Mi primera vez

Las primeras veces siempre son difíciles y extrañas. El primer beso, la primera vez que te enamoras, el primer día de colegio, el primero en la universidad… Pero tu primera vez en un estadio de fútbol es diferente, al principio te sientes fuera de lugar, ya que ese espacio tan grande, lleno de gente extraña gritando te llama la atención y no sabes cómo actuar. Ese sentimiento de desconcierto dura unos pocos minutos, enseguida te encuentras cómodo, y sabes que esa será tu casa para siempre. Podrás ir a otros estadios, pero el primero siempre será especial, y será tu lugar en el mundo.

Mi primera vez en un estadio la recuerdo como si hubiera sido ayer, corría el año 2001, y yo tan solo tenía 5 años. Iba con mi padre, cogimos el autobús para dirigirnos a aquel estadio que siempre iba a ser especial para mí. Todavía no lo he dicho, ese estadio era el Carlos Tartiere. El autobús se iba llenando poco a poco, y toda la gente nos miraba raro, aquel día había un derbi y casi todo el Principado de Asturias estaba paralizado por aquel Oviedo-Sporting. Por cierto, las miradas extrañas de la gente tenían un motivo, mi padre y yo llevábamos bufandas diferentes, él, del Sporting, yo, del Oviedo.

No sabría decir exactamente por qué me hice del Oviedo, quizá solamente era por llevarle la contraria a mi padre. Pero aquel día mi amor se convirtió en eterno, aquel maravilloso y joven estadio fue el culpable. Sin embargo, el principal responsable no fue el campo, sino que los culpables fueron las 30.500 personas que llenaban el municipal ovetense. El ambiente era extraordinario, y yo, un niño de solo cinco años se quedó prendado de aquel imponente panorama, aquella iba a ser mi casa, en las alegrías y en las tristezas.

Foto vía rocf1926.blogspot.com

Foto vía rocf1926.blogspot.com

Aquel día iba se iba a producir la primera de mis tristezas relacionadas con el fútbol y con el Real Oviedo. Pero aquello daba igual, mi “bautismo” como oviedista ya se había producido, y nada lo iba a cambiar. Aquel día de octubre, un tal David Villa marcó un gol que a la postre fue importante para el devenir del partido. En ese momento se creó en mí una gran animadversión hacia el bueno de David, que por supuesto desaparecería paulatinamente con cada una de las alegrías que nos dio a todos vestido con la casaca de la selección española. Pero aquel gesto mandando callar a todo el estadio permanecerá en mi memoria para siempre.

Pero el drama fue aún mayor. El colegiado del encuentro, el alicantino Arcas Piqueres pitó un penalti favorable al Oviedo, además en la portería del fondo en el que yo me encontraba. Lo que voy a contar a continuación jamás lo olvidaré. Un hombre de unos 25 años estaba sentado a mi lado, al ver mi nerviosismo y lo poco que iba a ver el penalti, teniendo en cuenta que todo el mundo estaba de pie, me cogió en brazos para que aquel niño de cinco años viese como su equipo marcaba un gol. Pero esto no fue así, Onopko falló aquel penalti y mi decepción era cada vez mayor.

Lo que aquel joven no sabe, es lo que me marcó su gesto, me permitió ver de manera cristalina mi primer “palo” como oviedista. Sin embargo, mi ilusión no se vio disminuida ni un ápice, y salí del Tartiere convencido de que esa iba a ser mi casa para siempre. Todos los días sueño con volver a vivir un partido como este en el estadio del Oviedo, y que algún pequeño oviedista, que no sabe por qué lo es, viva su primera vez de una manera tan especial como yo lo hice hace más de 15 años.

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