Ni Messi ni Cristiano, lo hizo Óscar Méndez

Foto vía lavozdegalicia.es

El fútbol regional es bonito por las historias insólitas que esconde. Alejado de los focos y del ruido mediático de los grandes equipos, lo más maravilloso de esos acontecimientos es descubrirlos por el boca a boca, a partir de lo que cuentan los personajes que intervienen. Algo así sucedió el fin de semana pasado en una localidad del sur de la provincia de Lugo llamada Chantada.

El sábado por la tarde tuvo lugar en esta población un partido del grupo norte de la Regional Preferente de Galicia entre el conjunto local, la SD Chantada, y el Xallas de Santa Comba. El resultado final fue de 5 – 2 para los de casa. En ese encuentro estaba en juego seguir en la categoría una temporada más. Quedan cuatro choques para que finalice la competición y ambos equipos luchan por la permanencia, así que victoria importante para los chantadinos.

Aunque la noticia no está en el marcador ni en las consecuencias del mismo, sino en uno de los goleadores. Óscar Méndez (en la imagen principal es el que, vestido de rojo, persigue un balón) es uno de los encargados de buscar la palabra mágica de tres letras en el Chantada. Ante el Xallas la encontró. Y de qué manera. Tres tantos marcó el atacante, pero tampoco es esa la novedad, a saber cuántos delanteros pueden presumir cada fin de semana en España de hacer un hat-trick. Lo increíble es que dicho hat-trick se fraguó en los tres primeros minutos de choque. Están leyendo bien. En el minuto 3 el marcador era de 3 – 0 para el Chantada y todos los goles los había firmado el mismo futbolista.

Acta del partido Foto vía @FGF_Actas

Acta del partido
Foto vía @FGF_Actas

La noticia empezó a recorrer redes sociales, cafeterías y conversaciones de Whatsapp. Yo me entero de ella ese mismo sábado por la noche, a partir de un comentario que uno de los jugadores del club escribe en Twitter. Días más tarde, uno de los técnicos, Juan, me propone escribir sobre esta gesta. Por supuesto, acepto. Así que quedo con nuestro protagonista el martes por la noche en uno de los bares más concurridos de Chantada para conocer de primera mano lo sucedido.

La hora acordada para nuestra reunión es al finalizar el entrenamiento: entre las 23:30 y la medianoche. Mientras espero por él en la barra, me encuentro allí con uno de los futbolistas del Chantada. Me cuenta que graban «todos los partidos que jugamos, pero como el sábado la cámara no llegó a tiempo para el inicio no pudo dejar constancia de los tres goles de Óscar». Hay que decir que Óscar Méndez es, además de delantero, el entrenador del equipo. Compagina el meter tantos con la preparación táctica y física.

Óscar (segundo por la derecha), en el banquillo Foto vía sdchantada.com

Óscar (segundo por la derecha), en el banquillo durante un encuentro
Foto vía sdchantada.com

El técnico goleador llega poco después y comenzamos a charlar. Lo primero que le pido es que cuente a alguien que no asistió al partido cómo es posible marcar tres goles en tres minutos. Sobre todo teniendo en cuenta que detrás de cada diana hay una celebración.

«Fueron acciones rápidas, de tres pases. Robar y a portería. Como sacamos nosotros, usamos una de las jugadas que tenemos preparadas para el saque inicial. Enviamos un balón a la banda, pusimos centro y gol». No se había cumplido ni un minuto cuando se produjo la jugada que Óscar me describe.

No es la primera vez que un equipo de fútbol se adelanta tan rápido aprovechando que tiene la primera posesión, pero ahora viene el más difícil todavía. Mueve ficha el Xallas de Santa Comba. «Sacan de centro, robamos, enviamos la pelota a la banda izquierda, su defensa despeja, Kadete (jugador del Chantada) se hace con el esférico, centra y yo meto gol». 2 – 0 en dos jugadas. El asunto empieza a ser serio. Aunque no termina aquí. «Sobre el minuto 3 vuelven a sacar de centro, robamos otra vez, de nuevo balón sobre banda izquierda, centro, Kadete peina con la cabeza, me quedo solo contra el portero y marco». Crónica de un hat-trick en tres minutos.

Mientras esto ocurría la grada estaba callada. No se escuchaba nada

Ni el personaje ni yo recordamos algo semejante. Desde luego no en el fútbol profesional, pero tampoco en el amateur ni en las categorías base. «Es muy difícil porque además siempre hay demora en la celebración. Suele pasar mucho tiempo entre el gol y el saque de centro», destaca Óscar. Me cuenta una anécdota con un fotógrafo acreditado para el encuentro: «en el tiempo que le llevó entrar en el campo, ir hacia el banderín de córner y llegar al banquillo atravesando la banda marcamos los tres goles».

¿Y la grada? Supuse que estaría alucinada por asistir a aquello. Quizás fiesta, ovación, gritos… En absoluto. Según Óscar «la grada estaba callada. No se escuchaba nada. A medida que avanzó el partido fue volviendo el barullo pero mientras ocurrió esto la gente alucinaba». Cómo para no alucinar.

Sin embargo, la condición de entrenador y jugador le impide disfrutar de la situación como la haría siendo solo futbolista. El Chantada lucha por salvarse y aunque en la tabla se le puede ver en una aparentemente cómoda décima posición, la realidad es que está a cuatro puntos de la zona peligrosa, afectada por posibles arrastres llegados de otra categoría. «La reflexión que pueda hacer ahora mismo seguramente será distinta a la que haré en unos meses. Me condiciona el momento del equipo», explica Óscar.

Soy amigo de mis futbolistas

Resulta curioso ponerse en la piel de un futbolista del Chantada. Vestido con camiseta y medias rojas y pantalón azul marino, sentado enfrente tuya en el vestuario dando la charla durante el descanso de un partido está tu entrenador, vestido igual que tú. No va trajeado ni en chándal, sino que está preparado para jugar. Una situación que podría ser difícil de asimilar si no fuera porque Óscar lleva once años formando parte de la disciplina de la SD Chantada.

«En su momento acepté entrenar y jugar a la vez porque se daban las condiciones idóneas. No era desconocido en el club y la inmensa mayoría de mis jugadores ya habían estado conmigo en las categorías inferiores. El resto eran compañeros de vestuario. De modo que me conocen. Saben cómo soy, cómo me comporto y lo en serio que me tomo mi trabajo. También ellos ponen mucho de su parte para que esto funcione», cuenta Óscar sobre su doble vida en el estadio municipal de O Sangoñedo.

Alineación del Chantada antes de un partido, Óscar es el segundo de arriba empezando por la izquierda Foto vía: sdchantada.com

Alineación del Chantada antes de un partido
Foto vía: sdchantada.com

El secreto, su relación con la plantilla. «Soy amigo de mis futbolistas. Puedo ir a comerme unas tapas o a tomarme unas cervezas con ellos, pero dentro del campo soy el entrenador del Chantada. Cuando he tenido problemas con algún jugador es porque ese jugador no ha sabido entender esta situación», afirma. 

Mi nombre siempre es el último cuando anuncio la alineación

Aun así, le comento que debe resultar complicado decirle a alguien que no tiene que jugar y ponerse uno mismo en su lugar. Así lidia Óscar Méndez con esta circunstancia: «tengo la honestidad y capacidad suficiente como para decidir si puedo o no jugar. Además, creo que a mi edad aún aporto cosas en el terreno de juego. Si no rascara bola ‘cantaría’ demasiado (se ríe). Las decisiones se toman en beneficio del colectivo. Además, tengo un gran grupo de ayudantes que hasta me dicen que si hay algún problema dan ellos el once titular. Siempre digo mi nombre de último cuando anuncio la alineación». 

Termina la conversación y el cierre del bar nos obliga a irnos. Óscar debe preparar entrenamientos y yo contar la alucinante historia de los tres goles en tres minutos marcados por un mismo futbolista en el corazón de Galicia. El Chantada debería llamar a la FIFA y patentar el nombre. Ya saben. A partir de ahora, hacer un hat-trick en tres minutos es «hacer un Óscar Méndez».

 

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

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