Siempre nos quedará Vallecas

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Foto vía lavanguardia.com

Para algunos, la temporada 2011/2012 pasará a la historia por ser la primera en la que un equipo, de cuyo nombre no quiero acordarme, alcanzó los 100 puntos. Para otros, será recordada como el año en que, una vez más, Tamudo tuvo la última palabra y demostró su valía como mejor sabe: con un gol decisivo en el último minuto.

El catalán llegó en el verano de 2011 a las órdenes del técnico José Ramón Sandoval procedente de la Real Sociedad, y en su primera y única temporada como franjirrojo disputó un total de 33 partidos en los que anotó 10 dianas; sin duda la más especial y significativa fue la última, con la que dejó su huella para siempre en el conjunto de Vallecas.

Rayo Vallecano, Zaragoza, Villarreal, Granada y Sporting de Gijón llegaban al último partido sin cerrar su permanencia en la categoría y con opciones de caer al pozo. El equipo madrileño contaba en su haber con 40 puntos desde la jornada 32 y sumaba seis derrotas consecutivas. La última fecha deparaba un partido ante Granada en casa, quien sumaba 42 puntos y se situaba en el decimoquinto puesto, dos por delante de su rival.

Estábamos en una de estas tardes de fútbol con horario unificado y en la que seguir la jornada por radio cobraba un cariz especial y emotivo que nos transportaba a una época pasada que, como todo en el fútbol, fue mejor.

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Minuto 56 en La Romareda, Apoño adelanta de penalti al Zaragoza y manda al decimoctavo puesto al Rayo. El Villarreal empata a cero en El Madrigal ante un Atlético que buscaba un puesto en Champions que por el momento era de un Málaga que se imponía por la mínima al Sporting en La Rosaleda y relegaba a los asturianos a la división de plata.

Hasta el minuto 87 el Rayo era equipo de Liga Adelante: comenzaba el nerviosismo y los primeros llantos en el Estadio de Vallecas; la tristeza y desilusión se tornó en esperanza cuando en El Madrigal Radamel Falcao adelantó al Atlético. Acto seguido, apenas unos segundos después, el milagro se obró en el césped madrileño.

Lass le pega desde fuera del área y rebota en un jugador nazarí. Córner. Sube el portero, todos a la olla; la grada aprieta: “Sí se puede”. La cuelga Piti, despeja un defensa pero el balón le vuelve tras dos rechaces, se mete por el lateral del área: tira un regate, recorta, se perfila con la zurda, le golpea y… la bola se queda muerta en el corazón del área; la caza Michu, como puede supera al guardameta y… balón al larguero. Ahora sí, Tamudo, killer de los killers, está con la caña puesta (ese balón lleva su nombre), remata solo, de cabeza, a puerta vacía y el Rayo es de Primera.

La explosión de la grada no tiene parangón. La afición se vuelca, las lágrimas y el nerviosismo dan paso a puños en alto, bufandas al viento y la sensación de que equipo y afición consiguieron el objetivo. Otro año más en Primera, un gol en el descuento que supo a final de Champions, Tamudo grabó su nombre en la reciente historia del Rayo Vallecano, otro “Tamudazo” que alarga la sombra de este ariete de leyenda. Llora de alegría la hinchada, lo hace también Sandoval.

Hay aficiones que nunca probaremos la miel de ganar un título importante, pero siempre nos quedará Vallecas.  Los equipos con verdadera alma y afición celebraremos una permanencia o simplemente vencer a esos tíos que juegan contra nosotros pero con otras normas. Para nosotros, el verdadero “Tamudazo” se dio aquel día, a pesar de que no abriera tantas portadas de diarios como cuando mordió al Barça vistiendo la elástica perica, allá por el año 2007.

Iker Baños

Estudiante de Periodismo en la UPV y amante del fútbol. Siente devoción por el fútbol con acento argentino.

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