Kepa da el salto a la élite del negocio

Kepa
Foto vía peruonline.ml

Pasa un día desde que los abogados de Kepa Arrizabalaga depositaron la nada desdeñable cifra, ni siquiera para un bilbaíno, de 80 millones de euros (¡OCHENTA!) en la LFP como certeza de su traspaso al millonario Chelsea y los aficionados del Athletic no acabamos de encajar el golpe. Por una cosa o por otra le das vueltas y, sí, esto es solamente fútbol, antes deporte y ahora negocio, pero queda cierta desazón. Nos habíamos vuelto a ilusionar con este chico como con los amores de la adolescencia y parte de la afición se siente como quien sufre una infidelidad.

Nos resulta ya familiar. Se repite nuevamente la historia de que nuestros más cualificados y prometedores profesionales deciden desarrollar su plenitud futbolística en uno de los transatlánticos del business balompédico. Con opciones a todos los títulos en más o menos corto plazo, con incontables ceros por la derecha en sus nuevas fichas. Felices, agradecidos de haber podido llamar la atención jugando además en el club del que muchos de ellos son y serán hinchas. ¡Cómo no! Sus padres se lo inculcaron y su tierra y el fervor de la afición les envenenó el rojiblanco. Igual que a los socios y seguidores. No tengo duda y tampoco quiero comprometer a ningún aficionado preguntándole si animaría a otro equipo a cambio de mucho dinero, cosa ya inventada por Qatar por cierto para el mundial de balonmano, o si dentro de su profesión se iría de la empresa familiar  a trabajar a una multinacional de la competencia cobrando el doble o el triple.

Kepa, a sus 23 años, ha sido un fugaz portero de la primera plantilla del  Athletic. Poco más de 50 partidos. Por fin se había asentado desde la salida de Iraizoz asegurando, pensábamos, portero de nivel alto para rato. Y ha debutado con la selección absoluta y ha estado en Rusia entre los mejores. Internacional en todas las categorías inferiores como otros muchos cancerberos del vivero de Lezama y con tan buena pinta que la leyenda del mismísimo “Chopo”, Don Jose Ángel Iribar, planeaba sobre él desde que no le salía ni bigote.

El fútbol del siglo XXI no está hecho en general para nostálgicos ni para románticos, aunque sus improbables alegrías alcanzan muy de vez en cuando el grado de heroicidades. Igual que nadie pone en duda que los jugadores de baloncesto con más talento van a darlo todo y a hacerse multimillonarios a la NBA  (ellos y varias generaciones de sus familias), en el fútbol hace mucho tiempo que ocurre lo mismo.

Hay una docena de gigantescas empresas con opciones, faltaría más, para ganar cualquier título por el que compitan que son la NBA. El coto es cerrado y, en ese mercado, todos los demás ni juegan ni tienen ningún tipo de fuerza.  Astérix y Obelix en esta batalla no pegan ningún guantazo y no les queda más que verlas venir. Va a más la cosa y cada vez les da más igual a los futbolistas poder o no competir por los trofeos más gloriosos o históricos o como quieran llamarlos. Su leitmotiv son los millones de euros, de dólares, de libras, de riyales, de petrodólares, de yuanes, de yenes, etc. Dentro del negocio hay además muchos más actores que antes. Y todos ellos hacen también mucho dinero de todos los movimientos del mercado. Kepa de momento sí se va también de “su Athletic” para poder añadir varios renglones en su palmarés.

Por alguna extraña razón los aficionados al fútbol, y en particular los del Athletic Club de Bilbao, dotados por fortuna de una historia pasada de éxitos y de ese componente de singularidad en su estudiada y mil veces discutida filosofía, somos reacios a afrontar esta obviedad tan mayúscula de la naturaleza humana que es intentar prosperar económica y profesionalmente todo cuanto se pueda. Solo así se explica la peculiar nota que el perfil oficial del club publicó ayer. Cuanto menos anacrónica.

Es un “corta y pega” de la marcha de Laporte también a la NBA, al City en ese caso y por 65 millones.  Incide en que “el Athletic Club seguirá trabajando para que formar parte de su primer equipo siga siendo la máxima aspiración personal y profesional de todos y cada uno de los jugadores y jugadoras, representantes de un proyecto y filosofía deportiva únicos“. Aplausos. De fondo parece que escuchemos la banda sonora de Braveheart. Sigue: “nuestro futuro se encuentra construido sobre una elección libremente adoptada en el pasado y que solo conlleva una sensación de orgullo“. ¡Qué bonito! Es una revelación divina más o menos.

Salidas inapelables. Indiscutibles. Aun así duelen. No importa recibir en dos plumazos por dos “chavales nuestros” 145 millones de euros. Es el precio pagado por un jeque, de los de turbante y chequera generosa, para que Mbappé cambiará Mónaco por París…Es también la suma de los últimos traspasos, uno muy reciente, de los dos Ronaldos…Pues le dan a la noticia el mismo espacio y tratamiento dentro de la web que al plan de trabajo del primer equipo hasta el día 12 de agosto (entrenamientos, descansos, vuelos). La directiva lanza un mensaje entre líneas: los que seguimos, los fieles, tenemos cosas que hacer. Página pasada.

En lo que el club sí ha adoptado una posición firme que es digna de admirar aunque tiene tantos pros como contras y una buena dosis de bilbainada es en que no es vendedor, no negocia traspasos. Va sacando un dineral hasta el punto de haberse convertido en un agitador del mercado de fichajes como pocos y en uno de los grandes proveedores para los poderosos de los últimos años. Eso da una imagen, está claro. El problema es que eso no le sirve para alcanzar un nivel deportivo que le permita reverdecer viejos laureles.

¿Qué hacer para que no quieran quedarse únicamente los que no destacan como para dar la talla en un equipo top? La solución solo podría pasar por explotar esa identidad ciertamente diferente, casi incomprensible en el fútbol de élite, y sacarle un rendimiento económico astronómico en el mercado global (poco probable) o pagar algunas fichas al nivel de los más ricos. Forzar a base de pasta gansa esos “one club men” tan anhelados por la afición. Se hizo en el pasado con el gran Julen Guerrero para que se quedara y cuando, dicen, ni siquiera él lo pedía. Las diferencias entre clase alta y clase media no eran entonces tan exageradas. Tampoco sabremos nunca si fue lo más acertado porque gestionar un vestuario con capitanes generales y compañeros soldados rasos ya se vio que fue más que difícil.

Es importante quedarse con otro dato y es que es el traspaso más caro de un portero en la historia. Hace muy poco ese honor recaía en en brasileño Allison. Las cantidades son de locos. Sobra comentar que todas las cifras que maneja el fútbol son inmorales y es un despropósito que parece no tener fin pero, en el contexto de este circo que hemos montado, los porteros y los defensas comienzan a adquirir protagonismo.

Muy lógico. Entre pocos se disputan todos los títulos. Sus plantillas son descomunales con muchísima calidad sobre el césped. Hay máxima igualdad en la preparación física y la disposición táctica es un auténtica partida de ajedrez. El rol del portero solo para estar bajo la línea y hacer lo que pueda ya no existe. Se exigen otras muchas cualidades. Además, los resultados de los partidos dependen de pequeñísimos detalles y de acciones aisladas, muchas veces a balón parado. Se acabó la exclusividad de las grandes cifras para los delanteros.

Suerte Kepa y suerte Athletic.

 

Antonio Sala

Fútbol desde la cuna. Procedente del mismo centro de Bilbao y, por tanto, del Universo. Aburrido y crítico con la anticompetición establecida.

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