Eterno Zarra: goleador y caballero

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Foto vía imortaisdofutebol.com

Aquella tarde me acerqué a la tienda de deportes de la calle Rodríguez Arias en Bilbao con un viejo balón Adidas Tango de la Copa del Mundo de Argentina 1978 que había por mi casa. Tenía yo unos 10 años y con la barata excusa de inflarlo me daba cita con el goleador más grande de la historia del Athletic de mis amores. Casi nada.

“Deportes Zarra”. Comprar o pasar por allí tenía premio para los amantes del fútbol. Yo ya había degustado desde mi devoción infantil el sabor de una tarde de fútbol rojiblanco en San Mamés y, por tanto, ir a pedirle una dedicatoria en mi balón a D. Telmo Zarraonandia Montoya no era cosa cualquiera. Había escuchado a mis abuelos, padres y hermanos contar mucho y bueno sobre él. Allí estaba. También era fácil encontrarle en su restaurante de Mungia. El mejor artillero de la historia de la Liga. Amable, sencillo, cercano, atendiendo su negocio como cada día de forma natural, sin importarle ser una leyenda del deporte al que dedicó su juventud y a cuyos aficionados tantas emociones regaló.

“¿Qué tal chaval? Aquí te lo escribo. ¿Serás del Athletic, verdad?”. Y mi respuesta: “Sí”. Tímido, escueto, convencido, rotundo. “Con mucho cariño, Telmo Zarra”, rubricó. Y yo más contento que unas castañuelas. Me alegra tener esta anécdota personal en la memoria como un pequeño tesoro.

Seguramente él guardaba un mejor recuerdo de otro balón de la historia de los mundiales. El Super Ball Duplo T de Brasil 1950 con el que batió al portero inglés Bert Williams en Maracaná y que supuso el mayor logro de la selección española en un Mundial hasta el gol de Iniesta. A lo mejor también tenía en mente el balón con costuras de cuero con el que ese mismo año 1950 había marcado 4 goles en la final de la Copa del Rey (3 en la prórroga) frente al Valladolid para dar un nuevo título al Athletic Club de Bilbao.

Merece la pena reunir un poco de información de aquí y allá y algunos datos para que los aficionados más jóvenes que visiten nuestra página conozcan un poco más a uno de los mejores futbolistas de la historia.

Sus números de récord
  • Máximo goleador de la historia de la Primera División de España (251 goles en 277 partidos)
  • Máximo goleador de la historia de la Copa del Rey (81 goles).
  • Máximo goleador de la historia del Athletic Club (333 goles).
  • Jugador con más Trofeos Pichichi conseguidos (6).
  • Mayor número de goles en una final de Copa  (4).
  • Jugador que más tiempo ha ostentado el récord de «mayor número de goles en una sola temporada de liga» (60 años) 1951-2011.            38 goles en 30 partidos.
  • Mayor goleador (porcentaje) de Campeonatos (Primera División de España – Copa del Rey) en una temporada (1,27 goles por partido en la temporada 1950-51).

 

Telmo Zarra nació en Erandio (Bizkaia) en 1920, y fue el séptimo de diez hermanos. Dos de los mayores habían llegado a ser futbolistas de Primera División en el histórico Arenas. Un portero, que fue el menos goleado en la temporada 1930-31, y un extremo.

En la temporada 1940-41 el Athletic, que se encontraba en pleno proceso de regeneración tras la Guerra Civil, reclutó a Telmo en sus filas. Le bastaron 17 minutos en su debut para iniciar la relación con el que sería su fiel acompañante durante toda su carrera futbolística: el gol. Los éxitos cosechados, la singular filosofía del club y la calidad humana de Zarra, con detalles de deportividad difíciles ni siquiera de imaginar en el fútbol actual, ganaban aficionados para los rojiblancos por todos los rincones. Sus primeros títulos llegaron enseguida con el doblete de Liga y Copa en la temporada 1942-43. En los 15 años que jugó en el Athletic inscribió en su palmarés 1 Liga, 5 Copas (entonces del Generalísimo) y 1 Copa Eva Duarte (la argentina Evita Perón que donó el trofeo en aquellos años para la competición que hoy conocemos como Supercopa).

Sus registros goleadores con el Athletic Club hablan por sí solos: 333 goles en 352 partidos de Liga y Copa disputados. Sus mejores socios fueron los de la célebre delantera que recitamos de carrerilla: Iriondo, Venancio, Panizo y Gainza. Cuesta excluir el nombre de Zarra de esa delantera aunque sea sólo para escribirlo en estas líneas. Pese a algunas lesiones importantes, pese a no ser el lanzador habitual de penaltis del equipo, acumulaba goles en su cuenta con un instinto y un sentido para la anticipación irrepetibles.

Su debut en la selección se produjo el 11 de marzo de 1945. El efímero seleccionador Jacinto Quincoces (2 partidos) llamó al 9 de Asúa para un amistoso ante Portugal. En aquel marco histórico coincidente con el final de la Segunda Guerra mundial, el aislamiento de la España de posguerra y la política autárquica del franquismo, en el fútbol internacional no había fases de clasificación para las competiciones de selecciones ni prácticamente partidos oficiales, por lo que llama la atención, si lo comparamos con los números que vemos actualmente, que un portento como Zarra jugase solamente 20 partidos con España. Eso sí, el gran goleador hizo lo que sabía: 20 goles. Durante los 6 años que fue llamado al combinado nacional, destacó su fundamental presencia tanto en la eliminatoria previa de clasificación para el Mundial de Brasil jugada ante los lusos, como en la fase final del campeonato en la que, con sus 4 goles y, especialmente, con el conseguido ante Inglaterra, fue artífice del gran papel que hizo el equipo dirigido por Eizaguirre.

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Foto vía futbolocos.com

Como jugador legendario dejó San Mamés en el año 1955 y se retiró del fútbol con 37 años tras dos temporadas jugando sin cobrar en el Indautxu y en el Barakaldo, clubes ambos vizcaínos entonces de la 2ª división. Listo, eficaz, tremendo rematador de cabeza, ganador, noble. Unos tiempos muy difíciles, una pelota de cuero, unas botas de un número menos, una camisa gruesa con cuellos y botones. En sus tres contratos firmados como delantero centro rojiblanco: 4.000, 30.000 y 165.000 pesetas al año. Su discurso siempre correcto, educado, medido y con palabras de agradecimiento hacia su club y su afición. El crack sencillo, ejemplar. Durante su vida lejos del área y del gol, vimos un hombre familiar que tenía la costumbre de rezar con convicción, discreto y tranquilo. Dijo cosas que supo poner en práctica.

El éxito de un deportista está en trabajar, entrenar mucho y no creerte que eres el mejor.

Su fútbol no coexistió por suerte con la parafernalia que hoy lo rodea y que tantas veces sitúa el juego en un segundo plano. El juego en sí y sus valores como deporte. Zarra respetó al fútbol, a los compañeros de profesión, a los aficionados, a los árbitros y a las aficiones. Cuando falleció en 2006 se fue un pedazo de Bilbao y del Athletic y el recuerdo de todos los que le conocieron tanto en el ámbito deportivo como personal fue unánime: Telmo Zarra, corazón de león, grandioso futbolista y mejor persona.

Antonio Sala

Fútbol desde la cuna. Procedente del mismo centro de Bilbao y, por tanto, del Universo. Aburrido y crítico con la anticompetición establecida.

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