Una brillante temporada que puede tener premio

Revelación. Esa es una de las etiquetas más utilizadas para definir la temporada del Deportivo Alavés, en la campaña que suponía el regreso del club vitoriano a Primera División tras una década perdido por las catacumbas del fútbol español. Una soberbia temporada futbolísticamente hablando que tiene su explicación en el gran bloque de jugadores que ha armado el cuadro babazorro. Y todos ellos comandados por Mauricio Pellegrino, minucioso y trabajador en lo táctico, que ha conseguido además llevar a este equipo hasta la final de la Copa del Rey. Casi nada.

El verano pasado se anunció movidito en las oficinas de Mendizorroza. José Bordalás, el técnico artífice del ascenso, no iba a dirigir al club en Primera. Las discrepancias con el preparador alicantino fueron los motivos con los que la directiva justificó la destitución. El sustituto iba a ser Pellegrino. El Flaco tenía el reto titánico de formar un equipo prácticamente de cero –aunque los pilares que cimentaron el acenso como Pacheco, Laguardia o Manu García se mantuvieron. Pero las incorporaciones veraniegas funcionaron y de que manera.

Jugadores como Marcos Llorente o Theo Hernández se han consagrado como jovencísimos futbolistas con un talento precoz. El centrocampista, el máximo recuperador de la liga, se ha labrado un prometedor futuro con sus actuaciones en el cuadro albiazul. Theo, por su parte, se ha consolidado como uno de los mejores laterales europeos, y no han sido pocos los rumores que lo han colocado en los grandes equipos del panorama nacional (de hecho, ha pasado el reconocimiento médico con el Real Madrid, club que ha contratado sus servicios tras desembolsar 30 millones de euros al Atlético de Madrid).

Pero sería injusto quedarse solo con estos dos nombres. Pacheco, un seguro de vida atrás, ha dado más de un punto con sus prodigiosas intervenciones. El nivel de la zaga albiazul es digno de admirar. Femenía, Laguardia, Feddal o el ya mencionado Theo han hecho de la solidez defensiva un baluarte para los vascos. Arriba, con Ibai y Édgar a un nivel superlativo, el juego ofensivo del equipo ha pasado por sus botas. Y el gol por las de Deyverson. El excéntrico delantero ha anotado 7 decisivos tantos para su equipo.

También los menos habituales han tenido protagonismo y peso a lo largo de la temporada. Krsticic, Katai, Toquero o Vigaray han constituido un fondo de armario que ha cumplido cuando se le ha requerido. El único apunte negativo ha sido la lesión de Víctor Laguardia. El central aragonés fue intervenido el pasado martes de su lesión de rodilla y estará entre 6 y 8 meses de baja.

La competitividad, el sello de Pellegrino

Más allá de las distinciones individuales, que las hay, si por algo destaca este equipo es porque compite como un auténtico bloque. El orden y el rigor táctico es el sello de identidad de un conjunto que no ha bajado los brazos en ningún momento de la temporada ni ante ningún rival. Partidos como el del Vicente Calderón, donde los albiazules empataron a uno con un gol en el descuento, o la victoria en el Camp Nou por 1-2 son quizás las hazañas más recordadas de la temporada regular.

No obstante, en otros muchos partidos en los que el resultado no ha sido positivo también han mostrado la garra y la competitividad. Sevilla o Valencia dan fe de ello. Ante equipos de entidad como Villarreal o Athletic Club han conseguido grandes resultados.

Fruto de este trabajo, el equipo no ha visto peligrar la categoría en ningún momento de la temporada. De hecho, ha acabado más cerca de las posiciones europeas que del descenso. Un recién ascendido que obtenía la permanencia matemática a falta de siete jornadas para el final de la competición. Y, cuando ya no se jugaba nada, pues su aspiración de alcanzar la sexta plaza que da acceso a la Europa League se desvaneció, el equipo siguió compitiendo hasta alcanzar la friolera cifra de 55 puntos y acabar noveno clasificado en Primera División.

El bagaje esta temporada es de 14 victorias, 13 empates y 11 derrotas. Con 41 goles a favor y 43 en contra, los babazorros han conseguido estar entre los diez primeros clasificados del fútbol español.

Soñar no es ningún delito

Las aspiraciones de obtener una plaza para la Europa League a través de la clasificación liguera se desvanecieron. Pero les queda una última y grandiosa bala. Ganar la final de la Copa del Rey.

Tras unas complicadísimas eliminatorias ante Nástic de Tarragona, Deportivo de la Coruña, Alcorcón y Celta, el Alavés alcanzó la final. Su primera final de Copa. Y ahora se las verán ante el FC Barcelona, el denominado ‘Rey de Copas’ al ser el conjunto que más trofeos alberga con 28 títulos.

La final, que se disputará el próximo sábado 27 de mayo en el Vicente Calderón, es la ocasión perfecta para demostrar que no hay reto imposible sino mente débil. Es el momento del Deportivo Alavés. Por aquellos que estuvieron en los momentos de penurias deportivas, por los que estuvieron en la apoteósica final de UEFA ante el Liverpool. Por esa afición incondicional que no abandona a su equipo allá donde juegue. Es su momento. Que nadie les quite el sueño. Porque una brillante temporada puede tener premio.

 

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