohnsen eran los rivales a evitar por todos los grandes clubes europeos. Temibles por su juego intenso, vertical y muy trabajado tácticamente por su polémico míster.

Lampard, Mourinho y Terry celebran la Premier conquistada en 2005 Foto vía bleacherreport.com

Lampard, Mourinho y Terry celebran la Premier conquistada en 2005
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Posiblemente, el técnico portugués no habría podido adivinar su derrota en Heliópolis después del repaso del Chelsea en la primera cita (4 – 0). En el oeste de Londres impusieron su ley Drogba, Carvalho, Joe Cole y Hernán Crespo. Stamford Bridge era un estadio casi imposible de batir: un año y medio sin victorias visitantes cuando un Betis barrido y sin opción alguna jugó allí. Ningún europeo que se precie, sólo los románticos hinchas béticos, apostaría a que Lorenzo Serra Ferrer y los suyos darían la campanada en su campo.

Contra todos los elementos

Era 1 de noviembre de 2005. El Benito Villamarín presentaba un aspecto inmejorable. Más de 45 mil creyentes haciendo un ruido infernal en la grada y los dos equipos a escena. Los de verdiblanco, con el papel de víctima; los de azul, claros favoritos. Los once de Serra Ferrer: Contreras; Varela, Juanito, Nano, Melli; Arzu, Rivera; Joaquín, Capi, Edu y Oliveira. Los de Mourinho: Cech; Paulo Ferreira, Terry, Carvalho, Gallas; Essien, Makelele, Lampard; Joe Cole, Robben y Gudjohnsen. Ahora comparen.

El Villamarín, de gala para el histórico Betis - Chelsea Foto vía videosdelbetis.com

El Villamarín, de gala para el histórico Betis – Chelsea
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Por si la dificultad fuera poca, el Betis (en puestos de descenso tras un inicio muy pobre en la Liga) perdió a dos futbolistas titulares en la primera parte. Lesiones graves del central Nano y de Ricardo Oliveira. El delantero brasileño era el hombre gol de los béticos, el máximo anotador de la campaña anterior con más de veinte tantos. Su rodilla hizo crack ante el Chelsea. Le sustituyó Dani. El canterano, del barrio de Triana, ya había sido héroe marcando el 1 – 2 definitivo en la final de Copa jugada en junio contra Osasuna, en el Vicente Calderón. El fútbol le tenía reservado otra vez ese papel, en el momento más difícil y ante el rival más duro.

Con la estrella lesionada y dos cambios gastados (por Nano entró el lateral zurdo italiano Castellini), Capi recibió un balón en banda izquierda y envió un pase raso para la entrada de Edu en el área. El brasileño, en un gesto de enorme calidad, dejó pasar la pelota entre sus piernas y esta le cayó a Dani. El atacante sevillano controló con la derecha y golpeó con la zurda batiendo a Cech. El árbitro no intervenía para anular la jugada. Era el minuto 27 y el Betis iba por delante. Locura en las gradas del Benito Villamarín.

Dani celebra el gol con los jugadores del Chelsea pidiendo fuera de juego Foto vía abc.es

Dani celebra el gol, con los jugadores del Chelsea pidiendo fuera de juego
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Lo que vino a partir de ahí fue un ejercicio de resistencia. El Chelsea era superior, por eso tuvo más ocasiones y atrincheró al Betis. Mourinho no quería formar parte del ‘sorpresón’ de la jornada de Champions y además se jugaba el liderato con el Liverpool, así que en el descanso entraron el voraz goleador marfileño Didier Drogba, al que había sentado, y el veloz extremo inglés Shaun Wright-Phillips. En la segunda parte también se incorporó el irlandés Damien Duff. Todos cambios ofensivos para buscar la remontada ante un debutante en el torneo de élite del fútbol europeo que se había propuesto romper todas las quinielas.

Los jugadores del Betis aunaron esfuerzos y aguantaron el acoso y derribo blue. Alberto Rivera fue el jugador más destacado. El centrocampista de Puertollano no paró de correr y recuperar balones durante los noventa minutos. Tal fue su exhibición que Lopera afirmó el interés, nunca demostrado, de Abramovich por él. Otra de las muchas historias que originó el encuentro.

Essien se acercó al empate. El ghanés, medio muy fuerte y llegador, disparó con muy mala intención en una de sus apariciones en el área. La suerte decidió hacerse bética. En los dos palos pegó la pelota antes de ser atajada por Contreras. Los de Mourinho desaprovecharon su gran ocasión para empatar y el Betis tiró de oficio para llegar hasta el final. Cuando el árbitro, el luxemburgués Alain Hamer, pitó el final, el luminoso del Benito Villamarín mostraba un increíble Betis 1 – 0 Chelsea, pese a que toda Europa apostaba antes del comienzo a cuántos goles marcarían los campeones ingleses en Sevilla.

De izquierda a derecha: Del Horno, Joe Cole, Joaquín y Makelele durante el Chelsea - Betis en Stamford Bridge Foto vía ondabetica.es

De izquierda a derecha: Del Horno, Joe Cole, Joaquín y Makelele durante el Chelsea – Betis en Stamford Bridge
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El Chelsea era mejor en todo: tenía más físico, mejores futbolistas, más dinero para reforzarse y un entrenador codiciado y carismático. El Betis se empeñó en ganarle, y le ganó. Se le lesionaron dos jugadores, uno de ellos el más importante (caro peaje), y sufrió toda la segunda parte, pero sumó tres puntos de oro.

Aquella campaña fue agridulce. Mala planificación veraniega, con escasos fichajes y de un nivel bajo para afrontar tres competiciones. El final de la fase de grupos de la Champions no fue el deseado. El Betis logró empatar, en otro meritorio encuentro, en Anfield (0 – 0). El punto obtenido ante el Liverpool le dejó sin opciones matemáticas de jugar los octavos de final. Eliminados, la mejor manera de despedirse de la máxima competición de clubes del mundo era ganando como local a un débil Anderlecht, que llegaba al Villamarín sin haber puntuado. La mala situación en Liga obligó a Serra Ferrer a reservar futbolistas y los belgas se impusieron (0 – 1).

Terceros con siete puntos y clasificados para la Copa de la UEFA, donde les eliminaría el Steaua de Bucarest en octavos de final. La permanencia fue lo máximo que pudo conseguir el entrenador balear en la segunda temporada de su segunda etapa en Heliópolis. Para el recuerdo de aquel curso, que empezó con mucha ilusión y terminó con más pena que gloria, queda un 1 de noviembre en el que el mejor equipo del momento cayó, contra todo pronóstico, en un Benito Villamarín abarrotado. Al fin y al cabo, el dinero no lo es todo en el fútbol.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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