El Betis, Europa y la «essigencia»

En el tercer año de mandato de la actual directiva y en el primero con Serra Ferrer y Setién al cargo de la parcela deportiva, se debate sobre los objetivos marcados este temporada y las opciones reales del club de jugar en Europa el año que viene.

En el beticismo hay un runrún. Un murmullo que se extiende por todas sus capas y alcanza las cotas más altas en redes sociales, donde se convierte en una verdadera batalla dialéctica, de cifras, opiniones, sentimientos y en no pocas ocasiones bilis contenida. Una lucha alentada por algunos medios de comunicación, sobre todo radios y periódicos de la capital hispalense, más si cabe acrecentada con la última victoria cosechada a domicilio contra el Alavés.

El punto de partida de este enfrentamiento es una pregunta sencilla y a la par fácil de contestar. ¿Debe el Betis competir en Europa? Sí.

Hasta ahí todo bien, el problema viene cuando se discute sobre todo lo demás. Los matices accesorios a esta pregunta son los que llevan a los béticos a las discusiones más airadas.

Las dos corrientes de pensamiento enfrentadas son perfectamente identificables y cuentan con sus propios nombres. Nos encontraríamos así con los llamados conformistas y con los essigentes (transcripción fonética de la pronunciación seseante de la ciudad).

Veamos las diferencias que se dan entre cada uno de ellos.

Por un lado, los que han sido denominados como conformistas creen que el objetivo principal del equipo este año no es clasificarse para Europa. Entienden que el proyecto deportivo del club debe consolidarse y que de momento se está yendo por un buen camino. Jugar en Europa sería bueno para el club, pero podría crear cierta inestabilidad al no contarse aún con una estructura sólida y sobre todo con una plantilla lo suficientemente amplia para ello, lo que podría llevar a un efecto yoyó que acabase con el equipo hundido por la carga que supone estar en tres competiciones.

Los essigentes por su parte defienden que no alcanzar este año puestos europeos sería una vergüenza para el club. El gasto en fichajes ha sido alto y se han traído jugadores de renombre y contrastados que permitieran dar un salto de calidad al club. Que otros equipos como el Eibar y el recién ascendido Girona estén peleando firmemente por clasificarse para la UEFA cuando tienen plantillas en teoría inferiores y con un menor presupuesto es una indignidad para este Betis, cuyos directivos y cuerpo técnico parecen no tener la ambición necesaria para devolver a este club donde le corresponde.

Tras todo esto no solo se esconde el tema de la clasificación europea. Subyace una manera de entender el fútbol y también las filias y fobias hacia los que ahora dirigen la entidad verdiblanca.

Hay muchos que señalan que Setién es un entrenador falto de la ambición y la experiencia necesaria para llevar a este equipo donde se merece y que su idea de juego de posesión y toque no es más que una fachada vacía. El equipo lo que debe hacer es ganar, ganar y ganar. No convence que se tenga el balón pero no se genere peligro y sobre todo no gusta la facilidad pasmosa que tienen los rivales para hacernos goles. Se achaca que la supuesta cabezonería del míster está respaldada por unos dirigentes, Haro y Catalán, que no están haciendo lo suficiente por el club y a los que se les recuerdan sus errores de años anteriores, así como la promesa que hicieron de que si no clasificaban a este equipo para Europa abandonarían la presidencia.

Estos aficionados están hartos de la época de Poyet y Sánchez del Amo en las que el equipo se arrastraba por los terrenos de juego, de las planificaciones de Torrecilla y Maciá en los últimos años, en la que llegaban futbolistas escandalosamente limitados para un club de Primera División. Están hartos de vivir del “manquepierda” y están hartos también de ver como el vecino y rival en la ciudad levanta títulos mientras su equipo coquetea con los puestos de descenso e incluso acaba bajando a la división de plata. No les falta razón aquí; este equipo tiene una masa social y una repercusión fuera de nuestras fronteras lo suficientemente amplia como para encontrarse en una mucha mejor posición.

Lorenzo Serra Ferrer durante su etapa como entrenador del club verdiblanco

Lorenzo Serra Ferrer durante su etapa como entrenador del club verdiblanco

El único que hasta ahora parecer librarse de las críticas es el vicepresidente deportivo, Lorenzo Serra Ferrer, figura muy querida en el club y al que se le hace responsable de los aciertos de planificación (no así de los errores), y no son pocos los que piden que vuelva a sentarse en el banquillo para rememorar así los viejos tiempos de gloria del club. Los fichajes traídos por el balear este año, en líneas generales, están rindiendo a un muy buen nivel y ha podido también finalizar la vinculación de algunos jugadores con la entidad.

Pero no harían mal muchos en recordar también que Serra, con sus aciertos y errores, ha sido traído por la actual directiva y hasta que se demuestre lo contrario está de acuerdo con el proyecto deportivo del que él mismo forma parte activa.

Y es precisamente el proyecto deportivo lo que defienden aquellos a los que se les llama conformistas. Entienden que este año por fin se están haciendo las cosas bien. No será necesario desmantelar el equipo la próxima campaña debido a que los fichajes no son válidos. También, por primera vez en mucho tiempo, se tiene a alguien encargado de la parcela deportiva que mira por el club y que sabe lo que hace, el propio Serra. Además, el equipo al menos tiene una idea de juego, un método a seguir, que si bien es verdad que no siempre ofrece resultados, da cierta personalidad al equipo. En definitiva, que Roma no se construyó en una hora y que se están instalando unas bases sólidas sobre las que sustentar el Betis de los próximos años.

Dos visiones tan válidas como cualquiera, tan respetables como las de todos los aficionados, pero que sin embargo están causando agrios debates en las que unos y otros se acusan de no ser “lo suficientemente béticos”. Unos por querer desestabilizar al club y los otros por mantenerse en la mediocridad. La prensa lamentablemente también está ayudando a que esto se polarice cada vez más con determinadas actitudes y maneras de analizar el devenir del equipo.

Desde los organismos oficiales siempre se ha sido muy cauto con decir que este Betis debía clasificarse para Europa, algo que no ha sentado nada bien a la facción más “essigente”. Las declaraciones de algunos jugadores, y más recientemente de Serra Ferrer y el propio Haro, sobre las posibilidades reales de quedar en puestos UEFA han calmado un poco los ánimos. Vista la dinámica del equipo, las jornadas que restan y la clasificación sería contraproducente no decir que este equipo debe luchar por ello. Aunque para algunos estas palabras llegan tarde y motivadas por las circunstancias actuales.

Sin duda Setién, y su segundo Eder Sarabia, muy activos ambos en redes sociales, conocen perfectamente las polémicas y debates que se han generado en Twitter y otras redes sociales. Ha sido el entrenador cántabro precisamente el último en sacar el tema a relucir en la rueda de prensa previa al partido contra el Alavés, afirmando que clasificar al equipo para Europa no solo le reportaría prestigio deportivo, sino una suculenta prima monetaria pactada en su contrato con el Betis, por lo cual la idea de que prefiera no hacerlo es en todo punto absurda. Sigue, no obstante, mostrándose cauto, no queriendo marcar objetivos con el fin de no crear falsas expectativas o desilusión en caso de no alcanzarlos.

¿Será verdad que el míster carece de la ambición suficiente o más bien que como él mismo afirma piensa más en el largo plazo y en consolidar antes su idea, la plantilla y el papel de la cantera para el crecimiento del club? No cabe descartar esta última opción en un hombre tan cauto y consumado aficionado al ajedrez. Alguien que siempre parece estar planeando el siguiente movimiento.

Por suerte, las redes sociales no son un reflejo real de la sociedad, sino un medio fácil a través del cual decir mucho y hacer poco; un lugar de enfrentamientos fáciles y poca crítica constructiva. El aficionado que va a animar cada fin de semana al estadio (o lunes) parece feliz de momento con lo que ve sobre el terreno de juego. Será a final de temporada cuando tocará poner sobre la balanza los aciertos y errores de este año, sentarse, valorar y ver hacia dónde va este club. Directivos, cuerpo técnico y jugadores deberán hacer una autoevaluación sobre su actuación. Los aficionados deberemos también dictar sentencia sobre si estamos conformes o no con los resultados, si seguimos otorgando nuestro respaldo a este proyecto o decimos basta.

De lo que no cabe duda es que el Betis está por encima de todos nosotros y que debe llegar mucho más lejos de lo que lo ha hecho estos últimos años y consolidarse, haciendo así justicia a todos los sufridos “béticos del universo”.

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