Robert Enke y una enfermedad más común de lo que parece en el fútbol

Foto vía talksport.com

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Año 2009. Robert Enke es el portero titular del Hannover 96. Sus buenas actuaciones en la Bundesliga le convierten en el gran favorito para ser el primer meta de Alemania en el Mundial de Sudáfrica, en 2010. El seleccionador alemán, Joaquim Löw, le convoca de manera habitual y la afición del HDI Arena -su estadio- le adora. Todo debería ir sobre ruedas, pero este cancerbero de reflejos felinos y ágiles movimientos guarda un terrible secreto.

A lo largo de su carrera, Enke fue desarrollando sentimientos muy profundos que en ocasiones le impedían dar su mejor rendimiento en el campo: enorme miedo a fallar, incapacidad para soportar la presión que conlleva ponerse bajo palos con la camiseta de un club de élite, excesiva culpabilidad ante el error, cero gusto por la polémica… Los futbolistas suelen ser vistos como guerreros, atletas fuertes mental y físicamente, capaces de soportar cualquier golpe por duro que sea. La historia de Robert Enke enseñó al mundo otra realidad. El portero alemán, llamado por sus características a ser uno de los mejores del planeta, sufría depresión.

La enfermedad de Enke se incrementó poco a poco a lo largo de su carrera deportiva. Al principio, eran sólo hechos puntuales -como el pedirle llorando a su entrenador en el Jena, de la Segunda División teutona, que le sustituyese tras cometer varios fallos; o fingir una gripe para no ir a una concentración con el Borussia Mönchengladbach y así evitar la competencia con el veterano arquero Uwe Kamps- pero poco a poco se volvieron una pesadilla que terminó con su vida.

Enke, con el Hannover 96 Foto vía t-online.de

Enke, con el Hannover 96
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Triunfó en el Benfica, fue condenado a la suplencia en el inestable Barcelona de Louis Van Gaal después de perder en la Copa del Rey ante un 2ºB como el Novelda (3 – 2), comenzó tratamiento psiquiátrico tras un frustrante y breve paso por el Fenerbahce, volvió a sonreír en el Tenerife y se convirtió en leyenda del Hannover 96. Por el medio, perdió a su pequeña hija por una afección cardíaca.

En verano de 2009, Enke confesaba a su círculo más íntimo su intención de suicidarse. Una frase refleja las ideas del malogrado meta germano. Se la dijo a su esposa, Teresa: “si pudieras meterte en mi cabeza durante tan sólo media hora, entenderías por qué me estoy volviendo loco”. Tuvo la oportunidad de ser el primer futbolista de la historia en hacer público un mal como el suyo, pero no fue capaz de reunir fuerza suficiente. El 10 de noviembre de ese año, se arrojó las vías del tren en Hannover. Contaba 32 primaveras. Después del fatal desenlace que conmocionó al mundo, su viuda anunció la dura realidad.

Homenaje a Enke, en el estadio del Hannover 96 Foto vía laprensa.com

Homenaje a Enke, en el estadio del Hannover 96
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Un portero con grandes condiciones y preparado para ser una estrella del fútbol se había quitado la vida. La causa fue una depresión profunda, contra la que luchó duramente y que nunca logró superar. Esta semana se ha cumplido el sexto aniversario de su muerte, la cual trajo consigo un montón de reflexiones acerca de los pensamientos de los profesionales del fútbol, donde no sólo están presentes los éxitos, sino también los fracasos y el miedo a experimentarlos.

Una enfermedad muy frecuente en futbolistas de élite

Hacer de su pasión su profesión, ganar mucho dinero y tener fama y prestigio parecía suficiente para que los futbolistas gozasen de una vida feliz, alejada de este tipo de trastornos. Sin embargo, varios estudios recientes demuestran que no es así. El Médico Jefe de FIFPro (una organización mundial que defiende los derechos de los futbolistas), el francés Vincent Gouttebarge, dirigió una de estas investigaciones. En su trabajo se evaluó a más de 300 jugadores profesionales, en activo y retirados: un 26% de los activos reconoció padecer depresión o ansiedad, por un 39% de los retirados.

En este estudio se cuenta también con el testimonio de dos futbolistas internacionales que lucharon contra la terrible enfermedad mental: el estadounidense Jonny Walker y el neozelandés Chris Jackson. El primero fue portero, entre otros, de equipos como Jacksonville Cyclones, MetroStars, Columbus Crew o los chilenos Universidad Católica, Huachipato y Colo Colo. Entró en depresión tras retirarse, en 2006, al perder sus objetivos deportivos: “un día estás en el campo ante miles de espectadores, juegas para tu selección nacional, concedes entrevistas, todo el mundo te observa… Al siguiente, todo eso termina. Ya no eres nada”, cuenta a FIFPro. Al mismo tiempo, considera decepcionante que no hubiera un “sistema de apoyo para jugadores retirados”.

La asfixiante presión, otro gran hándicap. “El público general te juzga en tan sólo 90 minutos; no sabe nada sobre tu vida cotidiana”, cuenta el exarquero de Estados Unidos, quien también recuerda la historia de Raimundo Tupper: “era un internacional chileno. No podía lidiar con la presión del deporte profesional ni superar su enfermedad, a pesar del tratamiento. En el año 1995, saltó desde el balcón de un hotel”.

Walker, con la selección de Estados Unidos Foto vía ferplay.com

Walker, con la selección de Estados Unidos
Foto vía ferplay.com

Walker logró curarse después de tres años, pero su depresión llegó a tal punto que le impedía hasta ver fútbol por televisión. Se recuperó gracias al apoyo de su esposa y de su familia, a una inscripción en la Universidad y a sus inicios como técnico, llegando a ser el segundo entrenador del Memphis University Lady Tigers.

El caso de Chris Jackson todavía es más extremo. Como centrocampista, desenvolvió su carrera entre Nueva Zelanda, Singapur y Australia. Cuenta con 72 internacionalidades y ha sido diez veces capitán de la selección neozelandesa. Cuenta a FIFPro que se percató de su infelicidad al terminar una beca para jugar al fútbol en Inglaterra, con el Wimbledon. “Al regresar, me sentí depresivo y perdido después de haber acariciado mi sueño y volver a la realidad mundana de una pequeña ciudad”, afirma.

Jackson reconoce que sólo encontraba alivio recurriendo a alcohol y drogas: “antes de los partidos internacionales, tomaba drogas y me iba de fiesta con los amigos. Unos días después trataba de marcar a Matthäus o a Ronaldinho”. Se encontró sometido a una presión enorme y se declara especialmente molesto por el modo en que, después de trece años, fue apartado de la selección, a través de una escueta carta: “no se molestaron ni en hacer una llamada”.

Ambos afectados dan a los futbolistas un consejo común: buscar a alguien en quien confiar para poder contarle sus problemas. El eterno dilema. ¿Son realmente tus amigos los que dicen ser tus amigos? ¿O, te romperás el ligamento cruzado y te quedarás solo?

El legado de Robert Enke

Teresa Enke, viuda del guardameta alemán, preside la Fundación Robert Enke, dedicada a la investigación de la depresión y de las afecciones cardíacas en la infancia. El trágico fallecimiento del que fuera portero de Benfica, Tenerife o Hannover 96 ha podido servir para que este terrible mal, que según la Organización Mundial de la Salud afecta a más de 350 millones de personas en el mundo (es la enfermedad mental más frecuente en las personas), deje de ser un tema tabú en el planeta fútbol.

El suicidio de Enke no ha sido, por desgracia, el único en el deporte rey. De manera reciente, el galés Gary Speed, que murió siendo el seleccionador de Gales, o el defensa central alemán Andreas Biermann también se quitaron la vida al no poder superar una depresión. Como lo hicieron muchos años antes el argentino Mirko Saric, el mencionado Raimundo Tupper o el boliviano Ramiro Castillo.

Gary Speed se quitó la vida cuando dirigía a la selección galesa Foto vía mirror.co.uk

Gary Speed se suicidó en 2011, cuando dirigía a la selección galesa
Foto vía mirror.co.uk

Pese a que la lista de los que han terminado mal es demasiado larga, la muerte de Enke ha contribuido en cierto modo a que muchos futbolistas hayan podido dar un paso al frente y ser curados de su dolor. Es el caso de Markus Miller, muy parecido al de Enke. También era portero, alemán y, como Enke, jugaba en el Hannover 96 cuando hizo pública su depresión en 2011. Después de once semanas a tratamiento pudo volver a competir, aunque, a sus 33 años, ya está retirado de la práctica profesional del fútbol. Precisamente, en Alemania existe una red independiente de psiquiatras llamada Mental Gestärk a la que puede acudir cualquier deportista germano que necesite ayuda.

Otro jugador profesional que ha reconocido haber padecido depresión es el argentino Carlos Tévez. Existe un error generalizado de creer que el deprimirse es propio de gente débil. Este tópico lo derriba “El Apache” Tévez, dotado de un talento descomunal y un carácter muy fuerte. Ha defendido la camiseta de gigantes del fútbol -Boca Juniors, Corinthians, Manchester United, Manchester City, Juventus o selección argentina- y ganado títulos importantes en Inglaterra, Italia, Argentina y Brasil.

Tévez celebra un gol con la selección argentina Foto vía laseleccion.com.ar

Tévez celebra un gol con Argentina
Foto vía laseleccion.com.ar

Alguien tan curtido como él cayó en depresión en 2011, después del varapalo del combinado nacional argentino en la Copa América. Los equipos como Argentina siempre generan expectativas enormes. Su grandeza hace que la línea entre el fracaso y el éxito sea muy fina. Aquel año, Tévez y sus compañeros eran anfitriones del torneo continental de selecciones más antiguo del mundo, pero su actuación no fue la esperada. Uruguay, uno de sus rivales históricos, les eliminó en cuartos de final. Las críticas fueron feroces en un país que respira fútbol por los cuatro costados. “El Apache” reconoció su enfermedad tiempo después en un programa del canal de televisión Fox Sports: “tuve una crisis personal, engordé como 6 kilos por depresión, y me tuve que internar. Comía y comía por no poder darle esa alegría a la gente”.

Si alguien como Tévez, acostumbrado a partidos y momentos de enorme presión, es capaz de sufrir una depresión, parece obvio pensar que nadie está libre de padecerla. En el gremio del fútbol, el porcentaje de afectados es elevado, y no siempre fue tan fácil reconocer un padecimiento semejante en un mundo donde el lujo y las apariencias a veces crean una máscara que oculta una terrible realidad.

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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