Gloria 40 años después

Foto vía 'atleticomarca.blogspot.com'

Uno, dos, tres, cuatro… y hasta 40. Así es como el Atlético de Madrid ha ido contando un año tras otro para volver a la cima del fútbol europeo, para volver a la cima del fútbol mundial. Y tras una eterna travesía por el desierto, el 30 de abril de 2014 el Atleti retorna a la final de la máxima competición europea liderado por el ‘Cholo Simeone’ desde el banquillo y comandado en el verde por Koke, Costa, Godín y el resto de guerreros inquebrantables.

Para los colchoneros más jóvenes, esta gesta es inédita, será la primera vez en su vida que vean al equipo del Manzanares pelear por la ‘Orejona’. Pero los más mayores sí recuerdan ese último precedente de hace 4 décadas que fue especialmente cruel con los rojiblancos. Echamos la vista atrás hasta el año 1974, viajamos a Bélgica, estadio Heysel de Bruselas más concretamente.  Tras superar al Galatasaray, Dinamo de Bucarest, Estrella Roja de Moscú y Celtic de Glasgow, un Atlético de Madrid capitaneado por Adelardo Rodríuez (el hombre que más veces ha vestido la elástica rojiblanca) se plantaba en la final de la Copa de Europa, donde ya esperaba el todopoderoso rodillo alemán, el Bayern de Múnich de Uli Hoeness y Franz Beckenbauer entre otros. Era el escenario perfecto para alcanzar la gloria, venciendo además a los ogros. Pero la cita con la historia tendría que esperar. No sería aquel fatídico 15 de mayo del 74 en el que el fútbol dio al Atlético uno de sus más duros reveses. Aquella noche, los once hombres que pondrían en jaque al Bayern serían:

Reina, Melo, Heredia, Capón, Eusebio, Ufarte, Adelardo, Luis Aragonés, Irureta, Salcedo y Gárate.

Once guerreros como los que ahora honran el mismo escudo. Once guerreros que tocaban el cielo cuando en el minuto 114 de la prórroga nuestro abuelo, Luis Aragonés, hacía el 1-0 de falta directa. Sólo 6 minutos separaban a aquellos hombres de la inmortalidad, los 6 minutos más aciagos de la historia del club. En el último suspiro de esa prórroga, cuando todo parecía acabado, un tal Hans-Georg Schwarzenbeck hacía el empate batiendo a Reina con un disparo lejano. Un mazazo moral para los jugadores del Atlético, que aunque eran conscientes de que habría una nueva oportunidad en el partido de desempate, sabían que habían perdido una oportunidad de oro. El propio capitán lo relataba así:

Adelardo: Eso de que tú seas el mejor, de que hayas marcado un gol, de que ya estés mirando el reloj y te empaten… Anímicamente, aquel gol nos mató

Efectivamente, ese gol los noqueó para el encuentro definitivo. Tan sólo dos días después,  y en el mismo escenario, mismos protagonistas. Otros 90 minutos por delante para remar de nuevo hacia el Olimpo. Otros 90 minutos para el olvido. Unos con la moral por las nubes y los otros bajo tierra. Paseo alemán con dobletes de Gerd Müller y Hoeness y 4-0. En 48 horas, el día y la noche. En 48 horas, el cielo y el infierno. Infierno que 40 años después están destinados a apagar los descendientes de aquella generación. Porque el fútbol siempre da segundas oportunidades, incluso terceras y cuartas. Porque el fútbol siempre va a dejar que te vengues de tu verdugo tarde o temprano. Es lo bonito de este deporte. Lo bonito de estar 40 años después en el mismo sitio, enfrentándote de nuevo a la cita más importante de tu historia.

24 de mayo de 2014, día para soñar. Porque final a final, estamos de nuevo en la final. Porque mientras otros duermen, nosotros soñamos. ¡AUPA ATLETI!

Hugo Fernández

Estudiante de Comunicación Audiovisual en Granada haciendo las veces de periodista. Amante del deporte desde crío, ahora aspira a poder dedicarse a ello profesionalmente detrás de un micrófono. Redacción y locución, tanto monta, monta tanto.

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