Trevor Francis: el hombre de las 999.999 libras

Foto vía nasljerseys.com

Era enero de 1975 y Brian Clough dejaba atrás la mala experiencia en el Leeds United para iniciar una nueva etapa en los banquillos ingleses. Para ello aceptó un nuevo reto en el Nottingham Forest, equipo de la Segunda División inglesa.

Para afrontarlo con garantías, el entrenador volvió a contar con algunos jugadores que ya habían estado a sus órdenes. Esos fueron los casos de John McGovern, John O’Hare o Frank Clark. El objetivo del nuevo proyecto era el de no descender a la Tercera División, algo que se consiguió no sin sufrimiento. Y es que las dos primeras temporadas de Clough en Nottingham se pueden repasar a grandes rasgos, con la discreta participación del equipo en competición doméstica y una octava posición como mayor logro. A partir de la tercera temporada, el proyecto evolucionaría y empezaría a mostrar una de las principales características del entrenador: el inconformismo. El equipo mejoró la plantilla y el estilo de juego, en parte gracias a la reconciliación del entrenador con su ayudante, y hasta ese momento entrenador del Brighton & Hove Albion, Peter Taylor. Y su llegada trajo a The City Ground el mejor de los regalos. Por un lado, Brian Clough vio como alguien le gestionaba la plantilla y pudo así centrarse en preparar la táctica. Por otro, el equipo ascendió a Primera División al clasificarse tercero. Las aspiraciones del Nottingham estaban más que cubiertas, pero las de Brian Clough y Peter Taylor estaban empezando a tomar forma, color y textura. Querían asaltar la liga. Querían plantar cara a cualquier equipo. Eran David contra Goliat.

Para la máxima categoría, el dúo de entrenadores decidió reforzar el equipo para conseguir afrontar con garantías la temporada. Y el Nottingham se reforzó. Se ficharon jugadores veteranos, jóvenes con proyección y talentos por explotar. Se formó una plantilla con nombres que acabarían resaltados en la historia del fútbol inglés. Ellos eran Shilton, Birtles o Burns, que se añadían a una lista en la que ya estaban los mencionados McGovern o O’Hare, así como Anderson, Woodcock, O’Neill o Robertson. En la primera temporada en Primera División (First inglesa, en la época), el equipo entrenado por Clough y Taylor ganó la liga y la copa. El rival en las dos competiciones fue el mismo, el Liverpool. Los de Nottingham sacaron 7 puntos de ventaja en liga y ganaron 1-0 en copa. Otro detalle a destacar de ese Nottingham de 1977/78 fue la regularidad. El equipo, recién creado y encajado, estuvo 42 partidos imbatido.

La ambición del equipo no tenía techo, así que los de Clough se vieron obligados a reforzarse para afrontar el mayor de los retos que vislumbraba el horizonte. Se puso en el punto de mira un torneo internacional: la Copa de Europa. Y el Nottingham mejoró la plantilla en consecuencia. Se fichó al mejor jugador inglés. Un delantero que acumulaba 155 goles en 313 partidos. Un delantero que había defendido la camiseta del Birmingham City durante 7 temporadas, promediando 0,4 goles por partido. Un delantero que acumulaba grandes actuaciones con Inglaterra. Un delantero que, en 1979, jugaba para el Detroit Express, en Estados Unidos. Se llamaba Trevor Francis. Y le costó al Nottingham Forest la friolera de 1 millón de libras. Según Brian Clough, fueron 999.999, en un intento de quitar presión al recién llegado. Fue el primer jugador inglés por el que se pagaba esa cantidad. Astronómica en esas fechas, corriente en el fútbol actual.

Y la llegada de Francis no fue, para nada, un error. El Nottingham ganó la copa, aunque perdió la liga ante un Liverpool superior. Pero no tuvieron en Nottingham tiempo ni intención de lamentarse o pedir explicaciones. En parte, porque el aficionado del equipo inglés no estaba acostumbrado a ver a los suyos en esas disputas. También tuvo algo que ver que los de Clough dejaran escapar la liga pero se metieran en la final de la Copa de Europa. El rival fue el Malmö. El escenario el Olímpico de Múnich. El resultado, 1-0. El autor del gol, Trevor Francis, el hombre de las 999.999 libras. El Nottingham Forest era campeón de Europa de 1979.

Y la Copa de Europa llegó a The City Ground, estadio del Forest, pero Clough y Taylor aún no estaban satisfechos. Querían más. Y en 1980 disputaron la Supercopa de Europa frente al FCBarcelona. Ganaron los ingleses, y el equipo español se quedó prendado de Francis. Intentó el fichaje del inglés, pero el delantero se quedó en Nottingham. Y hizo bien, porque el equipo repitió éxito en competición europea y se alzó con la Copa de Europa de 1980. Fue en en Santiago Bernabéu y ante el Hamburgo. 1-0, con gol de Robertson y gran actuación del portero Shilton. Dos jugadores fichados para afrontar, en su día, el ascenso a la First.

Foto vía mbdb.wordpress.com

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Con las dos cotizadas piezas en el museo, la pareja que formaban Clough y Taylor se disolvió de nuevo. En las vitrinas del Forest, 1 liga, 7 copas (entre Copa de la Liga, Community Shield y Full Members Cup), 2 Copas de Europa, 1 Supercopa de Europa y 1 Copa Anglo-Escocesa. Unas vitrinas para el recuerdo y la admiración.

La carrera de Trevor Francis siguió lejos de Nottingham, donde solo jugó dos temporadas. Pasó por Manchester City, Sampdoria, Atalanta, Rangers, Wollongong City, QPR y Sheffield Wednesday. Fabio Capello dijo que el delantero era el mejor jugador inglés que había jugado en la Serie A.

El hombre de las 999.999 libras se convirtió en héroe de una generación de aficionados ingleses. Y no fue por ser el autor del gol que valió una Copa de Europa. Tampoco fue por ser el primer jugador inglés en tener tanto valor de mercado. Se convirtió en héroe por lo que representaba. Porque tanto él como el portero Shilton o el entrenador Brian Clough, demostraron que el fútbol era un deporte. Demostraron que el fútbol es, simplemente, un juego de equipo. Un juego en el que 11 jugadores pueden ganar a otros 11. Un deporte de expresión social, el fútbol, que no tiene dueño. Y fueron héroes, con el hombre del millón de libras, porque hicieron real la utopía: ganar a Leeds United o a Liverpool, los dueños de la liga inglesa. El Nottingham Forest fue uno de los otros 18. Y Trevor Francis fue la estrella de ese equipo.

Una condición, la de estrella, que tuvo consecuencias comerciales. Importantes, además, para el progreso del negocio del fútbol. Y tampoco debe ser un apartado negativo de la historia de Francis, del Forest o de Clough. Imagen para Adidas durante años, el reflejo del delantero hizo que muchos niños leyeran los cómics o admiraran las capacidades anotadoras del talentoso delantero. Y, como máxima en publicidad, quizás lo importante no fueron los tacos o el material de las botas. Lo importante fue lo que representaban. Representaban al delantero del Forest de Clough. Al que marcó el gol de la primera Copa de Europa. Al que hacía los goles en el equipo que destronó a los reyes. Y si tan solo unos pocos de los muchos niños que tuvieron esas botas pensaron así, es inevitable que vivamos una generación de ganadores. Como cita la misma Adidas: The mark of a winner.

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