Betis 2015/2016: Rubén Castro, Adán y los duelos directos

Las dudas y la inestabilidad parecen parte del ADN del Betis. Han vuelto a estar presentes en la temporada 2015/2016. Esta terminó bien, en una décima posición que significará una gran cantidad de ingresos para el club, pero por el medio se cobró a un entrenador, a un presidente y a un director deportivo. En Heliópolis se comenzó la campaña del retorno a Primera con Pepe Mel en el banquillo, Eduardo Macià como encargado del diseño de la plantilla y Juan Carlos Ollero en la presidencia. Ninguno de los tres permanece en su cargo acabado el año.

El primero en abandonar fue Pepe Mel. El técnico madrileño, venerado no hace tanto, sufrió un desgaste tremendo. A la pérdida de popularidad entre los aficionados la acompañaban unos resultados muy negativos en casa, llegó a acumular cuatro derrotas seguidas y sólo fue capaz de ganar un partido en toda la primera vuelta como local, y un pobre juego. Tras perder ante el Sevilla en Copa (0 – 2) y frente al Getafe (1 – 0) en Liga fue destituido.

Lo dejó en enero con veinte puntos, cinco de ventaja con respecto al descenso. Y por cinco puntos mejoró su balance en la segunda vuelta su sucesor, Juan Merino. Sólo unas semanas más tarde del cese de Mel era Juan Carlos Ollero el que se marchaba. El expresidente presentaba su dimisión y dejaba su sitio a Ángel Haro, líder junto a José Miguel López Catalán de la candidatura que accedió al poder en el Betis en la Junta de Accionistas del pasado septiembre. Con la marcha de Ollero, Macià perdió a su gran valedor en las oficinas del Benito Villamarín. El valenciano, muy criticado por los medios, fue agotando su crédito hasta que se prescindió de sus servicios en abril, apenas un año después de su contratación.

 

Permanencia holgada gracias a los duelos directos

A Macià le devoró un entorno muy complicado al que ahora intenta coger el pulso Miguel Torrecilla. Mientras los cambios se sucedían en los despachos, Merino se dedicaba a intentar amarrar la permanencia. El entrenador linense no mejoró el mal juego del Betis, pero obtuvo los resultados necesarios para asegurarse el seguir un año más en la élite. Además, lo hizo con relativa solvencia. La salvación matemática no se produjo hasta la penúltima cita, empate en el campo del Eibar (1 – 1), aunque fue virtual después de vencer a Las Palmas en el Villamarín por 1 – 0 tres jornadas antes.

Merino no enamoró, pero sumó. Mejoró los pobres registros de Mel en casa (sólo dos derrotas), arropó al equipo atrás, pulió el débil balón parado y sumó puntos fundamentales ante sus principales rivales. El Betis ganó la diferencia de goles particular a seis de los diez conjuntos que ha dejado por debajo. Este poderío en los enfrentamientos directos terminó siendo decisivo.

Van Wolfswinkel y Rubén Castro se abrazan tras el gol del holandés a Las Palmas en el Villamarín Foto vía laliga.es

Van Wolfswinkel y Rubén Castro se abrazan tras el gol del holandés a Las Palmas en el Villamarín
Foto vía laliga.es

En la segunda vuelta, los verdiblancos ganaron a Las Palmas, Valencia, Espanyol, Granada, Getafe y Levante. Igualaron ante Eibar, Deportivo, Sporting y Rayo Vallecano. Es decir, Merino se va sin haber perdido ni una sola vez contra los equipos que acabaron entre la undécima y la última posición (la segunda mitad de la tabla). Todas sus derrotas fueron contra rivales que finalizaron entre los diez primeros. Muy determinante.

 

Rubén Castro y Adán, los mejores

El Betis se hizo fuerte en las denominadas finales por la permanencia. Tiró de oficio y recurrió a sus buenas individualidades para salir airoso de un curso difícil. Dos futbolistas destacaron por encima del resto, uno en cada área: Rubén Castro y Antonio Adán.

El delantero canario, que el mes que viene cumple 35 años, marcó más goles que nunca en Primera División. Un total de 19. Cifra que bate su récord personal, establecido en 18 en la campaña 2012/2013. Superó a Fernando Torres, Gameiro o Paco Alcácer, se quedó a uno del máximo goleador nacional, Aduriz, e hizo los mismos que Bale, con la diferencia de que uno juega en el Real Madrid y otro en el equipo menos anotador del campeonato, con 34 dianas en las 38 jornadas disputadas. 19 de esos 34 tantos llevan la firma de Rubén Castro. Es el 55% de los goles del Betis. Tremendo dato y tremenda su temporada.

Rubén Castro, rodeado por Iturra y Trashorras, del Rayo Foto vía laliga.es

Rubén Castro, rodeado por Iturra y Trashorras, del Rayo
Foto vía laliga.es

En el otro lado, Adán se destapó como el portero que más paradas hizo de la categoría, un total de 129. Fue clave en el ascenso y ha vuelto a serlo en la permanencia. El meta madrileño sólo se perdió dos jornadas, contra el Celta en la primera vuelta por lesión y en el cierre de la Liga frente al Getafe por sanción, y se ha reivindicado con actuaciones salvadoras e intervenciones imposibles. Seguridad y determinación. Incluso sonó para ser llamado por Vicente del Bosque. Ahora mismo, uno de los pilares básicos del Betis.

 

Van der Vaart, gran decepción; Pezzella y Musonda, los fichajes

De las operaciones realizadas por Macià, ninguna causó tanto impacto como el fichaje de Rafael Van der Vaart. El internacional holandés aterrizó en Heliópolis rodeado por la aureola de optimismo que acompaña a las grandes estrellas. Le recibió un Villamarín abarrotado para su presentación. El proyecto comenzaba fuerte. Sin embargo, su campaña ha sido frustrante.

A Van der Vaart, llamado a marcar diferencias y a ser uno de los nombres propios, le lastraron las lesiones en el comienzo de la temporada. Nunca se puso a tono. Con Mel jugaba muy poco, con Merino ni en las convocatorias entraba. Hace un año era el fichaje. Ahora está mucho más fuera que dentro del Betis. Sólo cuatro titularidades y diez convocatorias entre Liga y Copa, 298 minutos oficiales jugados, ningún gol y una asistencia. El fiasco ha sido estrepitoso.

Van der Vaart, el día de su presentación Foto vía realbetisbalompie.es

Van der Vaart, el día de su presentación
Foto vía realbetisbalompie.es

El centrocampista neerlandés es el fracaso siempre achacado a Macià, quien tampoco tuvo fortuna con las apuestas por el defensa egipcio Tarek (cedido en invierno al Columbus Crew de la MLS y recientemente al Zamalek de Egipto tras no jugar ningún minuto oficial con el Betis) y por el delantero brasileño Damiao. Sus dos grandes aciertos fueron Pezzella y Musonda, dos jugadores jóvenes y con proyección que han tenido un muy buen rendimiento.

En el caso del central argentino, las prestaciones han ido de menos a más. El ex de River Plate comenzó mal, pidiendo a gritos tiempo para adaptarse. El alemán Westermann ocupó su sitio hasta que se lesionó en el Camp Nou en diciembre. Con el cambio de Mel por Merino y la preferencia por un modelo basado en la acumulación de hombres atrás, Pezzella salió ganando. En la segunda vuelta se destapó como un zaguero muy contundente en las distancias cortas y fuerte a balón parado. Ha terminado como segundo máximo goleador del Betis, con tres tantos.

Merino mejoró los números de Pepe Mel Foto vía laliga.es

Merino mejoró los números de Pepe Mel
Foto vía laliga.es

Por su parte, el belga Musonda llegó en invierno, a préstamo por el Chelsea, para solucionar la falta de creatividad y desborde. Jugó casi siempre por banda, hizo un tanto, dio una asistencia y tuvo un impacto tremendo en el campeonato. Se diluyó un poco con el paso de las jornadas, pero su paso por el Betis ha sido muy positivo. Es difícil que continúe la próxima campaña, pese a que el futbolista ha dicho varias veces que está muy cómodo en Heliópolis.

En el curso recién terminado, se ha visto también un enorme crecimiento de varios jugadores que ya formaron parte del grueso que obtuvo el ascenso. Un ejemplo es el de Bruno González. El central de Las Galletas (Tenerife) forma parte del elenco de indiscutibles. La defensa nota su ausencia. Rápido en los cruces y con importante poderío físico. Ha ampliado su contrato hasta 2019.

Otro que ha vivido su primer año en Primera División ha sido Dani Ceballos. El utrerano es un diamante en bruto, con una calidad inmensa y un potencial por explotar. Su debut en la élite empezó empañado por la incertidumbre por su continuidad (lo que le valió algún rapapolvo de su afición), pero ha acabado con buen fútbol y titularidad en la mediapunta o el doble pivote. Junto a Fabián -en el ostracismo con Mel y disputando muchos minutos con Merino- es la gran promesa de la cantera heliopolitana.

 

El regreso de Joaquín

La temporada 2015/2016 es la del regreso de Joaquín a su club de origen. Su fichaje se produjo el último día del mercado de verano, después de unas negociaciones muy duras con la Fiorentina. Ilusión y alegría antes de comprobar una realidad: el portuense ya no tiene veinte años. Conserva intacta su calidad, pero ya no es tan explosivo y le cuesta más aguantar los noventa minutos.

Eso le costó críticas, perder la titularidad y ver algún que otro partido desde la grada. Su mejor versión se vio cercano el desenlace de la campaña. Merino optó por hacerle jugar más centrado y así se aprovecharon sus buenas cualidades técnicas. Terminó la Liga como el máximo asistente del Betis. Hasta cinco pases de gol dio el gaditano en todo el campeonato. Su único tanto se produjo en El Molinón en la jornada 6: victoria bética por 1 – 2 contra el Sporting.

Joaquín atiende a los medios tras su "debut" ante la Real Sociedad Foto vía laliga.es

Joaquín atiende a los medios tras su «debut» ante la Real Sociedad
Foto vía laliga.es

Si hiciéramos una lista de jugadores que han tenido un buen rendimiento con el Betis en ella aparecerían N’Diaye (seguramente la mejor temporada de su carrera profesional), Petros (otro de los fichajes acertados de Macià), Cejudo (entre los diez con más minutos disputados), Montoya (otra incorporación invernal) o Piccini (indiscutible en el lateral diestro hasta su grave lesión de rodilla en enero, que motivó la llegada del mencionado Montoya). Irregulares Vargas y Westermann (estuvieron bien cuando las lesiones les respetaron), Molinero (a la sombra de Piccini y Montoya) o Kadir (mejoró un poco con Merino, pero será uno de los que abandone el Betis en verano).

Muy secundarios Xavi Torres, Dani Giménez (que ha renovado por su buen hacer las pocas veces que Adán no estuvo disponible), Jorge Molina (que se despidió del Villamarín después de seis campañas de intachable compromiso), Portillo (al que la grada reclamó bastantes veces ante la ausencia de creatividad) o Van Wolfswinkel (al que quizá se le dieron pocas oportunidades). Muy decepcionantes los mencionados Van der Vaart, Tarek y Damiao, Digard (las lesiones impidieron ver sus cualidades), Varela (apenas contó) y Vadillo (ni en onces ni en convocatorias).

En definitiva, un Betis correcto y que ha hecho los deberes con tiempo pero sin brillantez. Mal juego, buenos resultados, 45 puntos y la enorme espina de no haber sido capaz de ganar ni de marcar un solo gol al Sevilla, su eterno rival, en los cuatro derbis disputados (dos de Liga y dos de Copa). Con sus defectos y sus virtudes, los heliopolitanos han finalizado décimos y se han asegurado una buena cantidad de dinero para planificar su plantilla de cara al siguiente ejercicio. Torrecilla es el nuevo director deportivo y Gustavo Poyet su apuesta para el banquillo. Dicen que el año posterior a un ascenso es muy duro. El Betis lo ha superado. Por delante, un verano muy largo (e importante) hasta volver a la competición.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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