El 2016 del Sevilla Atlético: un año para la historia

Lejos de lo que ocurría años atrás, este fin de año tendrá sabor nostálgico para un Sevilla Atlético que ha visto en él cumplidos todos sus sueños. Si el 2016 empezó bien, acaba aún mejor, habiendo sumado un ascenso y con una primera parte de la campaña digna de cualquier candidato dispuesto a subir a la categoría de oro del fútbol español. La juventud, la ambición y la constancia han sido la clave de este filial con licencia para soñar, que sigue maravillando y sorprendiendo a propios y extraños por la contundencia con la que finalizaron el anterior curso, con la autoridad con la que superaron el playoff y con la facilidad con la que jugadores inexpertos, algunos incluso juveniles, se han plantado en la categoría de plata para hacer algo grande.

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En el pasado enero, ya se vislumbraba que la campaña no terminaría como las anteriores, luchando por la permanencia en el último suspiro, sino más bien lo contrario. El 2016 empezó con buen pie venciendo al Jumilla para poner el colofón a la primera vuelta y, desde entonces y hasta final de temporada, el filial sevillista solo cayó derrotado en tres ocasiones. Recre, Mérida y San Roque de Lepe fueron los únicos que lograron doblegar a los nervionenses. Los rojiblancos consiguieron victorias de peso, como la lograda en La Nueva Condomina ante el Real Murcia o la cosechada en casa ante el UCAM Murcia, además del empate en el Carranza frente al Cádiz. El equipo se mostraba sólido, yendo todos a una, y superando los obstáculos. Carlos Fernández tuvo un papel fundamental, al consolidarse como máximo goleador y ser una pieza clave en el ataque, unido a Ivi y Carrillo, que hicieron el grueso de los goles para el equipo. El madrileño y el murciano disputaban la que era su primera campaña en la disciplina sevillista, pero la adaptación fue un camino de rosas en un equipo que quería más.

Quizás el cambio fundamental con respecto a la campaña anterior, e incluso a las anteriores, era el giro de mentalidad del vestuario, o eso es lo que se ha prodigado públicamente por parte de quienes siguen quedando atónitos frente a la evolución del equipo. Pero sin embargo, la mentalidad ganadora ya estaba inculcada desde muy atrás. Diego Martínez conocía a la perfección a la mayoría de sus pupilos, al igual que todo el cuerpo técnico, componiendo una máquina perfectamente engrasada con el plus de la madurez, que sí que ha sido la clave del equipo. Frente a las incorporaciones veraniegas, el grueso del vestuario había compartido años y años de fútbol, algunos bajo las órdenes de quien ahora era su técnico en la etapa de juveniles. El sentimiento de unidad era claro, y tanto los veteranos como los recién llegados remaban hacia un único objetivo, con una única mentalidad y como un grupo de amigos. Superar, ganar y creer hasta el final.

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Así se llegó a la recta final de la campaña, en la que el sueño del playoff de ascenso comenzaba a ser una realidad. Y lo fue en uno de los escenarios más especiales para el equipo, en territorio hostil, en la Ciudad Deportiva del eterno rival, el Betis. El empate (2-2) supuso la clasificación matemática de los sevillistas para la promoción de ascenso, y el sevillismo se ponía ya en pie frente a un equipo más que joven que había jugado sus cartas a la perfección. Lejos de relajarse por haber logrado el objetivo, a la semana siguiente el equipo goleó al filial almeriense, y ya en la recta final, guardó fuerzas para lo que sería un playoff de infarto, y cayó ante el Mérida, cerrando el curso con un empate a nada ante el Jumilla.

El playoff era el mayor premio para unos jugadores que, desde muy pequeños, había soñado con algo así, con vivir lo que era un ascenso. Los sevillistas contaron de su lado con la afición, una afición que sentía el escudo tal y como lo sentían ellos. Y es que era llamativo como jugadores que llevaban apenas una temporada en la entidad de Nervión peleaban y ‘se partían la cara’ por unos colores que ya, por lo vivido, les acompañarían toda su vida. El camino comenzó ante el Socuéllamos. La ida, en terreno sevillista, se saldó con un empate (1-1) que daba ventaja al rival, pero que no servía para amilanar a los rojiblancos. Carlos Fernández puso el tanto sevillista, y el equipo se plantó con todo una semana después en Ciudad Real. El ambiente del encuentro fue muy duro, y los sevillistas tuvieron que remar a contracorriente, pero Curro y posteriormente, Carlos Fernández, fueron los artífices del 1-2 que daba el pase al filial y que lo acercaba un poco más a Segunda División. El sorteo castigó de nuevo al Sevilla Atlético, emparejándole con uno de los ‘cocos’, el histórico Logroñés. En Las Gaunas, Borja Lasso, al que la temporada le sirvió para consagrarle como uno de los jugadores más importantes del club, puso el 0-1 con un auténtico golazo que sirvió para que los sevillistas diesen un golpe de autoridad. En la vuelta, la Ciudad Deportiva fue un hervidero, el filial aprovechó el resultado de la ida, y jugó de tú a tú en un encuentro que controló y que manejó al empate a nada que le daba el pase a la gran final por alcanzar la gloria.

El Lleida Esportiu era el último rival al que el filial tendría que doblegar para hacerse un hueco entre los grandes. Los catalanes habían ya eliminado a otro filial, el Real Madrid Castilla, y había cuajado una excepcional temporada en el Grupo III. La ida, de nuevo, se disputó fuera de casa, pero para el Sevilla Atlético eso no significaba nada. El encuentro estuvo más que disputado, pero salió victorioso quien más arriesgó y quien materializó sus ocasiones. Diego González marcó el 0-1 que ponía ya al filial con un pie en Segunda. Y es que el central gaditano vivió ‘la temporada de su vida’, siendo un referente en la defensa junto a Bernardo, dando el salto a la Selección Española sub-21 y contando para el primer equipo sevillista. La Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios se vistió de gala para vivir, el que podía ser, uno de los momentos históricos y más emotivos de un filial que era una familia. Volvía además Cotán, el capitán, que se había perdido la recta final por lesión pero que regresaba en el día ‘D’, para poner su granito de arena en la hazaña de su equipo.

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A poco de empezar, el Lleida se adelantaría tras el error de José Antonio Caro al intentar atrapar el esférico. Pero pese al error, el portero del Sevilla sería clave en el encuentro y del ascenso, completando una campaña, su mejor campaña, que no sorprendió a quienes, desde hace tiempo, ya veían en él un auténtico ‘gato’ de la portería. Pese a las oportunidades en las dos escuadras, el marcador no se movería ni en los noventa minutos ni en la prórroga, por lo que la ‘lotería’ de los penaltis decidiría el futuro de un filial que ya había hecho historia. Los dos equipos acertaron en sus primeros lanzamientos, pero en el segundo, Carlos Fernández mandaría el balón fuera tras resbalarse, lo que daba mayor tensión al momento. Caro comenzó a erigirse como el héroe de la tanda de penales, parando el siguiente penalti e igualando de nuevo la situación. Los tres siguientes disparos fueron perfectos para ambos equipos, que sumaban cada uno ya cuatro aciertos y un fallo. El quinto disparo lo falló Óscar Rubio para el Lleida, lo que daba el tiro decisivo a los locales. Si Borja Lasso cogió primero el balón, José Antonio Caro se lo arrebato, disponiéndose desde los once metros y sin dudarlo a resarcirse de su fallo y a ser él quien enviase el balón a la red y al equipo a Segunda. El guión fue perfecto, Caro disparó a la izquierda, el esférico entró y el Sevilla Atlético era ya equipo de Segunda División. Lo vivio en la Ciudad Deportiva aquella mañana de junio queda en la retina y el recuerdo de quienes estuvieron presentes y vieron como las más de cinco mil personas eran una.

Con el sueño cumplido, el mercado veraniego llegó con algunos cambios. Dos jugadores muy importantes abandonaron la disciplina sevillista. Martínez puso rumbo al Barcelona B y Tena, al Real Madrid Castilla. Ambos tuvieron la titularidad durante toda la campaña, siendo claves en el ascenso,y decidiendo continuar sus metas lejos de Nervión. Además, se produjeron otras salidas, como la cesión de Antonio Romero al Mérida, o la marcha de Barnils, Raúl Navarro, Canedo y Nané. En el plano de altas hasta nueve refuerzos llegaron en verano. El guardameta Ondoa, del Nástic, los defensas Álex Múñoz, del Hércules, Borja San Emeterio, del Racing y Cristian González, del Danubio. Los centrocampistas Boutobba, del Olympique de Marsella, Aburjania, del Nástic, Schetino, del Livorno y Fede San Emeterio, del Racing. Pero también llegó un delantero, Carrascal, del Millonarios. Pese a las incorporaciones, con el inicio de la campaña se vio que poco varió el once con respecto a la campaña pasada, y los refuerzos de Yan Brice, desde el División de Honor, y de Pozo, juvenil de segundo año, serían claves. Además, Matos y Carmona se consagrarían en los laterales, y Curro mostraría la mejor versión.

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La campaña de la ilusión arrancó en el Ramón Sánchez-Pizjuán con un intrépido partido que bien podía ser el resumen de lo que era el equipo. Los sevillistas vencían cómodamente al Girona, y el los minutos finales dejaron escapar los tres puntos, firmando un empate (3-3) y pecando de inexperiencia. Sin embargo, las sensaciones fueron más que buenas, y la intensidad y la velocidad eran ya las marcas del equipo. Las tres primeras jornadas se saldaron con empate, en la cuarta llegó el primer tropiezo a domicilio ante el Lugo, y a la quinta fue la vencida. El filial se impuso al Huesca (2-0) para lograr su primera victoria en Segunda División y tras caer a la semana siguiente ante el líder, el Levante, resurgieron para mostrar la mejor versión. Los empates ante Alcorcón y Nástic dieron paso a cuatro victorias consecutivas más que importantes, que permitieron al filial llegar a ocupar el coliderato de la tabla. El equipo venció en el Nuevo Arcángel ante el Córdoba y en Los Pajaritos ante el Numancia, además de imponerse en casa a Elche y Zaragoza.

El equipo tuvo demasiadas piedras en el camino. Carlos Fernández contaba para el primer plantel en algunos encuentros y, tras su grave lesión, supuso una baja más que importante. Diego González también se ausentaba algunos encuentros para estar a disposición de Sampaoli, los internacionales abandonaban la disciplina sevillista en fechas FIFA y la plaga de lesiones llegó. Shved y Carrascal se lesionaron de gravedad, diciendo adiós a prácticamente toda la temporada. Además, Aburjania, Schetino, Cristian y Cotán estuvieron semanas alejados de los terrenos de juego, a quienes se sumó Carrillo, que no volverá hasta 2017 e Ivi, que estuvo sancionado cinco encuentros.

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Con este panorama de lesiones y contratiempos, y con decisiones arbitrales no demasiado acertadas, el Sevilla Atlético supo recomponerse en cada momento, ofreciendo lo máximo de sí mismos, con el cartel del equipo más joven de la categoría y del único filial en ella. Noviembre rompió la buena racha con la derrota ante el Valladolid, pero después llegarían las victorias ante Almería y Mirandés y el empate ante el Mallorca, y todo con un nuevo refuerzo en el ataque. El delantero Marc Gual llegó desde el Español B para poner el gol a los nervionenses. El Getafe fue verdugo de los sevillistas, haciéndoles ver de nuevo la parte más oscura para empezar un mes de diciembre complicado, en el que las derrotas ante el Reus en casa y el Cádiz a domicilio cerraron la competición para los rojiblancos en 2016.

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El Sevilla Atlético cierra el año en la novena posición con 27 puntos, empatados con Zaragoza, Reus y Huesca y con puntos de playoff de ascenso. Igualados por el sexto puesto, a un punto del quinto, a tres del cuarto, a cuatro del tercero y a seis del ascenso directo. Los números ponen de manifiesto la competitividad de la categoría y, aunque el filial sevillista no podría optar a ascender, de nuevo soñar es gratis, y más aún hacer historia quedando lo más alto posible. Durante el año, el equipo ha encontrado muchas piedras en el camino que ha ido superando poco a poco con el tesón y la ambición que les caracteriza. Diego Martínez al frente, uno de los mejores entrenadores del panorama nacional, ha sabido sacar lo mejor de cada jugador. El trabajo de cada uno de los miembros del cuerpo técnico ha sido exquisito, y pese a que la temporada y las circunstancias han cambiado, no lo ha hecho ese sentimiento de unidad que hay en el equipo. Y es que un mar en calma no hace a marineros, como bien diría el técnico gallego. Así se cierra un 2016 histórico, en el que los niños se hicieron hombres.

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