El día más gracioso del Real Zaragoza

Foto vía pzaragocistalafita.wordpress.com

Tras ocho años de agapitismo, en el peor momento de la historia del Real Zaragoza, los zaragocistas nos hemos convertido en seres extremadamente sensibles. Hemos desarrollado una tremenda facilidad para emocionarnos cuando aterrizamos en un vídeo de YouTube sobre tiempos pasados que, sobra decirlo, siempre fueron mejores. Cuando estamos en un garito y suena el “Cuando fuimos los mejores” de Loquillo y Trogloditas, se nos ponen los ojos llorosos y la piel de gallina.

Y en medio de este drama, quizás sea sano recordar que en la historia del Zaragoza también se han vivido momentos de absoluto humorismo. ¿Pero cuál es el momento más gracioso de la historia zaragocista? Podría ser perfectamente la famosa anécdota del “Písalo, písalo”. Para quienes no la conozcan, vamos a rememorar esta historia que contó Petón en Carrusel Deportivo y luego inmortalizó Bar Deportes, y que tuvo lugar en 1995.

Písalo, písalo

En los años noventa, en muchas gradas españolas era habitual corear el “písalo, písalo”, sobre todo cuando un jugador rival estaba en el suelo. En febrero de 1993, Bilardo, por entonces técnico del Sevilla, pilló a su masajista atendiendo a un jugador del Deportivo, y le abroncó con un ya memorable “Písalo, písalo, al enemigo ni agua”, que dio lugar a dicho cántico. Y La Romareda fue uno de los campos en los que más arraigo tuvo. Curiosamente, hace unos años se volvió a poner de moda en la capital aragonesa, especialmente cuando sobre el césped estaba Diogo, ese lateral uruguayo cuya pelea con Luis Fabiano dio la vuelta al mundo.

Como decía, estamos en 1995. El Zaragoza de entonces, que poco tiene que ver con el de ahora, recibía al Chelsea en las semifinales de esa Recopa de Europa que luego ganaría con el histórico gol de Nayim. En medio del partido, los hooligans ingleses que se habían desplazado a Zaragoza empezaron una trifulca que prácticamente acabó en una batalla campal con los cuerpos de seguridad. La grada zaragocista empezó a corear “písalo, písalo”, jaleando a la policía, y lo que ocurrió entonces fue sencillamente legendario.

Los ultras del Chelsea, al escuchar el “písalo, písalo”, se detuvieron en seco, creyendo que lo que la grada gritaba era “Peace and Love” (“paz y amor”). Y ahí quedó todo, con los ingleses perplejos e impresionados por la deportividad de la afición zaragocista. Pero lo mejor de todo es que, según cuenta la leyenda, al día siguiente fueron varios los medios de comunicación británicos que destacaron el modélico comportamiento de la grada maña y su preocupación por poner fin a los altercados.

La caída de Marco Pérez

Marco Pérez es un delantero colombiano de 23 años. Cuando llegó al Zaragoza proveniente del Gimnasia de Esgrima y La Plata, apenas tenía 19 primaveras, y lo poco que se sabía de él es que era muy rápido y que había anotado un curioso gol de doble chilena que tuvo bastante repercusión en su momento.

Pero si YouTube fue el causante de que su llegada a Zaragoza levantara muchas expectativas, YouTube también ha sido el culpable de que poca gente no haya visto el vídeo de su presentación.

Hay que mencionar que este vídeo se filtró tiempo después de que el delantero colombiano abandonara el club maño (como era de esperar, no se hizo ningún esfuerzo por prolongar la cesión). Las malas lenguas dicen que hubo presiones desde el club para que los periodistas no emitieran las imágenes de la caída.

La “barrerinha”

Este apartado será breve, igual que lo fue el paso de Pablo Barrera por el Zaragoza. Barrera es un interior que llegó al Zaragoza de mano de Javier Aguirre después de completar grandes actuaciones con México,  y que deleitó a la afición zaragocista con esta jugada. Pasaría a la historia como la “barrerinha”.

Foto vía @melmoth_

Foto vía @melmoth_

Delio Toledo y Jesús Gil

Delio Toledo llegó a España en el año 1999 para jugar en el Espanyol. Tras dos temporadas en la Ciudad Condal y un breve paso por el Colón de Santa Fe argentino, recaló en el Real Zaragoza, donde permanecería cuatro temporadas y se alzaría con la mítica Copa del Rey de Montjuic.

El bueno de Delio era de esos laterales trabajadores: bastante seguro abajo pero de nulo talento para las incorporaciones ofensivas. Sin embargo, el zaragocismo, tras haber visto jugar en sus laterales a Pignol, Paredes, Juárez y compañía, ha terminado añorando aquellos años en los que la poca plasticidad de movimientos del paraguayo era motivo de suspicacias.

El 14 de mayo de 2004 falleció Jesús Gil. Dos días después, el Atlético de Madrid recibía al Zaragoza en un encuentro en el que los de Manzano se jugaban clasificarse para la UEFA. Aquella jornada, como si de un presagio se tratara, los colchoneros lucían en sus camisetas la publicidad de la película “El castigador”.

Hasta el minuto 89′ todo iba bien para los atléticos: el resultado era de 1 – 0, y la memoria del controvertido expresidente rojiblanco quedaba homenajeada con la virtual clasificación para la UEFA. Pero un minuto más tarde, en una falta botada por Ponzio desde treinta metros y tras un remate en falso de Villa, Toledo recogía el rechazo y desde el suelo empujaba el balón a las redes.

El paraguayo explotó de alegría y corrió al córner a celebrar el gol, completamente exultante y sin tener ni idea de que el Calderón estaba de luto. En el vídeo no llega a verse cómo gran parte del estadio empezó a abuchear al pobre Delio por lo que consideraba una falta de respeto en un día de duelo. Los demás jugadores zaragocistas rápidamente explicaron a Toledo lo que había ocurrido y lo alejaron de la grada.

Pero la cosa iba a ir a más: dos minutos después, en un contraataque zaragocista, Toledo se convertía en George Weah, recorría varios metros con el balón controlado y, otra vez cayéndose al suelo y con la falta de plasticidad antes mencionada, colocaba el balón fuera del alcance de Sergio Aragoneses.

Pero Delio Toledo había aprendido de sus errores. Una persona como él, con ese carácter bonachón, no podía permitir por segunda vez que el Calderón se sintiera faltado al respeto. Así que, con toda la solemnidad del mundo, miró al mismo córner donde había celebrado el anterior gol y señaló al cielo.

Y esta es la historia de cómo un lateral peleón metió en dos minutos la mitad de todos los goles de su carrera deportiva en España, y echó de la UEFA al Atlético dos días después de la muerte de su presidente. Y también es la historia de la única vez que recuerdo celebrar un gol del Zaragoza riéndome. No me reía de felicidad, sino porque estaba seguro de haber presenciado el día más gracioso del Real Zaragoza.

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