La procesión de Simeone Santo

Simeone | Foto: futbolargentinos.com

Tiempo de Semana Santa, tiempo de procesiones y de llevar a cuestas el Cristo de tal, la Virgen de no sé cuál y demás santos que tengan que ver con la religión cristiana-católica. En la devoción colchonera hay un hombre que viene siendo llevado en volandas durante los últimos 6 años; Diego Pablo Simeone.

El argentino llegó allá por diciembre de 2011 para entrenar a un club que empezaba a mirar más hacia el descenso, que a puestos europeos. Pues en estas, llega un señor de cuarenta y pico ya y leyenda del club, para bajarse al barro, enseñarles sus valores y los valores del club a una plantilla de 25 jugadores. Al más puro estilo de la biblia, el argentino hizo con el Atleti la de »Lázaro, levántate y anda». Y vaya que si se levantó. De estar en mitad de tabla, a casi birlarle la plaza de Champions al Málaga y llevarse a todo cristo por delante en la Europa League. Primer título que alzaba Simeone con los rojiblancos como entrenador.

Al año siguiente abrió las aguas del Manzanares y rompió la maldición que llevaba el Atlético de Madrid con el Real Madrid. Desde el año 2000 no se le mojaba la oreja al vecino. Pero fueron los Falcao, Diego Costa y compañía y decidieron tomar el templo blanco en la final de Copa del Rey. Otro título para casa.

Simeone decidió ir a mas, meterse en la travesía del desierto con días de calor, fatiga en las piernas, etc. Para conseguir el campeonato de liga. Tras 38 jornadas peleando con dos transatlánticos, el Atlético de Madrid conquistó el preciado trofeo en el Camp Nou. David… Digo, el Atleti, había cogido su onda y acabó derribando a Goliat. Pero, una semana más tarde las piernas aguantaron hasta casi el final y la Champions se le resistió al Atlético de Madrid. Tras esto, vinieron los mercaderes para llevarse a ciertos jugadores. ¿Qué hizo Simeone? Tuvo que poner la otra mejilla. Los Diego Costa, Courtois, Filipe Luis, hacían las maletas. Aun así el club, consiguió alzarse con la Supercopa de España en agosto.

Dos años después, el Atleti y con hijos pródigos habiendo vuelto a casa, como Fernando Torres y Filipe Luis, se plantaba en otra final de Champions y, otra vez ante el Real Madrid. Pero, el señor de arriba quiso que la moneda cayera de nuevo ante el lado del »millonetis». Tanta pelea ante campeones como PSV, Barcelona y Bayern, para nada. Lejos de achantarse, Simeone y su tropa volvieron con fuerza, pero en semis, una vez más los merengues mandaban a casa al Atleti en el Vicente Calderón, en una noche, en la cual, la mitología griega se impuso a la católica. Neptuno hizo que cayera agua por todos los lados y, como si una fiesta pagana se tratara. Los indios se pusieron a cantar y vitorear a su equipo y Simeone. Algunos seguirán sin entenderlo, pero bueno…

Y aquí estamos, casi un año después de aquello. Una temporada llena de vaivenes, lejos de la liga, sin Champions y sin Copa. Sólo queda la redención, luchar por la Europa League. Conseguir que el ave fénix renazca de sus cenizas. Pero, aun así, a algunos les molesta, que un señor de Argentina, leyenda del club, siga ahí con su traje negro mandando en el césped, ahora del Metropolitano. Periodistuchos, que quieren enseñar como se juega y como se entrena, en esto del fútbol, que encima le han comido el tarro a más de uno que va cada fin de semana al estadio. Diego Pablo, no se merece críticas, se merecen que le lleven en volandas, Aunque al final pasará lo de siempre, el técnico argentino triunfará y aquellas ovejas descarriadas querrán volver al rebaño. Para ellos, como dice la biblia; »Los caminos del señor son inescrutables».

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