“El curioso caso del Real Oviedo y sus 89 primaveras azules”

Contra todo pronóstico, el Real Oviedo cumple hoy 89 años. Pocos aficionados al fútbol podían imaginarse en el año 2003 que el conjunto azul viviría 12 años más y que lo haría, además, bajo el efecto “Benjamín Button” y es que cada temporada que pasa está más vivo que en la anterior gracias a esa corazón azul que es su afición y que cada vez late más fuerte.

“El curioso caso del Real Oviedo” arranca cuando el conjunto azul se despierta un 2 agosto de 2003. La pésima gestión prolongada de unos dirigentes que despilfarraron ingentes cantidades de dinero unida a una batalla política en la que el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, amenazaba con desterrar al conjunto azul de su casa, de su escudo y de sus colores. En definitiva, de su identidad, creando un sustituto llamado Oviedo ACF.

El oviedismo se levanta un día y es obligado a mirar un espejo en el que no se reconoce, a pesar de que las voces ‘supuestamente autorizadas’ le insisten en que lo que ven enfrente es el ‘Oviedo de siempre’. Que es…¡él mismo! Pero algo falla. En el espejo aparece una imagen joven, sin abolengo.

Día tras día aparecen nuevas imágenes en un cristal que también refleja momentos del pasado. Aparecen Antón, Carrete, Iván Iglesias, Berto… Al oviedismo se le escapa una lágrima. ¿Pero esto qué es? ¿La realidad es la que está al otro lado del espejo?

El espejo se tiñe de azul, aparece un escudo que resulta familiar pero que tiene algo… algo distinto. Se vuelven a oír voces “el Real Oviedo no tiene futuro, no tardará en desaparecer” “ni con la ayuda municipal el Real Oviedo podría salir adelante”. Vuelve a aparecer ese escudo extraño y se escucha “ven al Oviedo de siempre”.

El oviedismo grita: ¡Basta ya! Coge un martillo y rompe el espejo. Se acabó, no hay dudas, solo hay un Oviedo y es el que estaba en todo momento frente al espejo, era el oviedismo, ambos eran uno solo. Pero ese Oviedo estaba marchito. Sin darse cuenta, se había despertado anciano y al borde de la muerte.

Roto el espejo desaparecieron las siniestras imágenes, cesaron las voces apocalípticas. Al otro lado, frente al espejo hecho añicos, un corazón azul comienza a latir con más fuerza día tras día, bombeando más sangre, también azul. El cuerpo marchito se empieza a encontrar mejor.

Con el pasado de los meses y los años, los achaques continúan pero el Oviedo se empieza a sentir más vivo, más incluso que 12 años atrás, cuando despertó en esa extraña mañana de agosto de 2003. Son ya 89 los años que tiene, pero su imagen es tan joven como la que veía en ese diabólico espejo, con una salvedad, el abolengo sigue ahí, intacto.

Las únicas voces que se escuchan dicen ahora al unísono: “Volveremos, volveremos otra, volveremos a primera, volveremos otra vez”…

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