El primer gol en el olvido

vía: diagonales.com

Si a todos nos preguntan cuál es el gol que más nos marcó, seguro que varios se nos vienen a la cabeza, recordando el partido, el rival, el jugador que lo marcó, el estadio e incluso si tenemos buena memoria la temporada y la portería donde el balón besó la red. Ese gol seguro que fue el que dio un título, un ascenso o supuso un punto de inflexión para el club de nuestra vida o un hito sin precedentes para nuestra selección.

Con este ejemplo, resultará extraño que hasta hace apenas una década el primer gol de los mundiales estuviera en el olvido.

El gol fue obra de Laurent, en uno de los dos partidos que abrían el Mundial de Uruguay, y que adelantó a Francia frente México en un encuentro que acabó con un claro 4-1 para los franceses. Era un fútbol distinto y en el que este primer mundial contó con muchas complicaciones. Los equipos europeos se negaron a viajar a sudamérica y el sorteo para dilucidar los enfrentamientos no se hicieron hasta que todos los combinados nacionales llegaron a Uruguay.

Muchas de las selecciones europeas invitadas por la FIFA a participar en el evento decidieron no asistir por los altos cargos de viajar hasta el pequeño país de sudamérica y a la crisis que azotaba a las naciones del viejo continente.

Con 13 selecciones participantes y sólo tres sedes, alejados del despilfarro actual y pluralidad de estadios, sedes e incluso países a la hora de organizar este tipo de eventos en el siglo XXI, el Mundial estaba listo para dar inicio.

Dos partidos coincidieron en el estreno, en este mundial no importaba las ceremonias de inauguración, el balón era el dictador y nadie osaba a interponerse. Francia “vs” México y Bélgica “vs” Estados Unidos luchaban por ser los autores del primer gol mundialista, y por sólo cuatro minutos ganó Francia. Sólo 4.400 espectadores fueron testigos del primer grito de júbilo, aunque el aforo del estadio de Pocitos era de 1.000.

Ahora, con el fútbol elevado a categoría de religión parece imposible que se toque un templo para ser derruido sin guardar sus casquillos como reliquias en formol. Sin embargo, a inicios del siglo XX, el progreso se abría paso a golpe de excavadoras. Peñarol, equipo local en Pocitos, se trasladó al estadio Centenario (construido para el Mundial), y con el abandono del estadio y el crecimiento imparable de Montevideo el estadio fue derribado en torno a 1940, quedando reducido a polvo y escombros los recuerdos de ese primer gol mundialista.

Hasta el año 2002 nadie se preguntó sobre este gol. O si se alguien se preguntó sobre ello no lo hizo con el ímpetu de Héctor Enrique Benech, quien se propuso encontrar la ubicación exacta al gol de Laurent. Gracias a la Intendencia Municipal de Montevideo y a la superposición de planos consiguieron ubicar el antiguo estadio entre las calles actuales de la ciudad.

Sin embargo, aún quedaba un pequeño detalle, determinar en qué portería se había anotado el gol. Este era un gran bache en el camino y lanzar una moneda al aire para decidir una u otra no era opción. No había grabaciones en vídeo del partido y sólo quedaban narraciones radiofónicas, pero estas no hacían referencia a una u otra portería. No obstante, había un pequeño detalle que mantenía viva la investigación, el comentarista hacía alusión a la dirección del viento en un tramo de su locución. Con esta, y viendo el informe meteorológico del 13 de junio de 1930 se consiguió establecer dónde se había marcado el primer gol de la historia de los mundiales.

En una ciudad y un país que vive de forma tan pasional este deporte, el descubrimiento no podía quedarse ahí. Y en 2006 se lanzó el concurso “en busca del arco perdido” con la que se pretendía adornar y darle carácter de centro de peregrinación a la portería donde se había anotado el primer gol y el punto donde se situaba el centro del campo de Pocitos.

El ganador del concurso fue Eduardo di Mauro con las esculturas “cero a cero y pelota al medio” y “donde duermen las arañas”. Una expresión muy utilizada en el ambiente futbolístico y una forma poética de denominar a la escuadra de la portería.

vía: piccsr.com

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Son dos esculturas sencillas que ayudan a situar dos puntos que desprenden aroma a fútbol añejo y que no chocan a la vista cuando paseas por Montevideo. Eduardo di Mauro, Argentino, conocía muy bien el sentimiento futbolístico y el fluir de las ciudades sudamericanas para elaborar estas dos obras que logran transmitir fútbol sin adueñarse de la calzada.

vía: mapio.net

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Dicen que el fútbol está todo inventado, que es muy difícil sorprender al rival, quizá tengan razón. Sin embargo, vemos que todavía nos quedan grandes momentos del pasado por descubrir y con lo que volver a enamorarnos de este deporte. También se puede alegar el irremediable embrutecimiento del fútbol y su componente de barbarie, pero con ejemplos como este, queda claro que la pelota y lo que sucede dentro de los 90 minutos tiene mucho de arte, y también de musa para artistas que son capaces de servirse del marco de la pelota para iluminar y embellecer nuestras ciudades.

El primer gol de los mundiales ya está localizado, esperemos que nunca llegue el último.

 

David Soria

Graduado en Historia y con un Máster en Historia del Arte. Gran aficionado del futbol en general y de los otros 18 en particular. "El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo".

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