El escudo

Estadio Nueva Condomina

Corría el año de 997, unos mil antes de aquella victoria por la mínima ante el Onteniente en un domingo de esos que jamás se acaban, cuando el temible caudillo Almanzor saqueaba Santiago de Compostela tras ir venciendo a todo ejército que se le ponía enfrente.

El califato cordobés era fuerte y lo demostraba: le arrebataba por la fuerza el mayor símbolo de una capital cristiana, las campanas de su iglesia.

 

Junto a otros trofeos de guerra fueron llevadas a Córdoba para ser usadas en la mezquita, pero no en su forma original ya que al rezo se llama con un muecín, fueron fundidas y transformadas en hierro para las puertas del templo.

Tuvieron que transcurrir casi tres siglos hasta que Fernando III reconquistara la ciudad de los patios, hiciese fundir las puertas en campanas y  devolverlas a la ciudad jacobea.

 

 

Y la historia del robo de nuestro escudo empieza una tarde de junio ante el Córdoba.

La temporada 2013-14 está en su momento final. Se juegan los play off de ascenso a Primera división, por un lado la Unión Deportiva Las Palmas frente al  Real Sporting de Gijón, por otro el Real Murcia Club de Fútbol ante el Córdoba Club de Fútbol.

Los principales clubs de las dos ciudades que han batido récords de calor en la península con 47 y 46 º respectivos.

La UD – que unos días más tarde protagonizará un desconocido y oscuro suceso- gana por la vía fácil y rápida, con eficiencia y señorío: 1-0 y 0-1.

Nosotros empatamos a cero en el Nuevo Arcángel, frente a El Arenal  y el inmenso Guadalquivir, también muy cerca del  Stadium San Eulogio, una joya dentro de otra joya como es el barrio cordobés donde se ubica.

En la vuelta Nueva Condomina reventaba como suele hacerlo en los partidos importantes de los últimos veinte años, lo que en el caso del Murcia significaba una sola cosa: desastre.

Fallar un penalti y encajar el 1-2 cuando el rival estaba siendo acosado es algo que sólo puede pasar aquí.

Acabado el partido unos 1.000 irreductibles nos quedamos apiñados en la esquina inferior baja apiñados cantando, el estadio vacío salvo dos esquinas: la alta superior de los cordobeses y la nuestra, en un extraño duelo de cánticos.

Más de media hora después seguimos ahí, van saliendo uno a uno todos los nuestros, algunos como Kike llorando e incluso pidiendo perdón ¿perdón por qué? El jugador más honrado de estos últimos 30 años se sentía culpable por perder.

 

Se cerraron las puertas, se apagaron las luces y Nueva Condomina siguió ahí guardando la ciudad desde lo lejos igual que la guardan desde sus esquinas el cristo de Monteagudo, la Fuensanta, la Universidad en el campus Espinardo y Estrella de Levante.

 

Llega Julio con la única preocupación de cómo reforzar un equipo que había jugado de maravilla en segunda y al que, a poco que se tratara bien, era serio candidato al ascenso.

 

Era mucho pedir que las palabras problemas y Real Murcia no fuesen juntas: el ayuntamiento decide que La Condomina, ese campo que hizo el Murcia en 1925 pagándolo de su bolsillo, ese campo que reformó en cuatro ocasiones el club de sus arcas, ese campo que el ayuntamiento robó al club a cambio de no desaparecer  en los 90, abonando casi 300 millones de pesetas menos de lo que decían valían los terrenos en la zona en los años pre burbuja inmobiliaria, ese campo en el que ya no podían jugar ni los equipos femeninos de la capital, ni el de rugby ni nadie porque no era seguro, ese estadio que será nuestro siempre, decide, como iba contando, adjudicárselo  al clásico engendro que nos sale cada diez años para intentar hundirnos.

Lo de los engendros es algo que arrastramos desde aquel descenso a Tercera División en Santa Coloma de Gramanet en mayo de 1995.

De las reacciones que hubo en el mundo empresarial murciano salió la mítica y a la vez triste frase de:

“Hay que pensar qué es lo que queremos, si Real Murcia o fútbol en Murcia”

 

Lo que traducido a panocho es si matamos al histórico para montarnos un nuevo club “desde cero” (como odio esa expresión) , comprando unas plazas y pasado un par de años estamos en Primera, o seguimos luchando por el de siempre, aunque sea a costa de saber  que no va a ser fácil, que va a traer disgustos y lo peor de todo, que no vamos a poder sacar panza con él.

El primer engendro no llegó a jugar, estuvo inscrito en el registro de asociaciones deportivas esperando el momento en que el Murcia dijera adiós.

A punto estuvo de poder hacerlo en aquel juicio en el que se declaró la liquidación del club y que Soto, Zamora y Saura  salvaron al Real Murcia consiguiendo una semana más de vida en la que convencer a los acreedores.

El segundo  llegó a principios de los 2000 y como todos en sus comienzos decía que no venía a competir con nosotros ni a intentar suplantarnos, siempre con esa falsa cara ocultando la realidad.

Es lícito oye, si este segundo engendro hubiera dicho desde el principio que quería acabar con nosotros no pasa nada, ir de cara es de valientes y algo noble.

Ningún reparo de haber sido así.

Pero no, fueron con la piel de cordero hasta que llegó el momento y vaya si quisieron matarnos.

El penúltimo año de engendro luchábamos por no descender a 2ªB mientras que ellos por subir a Primera y a punto estuvieron de hacerlo.

Gracias al Levante UD no tuvieron ese premio y si en 1957 el Levante UD saltaba al césped de La Condomina con un cartel que ponía “Valencia emocionada da las gracias  a Murcia” (*), algún día deberíamos hacer lo mismo nosotros en el estadio granota.

 

Al final se fue camino de Motril desapareciendo para siempre a pesar de que lo han resucitado un par de veces con diferente nombre.

Llegamos a los 2010, la década del penalti en Gerona que detiene el portero para escurrírsele.

El penalti del minuto 94 entre dos equipos que se jugaban el descenso a Segunda B, ese tiro desde once metros en el que el que lo paraba se mantenía y el que lo encajara se iba al hoyo, siendo la opción grana más grave que la gerundí, ya que el club catalán no tenía encima la losa que sí llevamos detrás nosotros.

Aparece el Murcia Deportivo- Rincón de Seca- Costa Cálida- Sangonera Club de fútbol, a base de comprar plazas, fusionar clubs y  hacer cosas raras otro que dice no querer suplantarnos y que nos jura amor eterno mientras nos abraza con el estilete escondido en una mano.

La Condomina se cae, no hay dinero para tirarla del todo ni para una reforma seria e integral.

Para poner unos asientos de plástico con masilla y pintar por encima la aluminosis sí, pero hacer una obra de verdad que asegurase la integridad física de los espectadores no.

Además se había proyectado derribarla y que los vecinos de Santa Eulalia y La Fama – y los de la ciudad entera – disfrutaran de espacios verdes, equipamientos y se transformase un poco la zona a mejor.

 

Pero el Sangonera Rincón de Seca Costa Cálida o el Murcia Deportivo Club, como quiera que se llame el CIF, decide que el estadio municipal es suyo.

Fíjate si es municipal el campo que ahora está todo pintado con los colores del Murcia Cálida Club.

Empiezan a obrar y oh, sorpresa, lo único que se halla en mal estado es el gran escudo que desde los años 40 o 50, con sucesivos cambios, ha estado sobre el cártel de entrada al estadio de la Puerta de Orihuela.

Lo único.

Gracias a que existe Twitter y alguien fotografió el ultraje se pudo salvar, hubo un gran cabreo: como dirían ahora “ardieron las redes”.

El ayuntamiento dijo que no había ordenado retirar nada, el  dueño del Sangonera Rincón Deportiva tampoco, la prensa del régimen lanzaba titulares tipo “indignación en algunos murcianistas por las obras en La Condomina”

Ese “unos” y ese “obras”…

Que oye, un titular acorde con la realidad tipo: “escándalo por la destrucción de un símbolo deportivo de la ciudad” no hubiera ayudado mucho en la carrera de los periodistas.

Total, que nadie tuvo el valor de decir: “mira, me estorbaba el escudo, ahora el estadio es mío, socio”, eso sí, el ayuntamiento sin que se le cayese la cara de vergüenza, en vez de decirle al club que lo repondría una vez terminadas las obras, dijo al Real Murcia que podía llevarse las piezas a la Nueva Condomina.

Oh, muchas gracias por no tirarlo al contenedor.

Y ahí arriba está—

Para verlo hay que subir a Nueva Condomina y pasar por un pequeño pasillo adornado con los nombres de todos los accionistas  que creímos en la supervivencia del Murcia tras la muerte repentina de Samper.

 

Ahí no termina la historia, a las pocas semanas el dueño de la Liga decide descender al Real Murcia por unos ratios económicos que, casualmente, en un fútbol español lleno de corrupción, deudas, cuentas falseadas y ayudas políticas poco claras a todos los clubs, éramos el único que no los cumplía.

El descenso administrativo es paralizado por un juez y los ratios anulados con una contundencia jurídica sólo comparable al 0-6 que le metimos al Anderlecht en un amistoso jugado en Bruselas en 2008.

El juez dijo que “La Liga ha perseguido la expulsión deliberada de uno de sus miembros”, más o menos, aparte de dar un repaso al corrupto organismo.

 

La Liga, de forma indirecta, le da la razón al juez  en lo de que buscaban echar  a un miembro como fuese al presentar un recurso: en  vez de los ratios ahora dicen “es que el Murcia no ha pagado un plazo a Hacienda”… algo que no se ha visto en el fútbol español donde todos los clubs abonan a tiempo sus deudas y hay niños con las camisetas de todos los equipos agarrados de la mano en una pradera bajo un gran arco iris en el cielo.

Le daban, pues, la razón: había que bajar al Real Murcia fuera como fuera, si no eran los ratios pues buscamos algo por ahí en el armario.

Otro juez sentencia tras esto que la Liga DEBE INSCRIBIR al club grana en Segunda declarando el descenso de los ratios ilegal, pero que pueden a la vez descenderle por lo de la deuda fuera de plazo, unos 180.000 euros,  cantidad que hubiera hundido la Segunda, esa competición limpia y transparente en la que los participantes están al día.

 

Entre medias, una manifestación de cerca de diez mil murcianistas por las calles de la ciudad en agosto, un mes en el que la ciudad se queda vacía y quien no está en la playa se encuentra en el campo lo más lejos posible del calor.

De La Calor, con mayúsculas, perdón.

Una vez terminada la marcha salían para Madrid cinco o seis autobuses para concentrarse ante la sede de la Liga.

Como buenos cobardes, al saber que había esa protesta, los dirigentes de la Liga adelantan la reunión mientras sus siervos de la prensa al  día siguiente sacaban una vergonzosa  portada en la que se leía “Arde el fútbol español”  y en la que se defendía el atropello cometido por un señor que odiaba a Samper.

Se adornó el descenso con artículos jurídicos, argumentos de limpieza financiera y todo lo adornable, pero lo único cierto es que en 2001 Samper quiso que no hubiese un reparto televisivo en el que dos clubs ganasen veinte veces más que el resto.

Fue por negocios, nada personal.

Y negocios de los buenos eran los que tenía (y tiene)  el jefe del Sangonera de Seca Costa Cálida Deportivo y el amo de la Liga, el mismo que firmó el descenso de su máximo impedimento para hacerse con el fútbol en la ciudad.

 

Imposible no asociar el símbolo de la retirada del escudo con el vergonzoso, injusto e ilegal descenso administrativo de 2014.

 

Y así estamos, con un escudo exiliado como exiliada del balcón murciano estuvo la bandera del Real Murcia aquella fase de ascenso de 2016-17 cuando casi todos los ayuntamientos de la región, desde Calasparra hasta Ceutí pasando por Los Alcázares, San Pedro del Pinatar, Abanilla, Molina de Segura, Caravaca de la Cruz o Aledo colgaron la enseña del club en sus casas consistoriales apoyando al club en busca del ascenso.

Exacto, en el balcón del ayuntamiento de Murcia NO estuvo, no vaya a ser que se enfadase quien no debe.

Ojo: no quiero ser victimista ni llorar camino de la rambla de Espinardo, sólo describo la realidad.

Somos el club más fuerte del mundo, pueden dispararnos y enterrarnos que aún nos levantamos malheridos con fuerza suficiente para remover la tierra y salir a rastras hacia el hospital más cercano como en la mejor película de los 80, y eso no se hace lamentándose sino siendo fuerte.

Al contrario, es un orgullo poder tener el escudo en nuestra nueva casa porque sé, que, aún con todo lo que hemos pasado, seguimos siendo fuertes y con ganas de seguir viviendo mientras nuestros enemigos  no pueden acabar con nosotros.

 

El escudo volverá a su lugar, La Condomina será demolida y sobre ella se construirá un trozo mejor de ciudad, habrá un espacio en el que se levantará el escudo de recuerdo y cuando pasen las nuevas generaciones de murcianos sentirán lo mismo que siento cuando paso por La Redonda y alrededores, donde estuvo el campo de Torre de la Marquesa en los años 20, otra de nuestras casas: que el Murcia es Murcia.

 

 

(*) En 1957 hubo una riada en Valencia en la que murieron cien personas y perdieron sus casas más de 1.200 valencianos, a pesar de que Murcia no era una ciudad precisamente rica en aquella época recaudó miles de pesetas de la época e hizo un esfuerzo impresionante, acogiendo a valencianos, mandando comida, obreros para reparar los daños y lanzando una campaña nacional que  sirvió para aumentar el volumen de ayudas.

Valencia en agradecimiento llamó Fuensanta a uno de sus barrios y coronó como fallera mayor a nuestra patrona de forma perpetua.

El equipo de fútbol del barrio fue durante casi 60 años el Atlético Murcia, nada que ver con el engendro de los años 90, este Atlético fue un club  que jugó durante casi 60 años en categorías llamadas inferiores- hay gente que considera superiores las competiciones profesionales$$- como homenaje a esa Murcia humilde que se volcó en ayudar a una ciudad amiga.

 

Antonio Martínez Miguélez

Antonio Martínez Miguélez es autor de "Ultras y Hooligans, una tormenta sobre Europa" y "25 años de murcianismo". Después de 28 años siguiendo a su equipo admira a cualquier hincha de cualquier club -aunque sea rival- que hoy en día viaja al lado de su equipo. Cree que es mejor vivir de pie en una grada que morir tumbado en un sofá

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