Filiales en Segunda División: Villarreal B, las perlas del éxito groguet

El Villarreal B disfrutó de tres años entre los grandes

El Villarreal ha crecido en los últimos 20 años a un nivel espectacular, siendo uno de los equipos más potentes de la liga española. Los éxitos en competición doméstica y en Europa han hecho de los castellonenses uno de los clubes con mayor presupuesto de la Comunidad Valenciana, y por tanto, invertir en la cantera es sinónimo de éxito. Los amarillos cuentan con una residencia para los jóvenes que proceden de citada región, pero también de diversas partes del mundo. Además, cuentan con nueve campos de fútbol en su Ciudad Deportiva. Todo un éxito que se ve reflejado en el primer equipo (hoy en día cuenta 12 canteranos), y su primer filial es uno de los equipos más potentes de la Segunda División B.

Pero no hace mucho, el segundo equipo del Villarreal estuvo en Segunda División haciendo un papel extraordinario para un conjunto que apenas tenía experiencia en una categoría tan difícil como esta. Desde su fundación en 1997, el equipo B no paró de crecer de forma estrepitosa. Ascendió por primera a Segunda B en 2007, y sólo duró dos temporadas en esta categoría para formar parte de la élite del fútbol profesional. En su segunda andadura por Segunda B, los castellonenses, capitaneados por Juan Carlos Garrido, consiguieron jugar los playoffs para ascender, y tras eliminar al Zamora, Lorca y Jaén, los groguets se proclamaron equipo de Segunda División ante la sorpresa del panorama nacional pero con total merecimiento.

La temporada 2009-10 fue histórica para el Villarreal B al tener a su filial en una liga dónde militaban equipos como Real Sociedad, Betis, Levante, Rayo Vallecano o Las Palmas. Con ganas de aprender y sin ninguna presión, los amarillos compitieron de lo lindo y la temporada les fue genial. A los ya importantes jugadores como Chando, Gerad Bordás, Matilla y Mario Gaspar, se unieron jugadores desde otras partes del mundo como Marco Ruben, Jefferson Montero, Musacchio y Robert Flores. Una gran combinación de jugadores jóvenes que querían tener un nombre en el fútbol español. Su debut fue ante uno de los ‘gallitos’ de la competición, el Levante, que supo competir de lo lindo con sus vecinos y amarraron un punto en el Mini Estadi. Su primera victoria fue también con un vecino, el Hércules, que vencieron gracias al gol de Marco Ruben.

El Villarreal estuvo tres temporada en Segunda División

El equipo competía de manera excepcional, pero debido a las urgencias del primer equipo (Ernesto Valverde fue destituido en la jornada 20), Juan Carlos Garrido tomó el timón en Primera División, y su puesto lo cubrió Paco Herrera. El resultado no se notó, ya que el entrenador catalán llegó al equipo siendo séptimo clasificado, y ese fue el puesto en el que el filial quedó en liga. La irrupción de Marco Ruben al marcar 17 goles, el espectacular manejo y equilibrio de Matilla, la seguridad defensiva de Mario Gaspar y Kiko Olivas y el desborde de Jefferson Montero hicieron de este equipo ser uno de los que mejor practicaba el fútbol aquella temporada. En cuanto a resultados, cabe destacar victorias como ante el Castellón (su eterno rival), Celta (tanto en el Mini Estadi como en Balaídos) y Rayo Vallecano.

Ante la total repercusión de esa temporada, muchos jugadores subieron al primer equipo con total merecimiento, y en su segunda temporada en la categoría de plata, los groguets sacaron una nueva hornada de jugadores jóvenes tanto desde abajo como desde la secretaría técnica. Xabi Gracia, jugador del Villarreal en su primera temporada en Primera División, cogió las riendas de un filial que seguiría dando de qué hablar a pesar de que el segundo año iba a ser más complicado.

Ya sin jugadores importantes como Musacchio, Montero, Mario Gaspar, Joan Oriol o Marco Ruben, el equipo se regeneró con los jugadores que venían pisando fuerte desde atrás en búsqueda de una oportunidad que bien supieron aprovechar. Hernán Pérez fue una de las sensaciones del equipo en el medio del campo, Mariño se consagró como uno de los porteros más prometedores de España, e Iago Falqué, que provenía de la Juventus, acabó siendo el objeto de deseo de muchos clubes de Europa. Y todo esto acompañado con unos resultados buenos en liga (victorias prestigiosas ante el Betis, Valladolid y Celta), que sin embargo acabaron sufriendo un poco al final del curso provocando la destitución de Paco Herrera. El ex portero Molina fue su sucesor y el equipo se salvó alejándose del peligro a cinco puntos.

En diciembre de 2011, Molina sustituyó a Juan Carlos Garrido en el primer equipo

En verano del 2011, con el primer equipo en Champions League y el filial en Segunda División, pocos se podían imaginar el desenlace de aquella temporada. Francisco Molina tuvo continuidad en el filial para seguir manteniendo al equipo en la categoría de plata por tercer año consecutivo. El equipo siguió regenerándose tras la marcha de Hernán Pérez, Kiko e Iago Falqué. Pero la calidad no siguió faltando y el barco lo siguieron manejando otra buena camada de jugadores jóvenes. Joselu brilló con sus 11 goles, Manu Trigueros demostró su capacidad de manejo de juego en el mediocampo, Jaume Costa fue el dueño del lateral izquierdo y Moi Gómez, con sólo 17 años, irrumpió con fuerza el centro del terreno de juego.

Pero a pesar de la calidad de la plantilla, el equipo no rindió de los esperado, y tras cuatro victorias, seis empates y ocho derrotas, y el equipo merodeando por los puestos de descenso, Molina fue destituido por el joven Julio Velázquez. Tras un comienzo dubitativo, el equipo supo resarcirse y brilló al final de la temporada habiendo conseguido la salvación en los terrenos de juego. Pero la pésima e inesperada temporada del primer equipo acabó arrastrando al filial a Segunda División B. El Villarreal, que venía de jugar la Champions League aquel año, acabó lastrado por las lesiones y los resultados pésimos, y descendió a Segunda División con un auténtico equipazo.

Así pues, aquel año el filial descendió a pesar de acabar en el puesto 12 con 52 puntos. Y este fue el fin del Villarreal B en Segunda División después de tres temporadas exitosas entre los grandes. Desde entonces, los amarillos han intentado retornar a la categoría de plata, pero no les ha guiado la suerte. Dos veces han jugado los playoffs para volver a ascender, pero no han podido simular a aquel equipo lleno de jugadores que hoy en día brillan entre los grandes. ¿Será esta temporada la vencida? De momento va por el buen camino.

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