De pintxos, centrales toscos y campos helados

Un grupo de chicos juega a futvóley en Ondarreta. Foto vía Rocío Candal

Un grupo de chicos juega a futvóley en Ondarreta. Foto vía Rocío Candal

La brisa del Norte. La chaquetita de rigor en primavera. La gallina en piel de Johan Cruyff. El sol esperanzador, falso o no, de abril. Tres gaviotas sobrevolando Ondarreta. Los paseos con amatxo et aita (mila esker o eskerrik asko, gabon y poco más). Los pintxos en Casa Alcalde. La subida al Monte Igueldo. El puente de Vizcaya. Las olas de Zarautz. El Guggenheim. Los balcones de Hondarribia. El Castillo de Butrón. La Ertzaintza. Y un aroma de insuficiencia. De que cuatro días no dan pa’ na’.

Entrar en Euskadi es entrar en territorio de Primera. De Athletic Club, Real Sociedad, Alavés y Eibar, en concreto. Es pisar tierra de clasicismo, fútbol de antaño y milagros. (Milagros porque cuanto más te acercas al valle, más maravilloso y épico te parece todo lo que rodea al equipo de Ipurúa). Es hacerte un esquema mental, una hoja de ruta, previsualizar todo antes, y que la realidad supere tus expectativas. Como un pase entre líneas de Mikel Oyarzábal o un remate a balón parado de Raúl García.

El fútbol vasco tiene ambiente de otra época. Pasada y mejor. De cuentos antes de dormir. De fútbol duro, campos helados, nieblina y gradas chillando. De paradas de Arconada, remates de Zarra y tardes en Lezama, Ibaia o Zubieta. De relevancia en el mapa futbolístico nacional. De contrabando de gulas y txakoli (un vino blanco autóctono). Y comidas en el txoko.

Guiado por la pelota, uno siente que conoce hasta la geografía de la zona con un simple viaje en berlina por el interior del mapa. Es la prueba definitiva: maniobrar desde Bilbao hasta San Juan de Gaztelugatxe, aprender a escribir el topónimo y extraer otros tres pueblos del recorrido; Lezama, Meñaka y Derio. O lo que es lo mismo: el arco de la ciudad deportiva, la tierra natal de Miguel Ángel Lotina y la de Gaizka Garitano.

Hablar de fútbol en el norte es hacerlo también de Segunda B, empezando por los filiales y acabando por el recién ascendido Gernika. Es que un amigo te diga que «el Bilbao Athletic subió por presión popular, al club no le interesaba abrir San Mamés para tan pocos espectadores». Y que al rato te cuente que al Sestao River este año le va mal, que la victoria del Amorebieta en jueves santo les ha perjudicado, que van a bajar (hace dos fines de semana se confirmó). Pero que al menos les queda un consuelo: «podrán sanear el club». Aunque tú no lo acabes de ver. Algo te retumba en la mente. Como el mono con los platillos. «Cualquier tiempo pasado nos parece mejor», que diría Karina. Jito Silvestre alé, Jito Silvestre alé. ¿Estará aún para jugar el ’10’ esta última jornada? Utopías. Cambias de tema. Y sale a la luz el modelo del Eibar, el «gastar mucho en Segunda B y ahorrar en Segunda, y que salga de perlas«.

Mitos. Verídicos unos, surrealistas otros. Pero fútbol, al fin y al cabo. Términos inabarcables, historias que alimentan el juego, comunidades autonómas que incitan a ser amadas. Que nunca perdamos el norte. Ni sus centrales toscos.

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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