La Delantera Eléctrica y el respeto del oviedismo a sus leyendas

Delantera Eléctrica

En Oviedo todo el mundo sabe de quién hablas cuando mencionas las palabras mágicas Delantera Eléctrica. Mayores y pequeños saben decirte de carrerilla que te estás refiriendo al quinteto atacante con el que el Real Oviedo debutó en Primera División. Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín fueron la delantera más temible de los años 30 en el fútbol español. Los jóvenes oviedistas tienen hoy como ídolos a Toché, Michu o Diego Cervero. Sus padres recuerdan con nostalgia a Bango y a Carlos. Lo que todos ellos tienen en común son los cinco hombres que formaron dicha delantera, los que estuvieron a punto de hacer campeón de liga al Real Oviedo.

El conjunto de la capital del Principado debutó en la máxima categoría en la temporada 33/34, siendo así el primer equipo asturiano en jugar en Primera División. Sus inicios fueron formidables, gracias a su famosa Delantera Eléctrica, el Oviedo aterraba a todos los equipos contra los que se enfrentaba. Este quinteto destacaba sobre todo por su calidad y bravura a la hora de jugar al fútbol, características propias del futbolista español, pero que la Delantera Eléctrica elevaba a la máxima potencia.

En su etapa como compañeros, Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín consiguieron 174 goles en 62 partidos disputados, siendo Isidro Lángara el hombre más destacado en el apartado goleador. El último partido de la Delantera Eléctrica vistiendo la camiseta del Real Oviedo fue el 12 de enero de 1936. El encuentro enfrentaba a los carbayones con Osasuna en el estadio de Buenavista. El resultado final fue de 5-2 favorable al Oviedo, Lángara en dos ocasiones, Gallart, Emilín y Herrerita fueron los goleadores de los locales. El único integrante del quinteto atacante que no anotó fue Casuco.

Después de este partido, varias circunstancias impidieron que la Delantera Eléctrica volviera a formar junta. El inicio de la Guerra Civil, pocos meses después de ese partido frente a Osasuna, fue el detonante de la separación definitiva del mágico quinteto ovetense. Algunos se fueron y volvieron después de la guerra, pero nunca se volvió a encontrar la mejor y más famosa Delantera Eléctrica del Real Oviedo. La época dorada del Oviedo murió con el comienzo de la guerra que dividió España, y todos los aficionados carbayones esperan acercarse algún día a lo que sus abuelos y bisabuelos vivieron en los años 30 del siglo pasado.

Los hombres más importantes de esta Delantera Eléctrica eran sin duda alguna Lángara y Herrerita. Tampoco se queda atrás Emilín, quien era conocido en la liga española por su gran golpeo de balón, lo que hacía temblar a guardametas y defensas de toda España. Lángara es todavía hoy el jugador con mejor promedio goleador en la historia de la selección española, con 17 goles en tan solo 12 partidos disputados. El vasco hizo historia en México y Argentina, donde también es ídolo de la hinchada de San Lorenzo de Almagro.

El caso de Herrerita es más satisfactorio para el oviedismo, gijonés y ex jugador del Sporting, llegó a Oviedo por 30.000 pesetas, cifra récord en la época, solo superado por el traspaso de Zamora al Real Madrid. Lo que hacía Herrerita no se le vio hacer a ningún jugador de la época, se asemejaba a lo que años más tarde haría un tal Alfredo Di Stéfano. Por ello, Herrerita está considerado por muchos el mejor jugador asturiano de la historia. No solo por su juego, también por su carácter y lo que significaba su persona fuera del terreno de juego.

El oviedismo tiene muy presente a sus ídolos pasados gracias a gente como la que forma Real Oviedo Culture Fans, un grupo de aficionados que sabe honrar la historia de su club. En sus productos y sus textos están muy presentes los miembros de esta Delantera Eléctrica, lo que ayuda a los más jóvenes a conocer y admirar el pasado del Real Oviedo. Este quinteto mágico encandiló a la gente que acudía en los años 30 al estadio de Buenavista de igual manera que se mantiene en la cabeza de los que hoy van al Nuevo Carlos Tartiere. El oviedismo no olvida, respeta y admira con locura a sus leyendas.

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