De la grada al césped y del césped a la grada

Foto vía: ABC

Yo tenía nueve años cuando Fernando Torres se embarcó en su aventura inglesa. “¿Ahora tenemos que hacernos del Liverpool?”, recuerdo que le pregunté a mi padre.

Por aquel entonces yo ya era socio del Atlético de Madrid, y mi mayor referente futbolístico (motivo principal por el que padecía el frío del Calderón) se marchaba a un equipo que desconocía por completo. Lejos de mi alcance quedaba esa idea de “sanear el club”, y ante mis ojos se encontraba un vacío en el que la ausencia de un 9 oscurecía toda idea de fútbol.

Aquel verano el sitio que Torres hubiese ocupado en mi álbum de cromos lo ocupó un tal Diego Forlán.

Tardé unos cuantos meses en darme cuenta de que el fútbol sin El Niño continuaba, e incluso en mi deseo por no perder la pista de mi ídolo descubrí la Premier League -aquella que se televisaba en La 2-.

Canté los goles de Fernando en el Liverpool y la Selección como si los hubiese marcado en el Fondo Sur del Calderón, especialmente el de Viena. Pese a esto, lo que realmente me seguía atrayendo de su figura eran sus constantes muestras de cariño hacía el Atlético. Me sentí orgulloso cuando alguien que fue tercero en el Balón de Oro dijo que su casa estaba a orillas del Manzanares, porque también era la mía.

Cuando volvió en 2015 no fui a su presentación, pero contaba con la tranquilidad del que sabe que todo va a ir bien. Volvimos a una final de Champions y a ser competitivos, pero con Torres, cuyo deseo era levantar un título con el Atleti -fuera una Liga o una Europa League-.

Hace años que el de Fuenlabrada dio el salto desde la grada al césped para jugar en el equipo al que animaba una semana antes. Ahora, con toda una carrera espalda, El Niño, que nunca dejará de tener pecas, volverá a su asiento.

Ojalá sea ocupando un sitio en el palco.

Gracias, Fernando.

Miki Camino

Estudiante de periodismo enamorado del fútbol en todas sus formas @MikiCamino98

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