Filiales en Segunda División: un Atleti B con ambición de Primera

El Atleti B en la temporada 1998-99, foto vía Atlético de Madrid.

En medio de la total hegemonía que Jesús Gil presidía sobre el Atlético de Madrid en toda la década de los 90, el club pasó por todos los estados posibles, de ser campeón de liga a bajar a Segunda División. Pero entre todas las cosas que hizo el excéntrico presidente marbellí, quizás una de las asignaturas aprobadas por él fue recuperar la cantera en todo lo alto del panorama español, aunque sea por un tiempo. Puede que sea casualidad o puede que sea oficio, pero el Atlético de Madrid B fue el mejor filial del último lustro de la década de los 90.

Hace ya tiempo que los colchoneros no pisan la segunda categoría del fútbol español. Su última participación fue hace 18 años tras estar cuatro años seguidos de manera placentera. Fue en la temporada 1995-96, con Santiago Martín Prado como entrenador cuando los colchoneros se clasificaron entre los cuatro primeros clasificados de manera in extremis. Por aquel entonces estaba instalada la liguilla de play-offs, en el que el primer clasificado ascendía a Segunda División. A los colchoneros les tocó al Osasuna B, Jaén y Figueres, y con sólo una derrota en seis partidos, subieron con éxito.

El primer filial atlético no estaba en Segunda División desde hacía siete años, y para mantener la categoría construyeron una plantilla potente con vistas a un futuro que prometía felicidad. Por ello, el cuerpo técnico fichó a unos jóvenes Baraja, Ezquerro, Yordi y Fortune entre otros. Una buena camada de jugadores que pronto iban a triunfar en la élite del fútbol. Pero los comienzos no fueron nada fáciles, y el filial sufrió nueve derrotas en las primeras 12 jornadas. Así que ante la poca paciencia que le caracterizaba el presidente Gil, Prado fue destituido en la jornada 10 tras la derrota del equipo ante el Albacete. Su sustituto fue el ‘Lobo’ Diarte, y esta vez los cambios fueron beneficiados para todos.

El equipo fue completamente diferente y pasó de perder partidos a permanecer invictos a lo largo de 12 jornadas seguidas ganando puntos que fueron necesarios para la permanencia. Pero el equipo volvió a ser ‘humano’ y combinaba victorias con derrotas, algo que dejaba descontento a Gil. Y por ello cesó al entrenador uruguayo para que la temporada la finalizara con Willy para certificar la permanencia finalizando en el puesto 12 en una liga de 20 equipos. Cabe destacar las actuaciones de Yordi (19 goles), Ezquerro (11 goles) y el central Fede Bahón, que actuaba como capitán del equipo.

El siguiente año fue el de la consolidación. El club apostó por un hombre de confianza de la casa, Carlos Sánchez Aguiar, y ante las bajas del equipo de Ezquerro (que subió al primer equipo), Yordi (fichó por el Real Zaragoza) o Michel y Cordón (dos jugadores importantes que se marcharon al Sevilla), los colchoneros ficharon al portero Ricardo (Jesús Gil le descendió del primer equipo al segundo), Iván Rocha, Tevenet, Pablo Lago, Sequeiros, Cristian Díaz y Gaspar entre otros. Y el resultado les salió mejor.

Fede Bahón fue uno de los pilares del Atlético de Madrid B.

Fede Bahón fue uno de los pilares del Atlético de Madrid B.

El inicio de aquella temporada fue muy bueno, el equipo merodeaba los primeros puestos de la clasificación al ganar a equipos como al Sevilla, Extremadura o Xerez. Rubén Baraja era el líder y aportaba mucha calidad, su destino iba a ser lejos de Segunda División en poco tiempo, Tevenet aportaba muchos goles al equipo, un joven Paunovic deslumbraba (al recuerdo el hat-trick que destrozó al Sevilla en el Pizjuán), y Cristian Díaz y Tomic eran los timones de un equipo muy construido. Finalizaron la temporada en novena posición con 60 puntos y ante la mirada de muchos ojeadores de Europa.

La siguiente temporada fue histórica. Con una plantilla digna de Primera División, los colchoneros disfrutaron más del segundo equipo que del primero, que poco a poco se iba diluyendo en liga. A pesar de las innumerables bajas que sufría en cada verano, el Atlético de Madrid siguió invirtiendo mucho en su filial, y también fue capaz de mantener a jugadores de gran nivel para poder alternar con el primer equipo. Baraja, Tevenet y Loren eran algunos de los jugadores que iban a caballo entre Primera y Segunda División, pero aún así, el filial tenía mimbres suficientes para triunfar aquel año.

A pesar de un comienzo de cuatro partidos sin ganar, el Atleti se catapultó a lo más alto de la tabla con cinco victorias consecutivas. En una liga potente dónde militaban equipos con miras altas como Sevilla, Málaga, Las Palmas o Sporting, el filial rojiblanco fue la auténtica revelación del campeonato. Con 74 puntos finalizó la liga en segunda posición de la clasificación, el mejor puesto de su historia, pero al no poder ascender por ser equipo filial, el Rayo Vallecano tomó su puesto y no lo desaprovechó. A pesar de hacer ese hito, el filial tuvo que tirar de tres entrenadores. Como el primer equipo no andaba muy bien en Primera División, Gil decidió subir a Aguiar con el equipo ‘grande’, así que Fernando Zambrano fue su sustituto tras Willy, que fue el técnico interino.

Pero si la temporada 1998-99 fue históricamente agradable, la siguiente fue una de las peores de su historia. El club ‘hizo caja’ en verano vendiendo a jugadores importantes del filial. Sequeiros, Tevenet, Fortune y Loren se fueron a otros equipos, mientras que Baraja y Gaspar subieron al primer equipo definitivamente. Aún así, el filial, que ya no pudo brillar como quiso, hizo grandes partidos ganando al Villarreal, Elche, Tenerife y Extremadura. Aguiar volvió a entrenar al filial pero su vuelta tan sólo duró 12 jornadas. Jesús Gil volvió a confiar en Zambrano para revertir la situación, y el equipo remontó el vuelo.

Aún así, Gil, que aquel año no acabó bien parado, echó a Zambrano para contar con Willy. Es decir, usó los tres mismos entrenadores de la temporada pasada. El equipo se mantuvo en la clasificación, pero el descenso histórico del Atlético de Madrid hizo que el filial también descendiera automáticamente diciendo adiós a una época tan histórica como caótica. Como dato, Jesús Gil contrató aquel año a seis entrenadores: tres en el primer equipo (Ranieri, Antic y Zambrano), y otros tres en el segundo equipo (Aguiar, Zambrano y Willy). Desde entonces el filial no ha vuelto aparecer en la categoría de plata pero queda al recuerdo grandes tardes de fútbol y jugadores de enorme calidad que posteriormente han hecho historia en el fútbol.

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