Athletic Club 2 – 1 FC Barcelona: Hombres contra iniciales en noche de reyes

Olía a noche mágica ayer en La Catedral. Horas antes del encuentro, la calle Pozas en los aledaños del campo bullía entre gritos de ánimo a los leones, potes de crianza y preguntas in extremis sobre la carta a Sus Majestades de Oriente. Algún valiente de última hora aún se desesperaba tratando de encontrar un sitio donde aparcar el coche o, más difícil todavía, una entrada para el partido.

Era noche de reyes en Bilbao, de Reyes Magos y también de Reyes de Copas; la cabalgata se había aliado con el envite futbolístico por excelencia en el torneo del K.O, componiendo uno de los mejores ambientes que se recuerdan en años en tierras bilbaínas.  Y el Athletic salió como lo merecía una velada así: los primeros diez minutos del encuentro constituyeron un total acoso y derribo contra un Barça que, temeroso de lo que se le podía venir encima, había sacado a todas sus iniciales a jugar. El once de gala de los de Luis Enrique se batía ante un Athletic que, debido a las bajas y con especial atención a Yeray (que fue homenajeado antes del encuentro en un bonito detalle por parte de los dos equipos), y al equipo que tenía delante, experimentaba con una alineación sin Beñat y Muniain, y con un 4-4-2 que trataba tanto de reforzar la banda favorita de Messi  colocando a Saborit de interior para asegurar la marca de Balenziaga, como de apuntalar la sala de máquinas, con un medio del campo inédito hasta la fecha esta temporada pero viejo conocido ya de la parroquia rojiblanca: la dupla Iturraspe – San José.

Tras el infructuoso aunque vivificante acoso inicial local, el partido entró en una trepidante toma y daca, siempre con la presión del Athletic como protagonista, un Athletic que recordó en muchas fases del encuentro al mejor de la época Valverde, el que le permitió disputar la Champions y ganar la Supercopa y que siempre tuvo en los robos en la linea de tres cuartos su mejor arma para hacer valer su presión. Laporte, muy atento ayer, comandaba una defensa que acababa una tras otra con las internadas punzantes de la «MSN», sacando además, salvo excepciones, el balón de manera limpia, constituyéndose en el primer engranaje del juego bilbaíno. A los 24 minutos de juego, llegaba el primer tanto de la noche, un gol que no fue obra ni de la M, ni de la S, ni de la N. Iturraspe, que ayer también volvió a ser el Iturraspe reconocible, robaba un balón en una precipitada salida culé en el centro del campo y se lo daba a Aduriz, que en una espectacular arrancada hacía la pared con Raúl García para acabar anotando la devolución del navarro en el segundo palo, de cabeza. Octavo gol al Barça de un jugador que nunca sera conocido por sus iniciales, pero si por su fútbol, sus goles y por todo lo que ha dado y está dando a los de San Mamés.

Y cuando el aficionado se acomodaba en el asiento tras la celebración y se preparaba para homenajear de nuevo a Yeray, en el minuto de su número llegó el segundo, de nuevo Iturraspe recuperaba de cabeza para Aduriz, en un pase defectuoso barcelonista; el gipuzkoano, muy inteligentemente, prolongaba con el exterior y hacia su espalda para Williams, que fusiló a Ter Stegen sin pensárselo dos veces. La Catedral estallaba de júbilo con el reciente 4-0 supercopero en mente y disfrutaba de una noche excepcional. El Barça no pudo sobreponerse al golpe y con el 2-0 nos fuimos al descanso, pese a que los visitantes aumentaron su presencia en campo contrario y Fernández Borbalán bien pudo señalar un penalty cometido por Etxeita sobre Neymar, lo que provocó el primer carrusel de tarjetas de la noche, esta vez para los barcelonistas por protestar. Y es que, tengan razón o no la tengan, los jugadores culés se caracterizan, además de por su buen juego, por su incapacidad para aceptar situaciones o resultados desfavorables.

La segunda parte comenzaba aciaga para los locales: Messi colocaba una falta muy cerca de la escuadra de un Gorka que, pese a tocar el esférico, nada pudo hacer para evitar el gol visitante. A partir de ahí, los balones largos a las bandas  se multiplicaron por parte de los azulgrana (ayer de azul claro) para sufrimiento especial de Bóveda, que se las veía y se las deseaba para parar a un Neymar revolucionado. El árbitro, consciente de su error en la primera parte, comenzaba a sacar tarjetas en cada falta cometida por la escuadra bilbaína, no teniendo el mismo listón para sancionar los cortes de juego propiciados por el equipo catalán. El Athletic sufría, pero seguía presionando arriba y tuvo un par de ocasiones, especialmente una de Aduriz al que le sobró el último toque antes del disparo, posibilitando que Sergi Roberto se le echara encima.

Fueron sendas expulsiones por doble amarilla, a Raúl García e Iturraspe, las que propiciaron que el Athletic dejara de atacar y que el asedio visitante se tornara asfixiante, pero la linea de 8 supo aguantar el tipo, palo incluido y las iniciales no pudieron con nueve hombres que aguantaron el resultado estoicamente durante 15 minutos.

Algunos dirán que el árbitro influyó en el resultado, contrario del todopoderoso equipo azulgrana, que hubo penaltis, también en el área culé, pregunténselo a Raúl García… pero es de entender que cuando un equipo juega como jugó ayer el Athletic, haciendo desaparecer por largos momentos a las estrellas culés, cuando además acaba con nueve y se le añaden al Barça dos minutos mas allá del descuento para que siga atacando, que la palabra que mejor describiría el encuentro no fue robo. En Bilbao la gente no quiere que le hablen de padres, de penaltis de robos ni de agresiones: los bilbaínos se fueron a dormir anoche completamente convencidos de que los Reyes existen.

Óscar Villada

Comunicador y Productor Audiovisual, de Bilbao, y del Athletic desde que tengo conciencia de mi existencia. Odio eterno al fútbol moderno

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