La final de Copa: una polémica absurda

Tras superar al RCD Espanyol en una intensa eliminatoria, el Athletic Club volverá a disputar la final de la Copa de Su Majestad el Rey por trigésimo octava vez en su historia.  Y al igual que en las ediciones de 2009 y 2011, se enfrentarán al Fútbol Club Barcelona, la escuadra que les arrebató los dos títulos en esas dos últimas finales. Los «leones» tienen ganas de revancha y de recuperar la hegemonía en el que, históricamente, siempre se ha considerado «su torneo», pero con el que no se alzan desde 1984. Como de costumbre, en Bilbao no faltan la ilusión ni la esperanza, y se ven capacitados para plantar cara  en la final y, por qué no, proclamarse campeones.

La trayectoria del Athletic hasta la final  ha sido más que meritoria, y por tanto, debería obtener cierta repercusión en los medios de  comunicación y redes sociales. Pero, al margen de toda lógica, los protagonistas vuelven a ser por enésima vez Real Madrid y Fútbol Club Barcelona. ¿La razón? Una polémica de sobra conocida que parece no envejecer: cuál será la ciudad y en qué estadio tendrá lugar el partido.

foto via athletic-club.eus

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Si bien Madrid y el Santiago Bernabéu parecerían sobre el papel la mejor opción (dada la equidistancia de la ciudad, y el gran aforo del estadio), la posibilidad de que su eterno rival se alce con el torneo y lo celebre por todo lo alto no gusta nada a la afición merengue. Además, subyace una cuestión política, inevitablemente ligada al fútbol para mal de sus aficionados: una parte de los hinchas de uno y otro equipo silbará el himno nacional español (que no es sino un acto protocolario más) al no sentirse identificados con él, en la mismísima capital del país que no consideran el suyo propio.

La cuestión llegó a ser Trending Topic en Twitter, y tanto partidarios como detractores derrocharon sus energías en un diálogo de sordos para no llegar a ninguna conclusión. Primero porque es inútil, la decisión de la sede no está en manos de las aficiones sino de la Federación. No habrá ni plebiscitos, ni referendos, ni nada por estilo, aunque se llegara a un acuerdo. Segundo, porque las dos partes, a su manera, tienen razón: tan comprensible es desear un escenario neutral, equidistante, que disponga de un buen equipamiento, como querer evitar que una ruidosa minoría venga desde fuera a faltar al respeto, que por otra parte tienen derecho a expresarse libremente y a pensar y decir lo que les da la gana, tengan o no razón. Se trata, por tanto, de un debate circular y vacío que solo beneficia a los dos de siempre, usado para rellenar un espacio mediático que por derecho correspondería a otros.

La Copa tiene unas  peculiaridades que la hacen un torneo especial. En una competición en la que varios pequeños se han llevado por delante a tantísimos gigantes– a base de trabajo y disciplina, nada de magia o milagros- el escenario debería ser lo de menos. La afición del Athletic, como es lógico, preferirá una mayor cercanía, mas estarán dispuestos a hacer los kilómetros que hicieran falta para animar a su equipo, como han demostrado siempre en este torneo  o en las competiciones internacionales. Por otro lado, y para desgracia de los equipos locales más modestos, el Fútbol Club Barcelona cuenta con simpatizantes a lo largo y ancho del globo, y allá donde vayan estarán arropados. La cuestión del emplazamiento no supone sino una bomba de humo que nos impide ver lo más importante: el propio partido.

¿Soluciones? Por ejemplo, como sucede en la Europa League o en la Liga de Campeones, fijar de antemano la sede de la final. Podría ser interesante para determinadas ciudades y su economía. O, al igual que en el Festival de Eurovisión, que el actual campeón se ocupara de alojar la final de la próxima edición, un aliciente para «repetir» por segundo año consecutivo. En este caso, la Federación y la Liga deberían correr con los gastos, para que ningún modesto resultara perjudicado por el hecho de proclamarse campeón.

El 25 de marzo directivos de la Federación, la LFP, y representantes de los clubs, se reunirán para decidir el estadio que acogerá la final. En cualquier caso, el dónde no debe eclipsar al qué y al cómo, esto es, al propio partido y a los equipos, jugadores y aficiones implicados. Esperemos, haciendo uso de los tópicos, que triunfen la deportividad y el buen fútbol. Y si vence el Athletic, mejor que mejor.

foto via athletic-club.eus

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Miguel G. Barea

Periodista, de Linares y azulillo, da igual en qué orden. Odio eterno al fútbol moderno.

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