El fútbol sigue siendo el rey de Lugo

La noche del 23 al 24 de junio es mágica en Galicia. La madrugada de las hogueras de San Juan, de la quema de brujas, del espanto del mal augurio. Es jornada de celebraciones grandes y largas en muchas poblaciones. Pero hay una ciudad gallega que recordará mejor que ninguna otra y para siempre la fecha del 24 de junio de 2012. Ese día, caluroso con el verano recién inaugurado, el Lugo se hizo grande a miles de kilómetros de casa: en Cádiz.

 Para entender lo que significó en su día el ascenso del Lugo, primero hay que dar un paseo por la trayectoria del fútbol en Galicia. Por un lado los dos históricos, Deportivo y Celta, cuyas aficiones llegaron a escuchar el himno de la Champions, celebrar grandes éxitos y ver proezas de sus equipos en Europa. Además de A Coruña y Vigo, Santiago, gracias al Compostela en los años noventa, y Pontevedra, en la década de los sesenta, son las otras dos ciudades gallegas que han visto fútbol de Primera División. El resto tienen su techo en la categoría de plata: Ferrol con el Racing, Ourense y Lugo. Pero esta última sólo ha tenido la ocasión de vivir, sin contar la que empieza en menos de un mes, tres temporadas en el balompié profesional.

En Lugo siempre ha sido típico el baloncesto, sobre todo en los años de gloria en ACB del Breogán, venido a menos y estancado en LEB oro desde hace seis temporadas. El fútbol sala y el Azkar Lugo, en Primera División, también tiran, y mucho, especialmente por el gran trabajo con la cantera del conjunto pronista. Hasta los últimos años, el deporte rey había tenido un plano más secundario en la ciudad amurallada, no por falta de afición, sino de logros. Futbolísticamente hablando, Lugo era casi siempre la última gran población de Galicia. Un equipo habitual de 2ºB que hace una década, incluso, llegó a deambular por la Tercera División. Fundamental fue la llegada de los actuales presidente y director deportivo. El binomio José Bouso – Carlos Mouriz profesionalizó el club y devolvió al Lugo al fútbol nacional. Con el equipo asentado de nuevo en la categoría de bronce había que intentar dar un paso más: el asalto a la élite. Ese paso lo dio un ex internacional, antiguo jugador de Racing  de Santander y Atlético de Madrid, entre otros: Quique Setién.

El entrenador cántabro llegó en verano del 2009 y desde el principio apostó por un estilo sin precedentes en el Anxo Carro. El balón al piso (como dicen en Sudamérica), los porteros con la innegociable obligación de tener un buen manejo con los pies, toque y fútbol combinativo, prohibidos los “pelotazos”, imprescindible una buena técnica y constante trabajo táctico. El Lugo ya tenía un sello, su seña de identidad, con ella se lograría el éxito o se fracasaría en el intento. En la segunda temporada de Setién el equipo realizó una extraordinaria liga regular, alcanzó la cima del grupo primero de 2ºB pero llegó fundido físicamente a la promoción de ascenso. Jugó y perdió frente al Murcia la eliminatoria de campeones, viéndose obligado a derrotar a dos rivales para subir a Segunda. Tras eliminar al Alavés se la jugó contra el Alcoyano, que acababa con el sueño del ascenso gallego tras vencer 0-1 en el Anxo Carro. Pero la parroquia lucense supo agradecer la magnífica campaña que habían visto: aquella fatídica tarde de junio del 2011 el técnico fue llevado, visiblemente emocionado, a hombros de la afición. Lugo se había entregado a Quique Setién.

Quique Setién consolado por la afición tras perder el ascenso ante el Alcoyano Foto vía: lavozdegalicia.es

Quique Setién consolado por la afición tras perder el ascenso ante el Alcoyano
Foto vía: lavozdegalicia.es

El fútbol se endeudó con una ciudad y una provincia, pero sólo tardaría un año en pagar. En esta ocasión, el Lugo acabó la Liga tercero, por detrás de un intratable Real Madrid Castilla (espectacular el equipo del filial madridista con futbolistas como Jesé, Morata, Carvajal, Juanfran o Mosquera) y del Tenerife. Sin embargo, durante la promoción los blanquirrojos mostraron más oficio, se había aprendido de los errores del pasado. Eibar y Atlético Baleares sucumbieron a orillas del Miño. Quedaba un último escollo vestido de amarillo: el histórico Cádiz.

El Lugo ganó en casa por 3-1 en un partido de ida pasado por agua y con polémica, muy protestada la actuación arbitral por los gaditanos, que habían conformado una plantilla extraordinaria para regresar a la categoría de plata. La vuelta en el Ramón de Carranza se convirtió en una pesadilla para los de Quique Setién. El Cádiz igualó el 3-1 en los noventa minutos y la prórroga no resolvió. Gallegos y andaluces se jugarían el ascenso casi al azar, desde los once metros, en la tanda de penaltis.

Cuatro penas máximas, dos goles y dos errores para cada uno, el quinto penalti tenía todas las trazas de ser el definitivo. Héctor Yuste lanzó para el Cádiz. Le pegó duro, abajo y ajustado; tan ajustado que el palo derecho de la portería que defendía Escalona repelió hacia fuera el lanzamiento. El Lugo dependía de sí mismo, si marcaba ascendía. Y Quique Setién, estratega él, le otorgó la responsabilidad al capitán y tirador habitual: Manu. El corazón de los lucenses en un puño y todo el fútbol gallego mirando hacia Cádiz.

“A xente non quere mirar!! Manu vai colocar o balón!! Aí está o especialista nos lanzamentos de penalti!! Manu colocando o balón!! Dálle calor Manu!!”, narraba el periodista Alfonso Pardo para los micrófonos de la Radio Gallega. Y el lateral zurdo, con el once a la espalda y el brazalete puesto, hijo de la emigración gallega a Suiza (país en el que nació) tomó carrerilla desde la frontal del área y chutó raso con el empeine interior del pie izquierdo. El portero Aulestia se fue hacia el lado contrario y el balón hacía su ingreso en las redes. Lo que vino después fue la locura. Nadie se lo creía. El Lugo lo había logrado. El ascenso perdido ante el Alcoyano se había conseguido en Cádiz, de la manera más épica y dramática posible.

La fiesta fue indescriptible. Quique Setién, que ya estaba en un pedestal, se aseguraba un nombre eterno en la ciudad y el equipo escalaba al Olimpo del fútbol gallego y lucense.

Manu marcó el penalti del ascenso del Lugo en Cádiz Foto vía: abc.es

Momento para la historia del Lugo: Manu celebra el gol del ascenso en Cádiz
Foto vía: abc.es

Dos años después de la resaca de Cádiz, el Lugo se prepara para su tercer año consecutivo en Segunda manteniendo su idiosincrasia, la fórmula que le llevó al éxito. Setién sigue a los mandos, da la sensación de que será así hasta que él desee marcharse, y de aquella heroica plantilla sólo “sobreviven” cuatro futbolistas: Manu, Pita, Iago Díaz y Víctor Marco. Con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, la permanencia ha sido una realidad las dos últimas temporadas. En la que está a punto de comenzar, mantenerse volverá a ser la meta. Los más soñadores se imaginan a un Lugo de élite. Quién sabe si llegará la oportunidad de ver al viejo Anxo Carro acoger partidos de Primera. Mientras tanto, la época más dorada de la historia del modesto Club Deportivo Lugo sigue en pie. El fútbol es, después de toda una vida, el deporte rey en la ciudad de la muralla.

 

Miguel Piñeiro

Adicto al fútbol en sus tres estados: verlo, jugarlo y contarlo. Deporte y periodismo, mezclados pero no agitados.

También te podría gustar...