Calderón quiere ser el bueno de los cinco

Gabriel Humberto Calderón debuta mañana en Balaídos como entrenador del Betis. El argentino declaró en su presentación que de aquí a final de temporada, el equipo verdiblanco jugará 18 finales por la permanencia y no quiere oír hablar de nada que no sea el partido ante el Celta.

Calderón se enfrenta a un doble reto. Por un lado levantar la moral de unos futbolistas hundidos en este momento para lograr una permanencia que sería histórica; por el otro acabar con una curiosa maldición que rodea al Betis relacionada con los entrenadores argentinos. Cuatro ha habido en el banquillo del Villamarín hasta su llegada, hasta ahora ninguno ha conseguido triunfar.

 

La maldición argentina

El primer técnico argentino que tuvo el Betis fue Felipe Mesones en la temporada 1991/1992 en Segunda División. Llegó al conjunto verdiblanco tras una larga experiencia como entrenador en España, sobre todo ligada a equipos modestos como el Murcia o el Elche. Varios ascensos lo contemplaban y Lopera confió en él para devolver al Betis a Primera a mitad de temporada, en sustitución del checo Josef Jarabinsky, que había iniciado la campaña. Remontó posiciones pero no alcanzó para ascender. Los béticos se quedaban en Segunda tras finalizar la liga terceros.

La siguiente temporada, el Betis encargó a otro argentino el objetivo del ascenso, en este caso Jorge D´Alessandro. A principios de los noventa, este entrenador, muy mediático actualmente, estaba muy cotizado gracias a la gran temporada que había realizado con el Figueres, al que había llevado a disputar la fase de ascenso a Primera División. Llegó al Betis con mucha fuerza avalado por su buena campaña en el cuadro catalán. Sin embargo, en Sevilla decepcionó. Su sistema de juego no convencía a Lopera, que comenzó a cuestionarlo. Los resultados no acompañaron y a mitad de temporada fue cesado. Le sustituyó José Ramón Esnaola, que tampoco consiguió el objetivo del ascenso. Este sería logrado la temporada siguiente con Serra Ferrer.

Pasarían algunos años hasta la llegada del siguiente argentino al banquillo de Heliópolis. En la temporada 1999/2000 aterrizó en Sevilla Carlos Timoteo Griguol, un entrenador metódico que había hecho escuela en Argentina y que poseía un buen currículum gracias a sus buenas temporadas en Gimnasia y Esgrima de La Plata, con quien había obtenido tres sub-campeonatos. Dirigió a una de las plantillas más caras de la historia del Betis, con jugadores como Denilson, Finidi, Alfonso, Karhan, Crosa o Vidakovic, pero la campaña fue un desastre. Griguol fue cesado por malos resultados en la segunda vuelta y el Betis acabaría bajando a Segunda División. Para la historia queda su frase en la previa del derbi contra el Sevilla en el Sánchez Pizjuán: «el Sevilla va a ser el sparring del Betis». Los sevillistas se impusieron por 3-0 dejando en evidencia al entrenador bético.

Finalmente, en la temporada 2007/2008 el entrenador sería Héctor Cúper. Los aficionados al fútbol en España recordarán sus extraordinarias temporadas con el Mallorca y el Valencia, al que llevó a disputar dos finales de Champions. Lopera confiaba en un técnico experimentado con fama de serio, trabajador y con mano dura para hacer que el Betis dejase atrás la línea descendente de las temporadas previas a su llegada. Le dio una plantilla reforzada con futbolistas como el portero portugués Ricardo, Pavone o Mark González pero de nuevo la liga fue una decepción. Sólo dos victorias en el registro de Cúper. El pobre juego y los malos resultados provocaron su despido en la jornada catorce tras perder ante el Atlético de Madrid. Paco Chaparro salvó la nave verdiblanca en una segunda vuelta fantástica.

Si a Calderón se le preguntase por estos datos referentes a los entrenadores argentinos del Betis, seguramente tiraría de tópico y diría que las estadísticas están para romperlas. Lo cierto es que el nuevo técnico tiene algo distinto al resto de compatriotas suyos que dirigieron al equipo verdiblanco: él es bético confeso. Se ha labrado ese sentimiento durante su brillante etapa como futbolista en el Villamarín. Ahora tiene la oportunidad de romper ese gafe. El quinto argentino en el banquillo quiere ser el bueno. Su primera parada es Vigo.

 

 

 

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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